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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 17 de febrero de 2020

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La emergencia climática sacó lo mejor de la Complutense

"Están siendo dos semanas muy intensas, en las que la Universidad Complutense está mostrando un alto interés por la emergencia climática". Son palabras del vicerrector de Tecnología y Sostenibilidad, Jorge Gómez, durante una de las numerosas actividades celebradas en la Universidad Complutense con motivo de la celebración de la Cumbre del Clima, la COP25, en Madrid. La intención ha sido aportar la mirada y el conocimiento complutense a lo mucho que durante estas semanas se ha hablado de emergencia climática en nuestro país. Así, ha habido, entre otras, sesiones en el Paraninfo de Filología y Filosofía, organizada por Complutenses por el Clima, para repasar lo que se está haciendo o podría hacerse en la UCM para rebajar las emisiones hasta eliminarlas; en la Facultad de Económicas y Empresariales para hablar de las medidas económicas que se pueden adoptar para frenar la emergencia climática; en la Facultad de Educación, para poner de manifiesto que el ámbito educativo es una de las principales armas que tiene la sociedad para cambiar hábitos y conciencias; en Filosofía, donde se habló de cambios de paradigmas y del uso que se hace de la naturaleza; en Ciencias de la Información, donde los científicos tomaron la palabra para ofrecer datos irrefutables sobre esta realidad; en Geológicas, que acogió las explicaciones de veinte doctorandos sobre los porqués de la emergencia, o en Geografía e Historia, para hablar de ciudades y comunidades sostenibles. También ha habido talleres en la Huertaula de Cantarranas y en la Facultad de Bellas Artes y se han organizado recogidas de "basuraleza" e "ideatones" en ambos campus. Además la UCM ha sido sede de la Cumbre Mundial Salud y Clima, que tuvo lugar en la Facultad de Medicina el sábado 7 de diciembre, y la Cumbre Social por el Clima, que se desarrolló del 7 al 13 de diciembre.

 

Como ejemplo de lo tratado estos días, y como complemento al reportaje "Es tiempo de actuar", en el que ya se recogían diversas propuestas presentados en los primeros días de actividades relacionadas con la COP25, nos centramos en estas líneas en dos aportaciones hechas en la mesa redonda celebrada el jueves 12 de diciembre en la Facultad de Geografía e Historia.

 

Estudio sobre movilidad sostenible en el campus de Moncloa

Javier Gutiérrez Puebla, director del Departamento de Geografía y del grupo de investigación "Transporte, infraestructura y territorio", presentó un estudio sobre movilidad sostenible en el campus de Moncloa. Como recordó Gutiérrez Puebla, el transporte es uno de los sectores que más gases de efecto invernadero emite a nivel mundial. El campus de Moncloa soporta cada día 320.000 viajes entre trasporte público y privado. Se calcula que el 30 por ciento de los estudiantes, profesores y personal de administración y servicios que acuden de lunes a viernes a las facultades de la UCM y la Universidad Politécnica, así como los trabajadores de otras instituciones (CIEMAT, CSIC, UNED, colegios mayores...) ubicadas en Ciudad Universitaria llegan y se van en vehículo privado, ocupado en la mayoría de las ocasiones por una sola persona. En total son más de 100.000 personas las que acuden cada día a la Ciudad Universitaria, y solo el Metro supera en uso, aunque por poco, 33 por ciento frente al 30, al vehículo privado. El hecho de que este tránsito se concentre en horas muy determinadas hace que las soluciones sean más complejas, ya que el transporte público es menos eficiente.

