La tecnología de mRNA abre nuevas vías para combatir la leishmaniosis canina

La tecnología de RNA mensajero (mRNA), que despertó un gran interés tras su aplicación en el desarrollo de vacunas frente al SARS-CoV-2, podría convertirse en una nueva herramienta para combatir una de las enfermedades vectoriales más importantes en los perros: la leishmaniosis canina.

El problema no solo afecta a nuestras mascotas. El parásito responsable, Leishmania infantum, transmitido por la mordedura de flebotomos, es de naturaleza zoonótica. Esto significa que puede transmitirse a los seres humanos, en los que puede causar la leishmaniosis visceral, la variante más grave de la enfermedad. Por su potencial gravedad y su amplia distribución geográfica, encontrar nuevas formas de prevención es una prioridad absoluta para la salud pública y la veterinaria [1].

El reto de superar las vacunas actuales

Las vacunas se consideran una de las herramientas más prometedoras para el control de la leishmaniosis canina, ya que la respuesta inmunitaria del hospedador es un factor determinante para controlar la multiplicación del parásito y la evolución de la enfermedad. En la actualidad existen vacunas comercializadas; sin embargo, ninguna de ellas previene la infección ni la transmisión en los perros [2]. Por lo tanto, es necesario desarrollar nuevas vacunas capaces de inducir una protección más fuerte y duradera, así como de reducir la carga parasitaria en los perros ya infectados.

Para superar las limitaciones de las vacunas actuales, investigadores del grupo INMIVET, de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, han desarrollado una vacuna basada en la tecnología de mRNA con el objetivo de inducir una respuesta inmunitaria protectora y duradera que logre un adecuado control de la enfermedad. Esta plataforma destaca por su capacidad para inducir respuestas inmunitarias eficaces, así como por la rapidez y flexibilidad de su diseño.

De esta forma, el equipo diseñó una construcción de mRNA que codifica una versión optimizada de un péptido vacunal previamente diseñado en el grupo de investigación [3], obtenido mediante la combinación de diferentes fragmentos de proteínas de Leishmania, y que demostró un alto nivel de protección en un modelo de ratón y en un ensayo clínico en el perro [4, 5]. A continuación, para conseguir la formulación vacunal, el mRNA se encapsuló en nanopartículas lipídicas, unas esferas de grasa nanométricas que actúan como vehículos de administración, protegiendo el mRNA de la degradación y facilitando su entrada en las células [6].

Del laboratorio al modelo animal: poniendo a prueba la vacuna

Antes de evaluar su eficacia en modelos animales, era necesario responder a una pregunta fundamental: ¿era capaz el mRNA encapsulado de entrar en las células y dar lugar a la producción de la proteína vacunal que activará la respuesta inmunitaria (antígeno)? Para responder a esta cuestión, los investigadores estudiaron la presencia de este antígeno en una línea celular de macrófagos de perro (célula diana del parásito) cultivada in vitro y expuesta a las nanopartículas cargadas con el mRNA. El análisis se llevó a cabo mediante citometría de flujo, obteniendo un nivel de expresión muy elevado.

El siguiente paso fue evaluar la capacidad protectora de la vacuna en un modelo de ratón infectado con L. infantum. Tras inmunizar a los animales con dos y tres dosis de la vacuna y después de la infección experimental, se analizaron diferentes parámetros relacionados con la respuesta inmunitaria y la carga parasitaria.

En primer lugar, los investigadores estudiaron si la vacuna era capaz de inducir anticuerpos específicos frente al antígeno vacunal. Para ello, mediante la técnica de ELISA, cuantificaron los anticuerpos específicos en muestras de suero de los ratones inmunizados, observando su desarrollo en todos ellos. Este hallazgo confirma que el mRNA vacunal se expresa in vivo y es capaz de inducir una respuesta humoral específica.

Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en otras enfermedades infecciosas, el control de la multiplicación de Leishmania en los órganos diana depende en gran medida de la activación de una potente respuesta inmunitaria celular. Esta respuesta se caracteriza por el predominio de linfocitos Th1 productores de citoquinas proinflamatorias, fundamentalmente interferón gamma (IFN-γ), que regula la actividad de los macrófagos (un tipo de célula del sistema inmunitario), activándolos para que produzcan compuestos con capacidad leishmanicida [7] (Figura 1).

Figura 1. Respuesta inmunitaria adaptativa frente a Leishmania spp. Figura creada en BioRender.com

De esta forma, los investigadores recolectaron muestras de bazo (un órgano diana de Leishmania) de los animales inmunizados y aislaron las células inmunitarias especializadas de este órgano (esplenocitos) para caracterizarlas mediante citometría de flujo. Los resultados preliminares son alentadores: los ratones inmunizados con tres dosis de la vacuna mostraron un aumento significativo de linfocitos T productores de IFN-γ respecto a los grupos control no vacunados. Estos resultados sugieren una polarización de la respuesta inmunitaria hacia un perfil protector de tipo celular.

Próximos pasos hacia el futuro

Esto es solo el principio, el equipo continúa realizando diferentes ensayos y análisis para confirmar si la vacuna logra generar una respuesta protectora mantenida en el tiempo. El objetivo es confirmar que esta elevada producción de IFN- γ se traduzca en el desarrollo de linfocitos de memoria y una reducción de la carga parasitaria en los órganos diana.

Aunque todavía queda camino por recorrer y fases que superar antes de su posible aplicación en clínicas veterinarias, los resultados respaldan el potencial de las vacunas de mRNA como una nueva estrategia para la prevención de la leishmaniosis canina. El desarrollo de platafotmas innovadoras como esta podría contribuir, en el futuro, a mejorar el control de una enfermedad que continúa representando un importante desafío para la sanidad animal y la salud pública.

Filiación de los autores:

Laura de Urbina Fuentes1, Alicia Mas1, Abel Martínez-Rodrigo2, Clara Hurtado-Morillas1, Pedro Fernández-Rodríguez1, Gustavo Domínguez-Bernal1.

1Departamento de Sanidad Animal, Facultad de Veterinaria, Universidad Complutense de Madrid, España.

2Departamento de Producción Animal, Facultad de Veterinaria, Universidad Complutense de Madrid, España.

Bibliografía:

  1. Otranto, D. and F. Dantas-Torres, The prevention of canine leishmaniasis and its impact on public health. Trends Parasitol, 2013. 29(7): p. 339-45.
  2. Velez, R. and M. Gállego, Commercially approved vaccines for canine leishmaniosis: a review of available data on their safety and efficacy. Trop Med Int Health, 2020. 25(5): p. 540-557.
  3. Martínez-Rodrigo, A., et al., Epitope Selection for Fighting Visceral Leishmaniosis: Not All Peptides Function the Same Way. Vaccines (Basel), 2020. 8(3).
  4. Hurtado-Morillas, C., et al., Enhancing Control of Leishmania infantum Infection: A Multi-Epitope Nanovaccine for Durable T-Cell Immunity. Animals (Basel), 2024. 14(4).
  5. Hurtado-Morillas, C., et al., Evaluation of the safety and immunogenicity of a peptide vaccine against canine leishmaniosis: a double-blind, multicenter, controlled clinical trial in dogs. Vet Q, 2025. 45(1): p. 2591396.
  6. Kon, E., U. Elia, and D. Peer, Principles for designing an optimal mRNA lipid nanoparticle vaccine. Curr Opin Biotechnol, 2022. 73: p. 329-336.
  7. Toepp, A.J. and C.A. Petersen, The balancing act: Immunology of leishmaniosis. Res Vet Sci, 2020. 130: p. 19-25.