 

No obstante, como explicó el profesor Gutiérrez Puebla, se pueden hacer muchas cosas para reducir de manera significativa las emisiones contaminantes derivadas de la movilidad en el campus de Moncloa. La primera, y pese a esa dificultad descrita de los flujos asimétricos muy concentrados en muy determinadas horas (entre 8 y 10 de la mañana, mediodía, y entre 7 y 9 de la tarde), debe ser priorizar aún más el uso del transporte público y disuadir de la utilización del vehículo privado. Para esto último, hay opciones, que ya se aplican en otros lugares e incluso en zonas de la propia capital, como el calmado de tráfico (imponiendo velocidades muy bajas), reducción de plazas de aparcamiento o el control de accesos a los aparcamientos existentes. También sería conveniente dotar el campus de infraestructuras para recarga de vehículos eléctricos. En el horizonte, como destacó Gutiérrez Puebla, tampoco debería descartarse la modificación de la oferta de titulaciones, apostando por un incremento de la formación on line o, en su defecto, de una mayor flexibilidad horaria en la presencial.

 

Otro aspecto interesante es la apuesta que, a juicio de Javier Gutiérrez Puebla, se debería hacer tanto de las formas de movilidad activa (a pie o en bicicleta) como de los nuevos servicios de movilidad. Madrid es a día de hoy la ciudad con más empresas dedicadas a estos nuevos servicios (patinetes, bicicletas eléctricas...) del mundo. Ni más ni menos que 23 compañías operan en estos momentos en la capital. La Ciudad Universitaria debe convertir, a juicio de Gutiérrez Puebla, esta situación en una oportunidad, promoviendo su uso de manera regulada y creando aparcamientos suficientes para estos nuevos modos de transporte. Su uso puede ser generalizado, sobre todo, en lo que se viene a denominar "la última milla", es decir el traslado desde el lugar donde llega el transporte público hasta el destino final, así como en los traslados internos -se estima que se hacen más de 15.000 diarios-que se llevan a cabo durante la jornada. En esta "última milla", por supuesto la otra gran opción es la movilidad activa. Gutiérrez Puebla informó de que una reciente tesis doctoral, realizada por el estudiante Gustavo Romanillos, demuestra que en hora punta los traslados de hasta 5 kilómetros en bicicleta son mucho más competitivos, es decir más rápidos, que los realizados en transporte tanto público como privado.

 

Para el uso de la bicicleta en el campus de Moncloa ya existe una buena red de carril bici interna, pero para promover el traslado a pie, como apuntó Gutiérrez Puebla, sería conveniente realizar algunas adaptaciones. La Ciudad Universitaria tiene un diseño de sus manzanas en cuadricula, que dejan muy pocas posibilidades de acortar recorridos trazando diagonales. Con pequeñas obras podría conseguir reducciones del tiempo de traslado a pie muy considerables.

 

El impacto del sellado de suelos en el cambio climático

La profesora María Eugenia Pérez González explicó, también en la mesa celebrada en Geografía e Historia el 12 de diciembre, una realidad de la que se habla poco al enumerar el impacto de la actividad humana en el cambio climático, como es el sellado de suelos que se lleva a cabo de manera masiva en las ciudades. Cerca del 60 por ciento de la población mundial vive en grandes ciudades. En ellas, el suelo natural se convierte en suelo impermeable. El hormigón y el asfalto hacen que el suelo pierda funciones naturales como la filtración del agua de la lluvia o la amortiguación del cambio de las temperaturas. Está científicamente probado, como explicó la profesora Pérez González, que el sellado de suelo contribuye al aumento de las temperaturas o a que fenómenos naturales como las tormentas de verano se estén produciendo en otras épocas del año. El aumento de la temperatura global por este motivo se estima en 1,1 grados, con picos en zonas de Asia, China principalmente, de entre 3 y 4 grados.

 

La situación se ha agravado en las últimas décadas. De acuerdo con los datos ofrecidos por la profesora complutense, en Europa en el último siglo la población creció un 33%, mientras que el suelo urbano se incrementó en un 78%. En la Comunidad de Madrid de 1989 a 2019 la población se ha incrementado una sexta parte, pero el suelo sellado en ese mismo periodo se ha duplicado. A este crecimiento de las ciudades hay que sumar el hecho de que muchos sellados se estén realizando en terrenos inundables, es decir que tenía una función natural. Un claro ejemplo es el Mar Menor, junto al que se ha construido tapando el suelo inundable que lo rodeaba. Lo mismo ha sucedido en otras muchas zonas de costa e incluso interiores. En la propia Comunidad de Madrid hay claros ejemplos de construcciones en cuencas de ríos.

 

¿Qué se puede hacer? La profesora Pérez González cita como una buena receta lo señalado por la Agencia Europea de Medio Ambiente en 2012: limitar, mitigar y compensar. Se trata de no extender las ciudades de manera ilimitada, de conseguir optimizar el consumo de energía de las edificaciones, de crear en compensación más espacios verdes dentro de las ciudades con especies autóctonas o, por ejemplo, de tratar en las zonas que lo permitan hacer solados más permeables, como ya se comienza a ver en algunos aparcamientos urbanos.

 

La Cumbre Social por el Clima

La Cumbre Social por el Clima desarrolló la mayor parte de sus actividades -más de 200, entre el sábado 7 y el viernes 13-en el edificio Multiusos, en la Facultad de Derecho y en la carpa instalada en el aparcamiento trasero del edificio D de la Facultad de Filología. Como explicaron sus organizadores, la plataforma de acción conjunta 2020 Rebelión x el Clima, la Cumbre Social ha sido "un espacio ciudadano de denuncia ante las injusticias sociales y climáticas". Para la UCM, como señalaron la vicerrectora de Estudiantes, Rosa de la Fuente, y la representante de estudiantes Carolina García, presentes ambas en la inauguración, ha sido "un placer" alojar la cumbre, además de una "oportunidad" para aprender.

 

Rubén Gutiérrez, antiguo estudiante complutense y portavoz de Fridays for future Madrid -la mayor exponente mundial de este movimiento, Greta Thumberg, aprovechó su estancia en Madrid para participar por sorpresa en una de las actividades de la Cumbre-, consideró el año 2019 como "un antes y un después" en la lucha climática, el año en el que "el mundo despertó" y tras el que el movimiento climático "ya se ha hecho imparable". Gutiérrez atribuyó a los jóvenes este cambio de prioridades que debe suponer la lucha contra la emergencia climática, y gracias "a nuestra capacidad de soñar" será posible vivir en un "mundo justo, en el que haya justicia social y justicia climática".

 

Los grandes protagonistas de la Cumbre Social fueron los pueblos indígenas. No hay que olvidar que la COP25 se iba a celebrar en Chile, y su traslado a Madrid ha hecho que las muchas actividades que ya estaban allí organizadas para esta "otra cumbre" también se trajeran a Madrid en un tiempo récord. Por ello, los organizadores han sido muy críticos tanto con el gobierno chileno como por la decisión de trasladar la cumbre a Madrid. Se pudieron escuchar a representantes de movimientos como la Minga Indígena o Indigenal Environmental Network, o de pueblos indígenas de Brasil, de Colombia, de La Guajira, de Bolivia, incluso de Uganda.

 

En la clausura de la Cumbre Social se aprobó un manifiesto, titulado "El mundo ha despertado ante la emergencia climática", en el que se felicitan por la celebración de estas jornadas "de contestación social a la COP25", resaltan el esfuerzo organizativo y la contribución de la Universidad Complutense, y critican el enfoque dado y, aún más, la falta de acuerdos, adoptados en la Cumbre organizada por Naciones Unidas. "Apenas quedan 10 años para enfrentar la emergencia climática. Sin embargo, se sigue proponiendo profundizar en mecanismos como los mercados de carbono o mecanismos de desarrollo limpio que ya han sido fuente de numerosas violaciones de derechos humanos y ambientales. Seguir permitiendo que las grandes empresas petroleras, de aviación civil y marítima, mineras, eléctricas... sigan condicionando la ruta de descarbonización de la economía es sencillamente inadmisible. Solo una correcta planificación que consiga transformar el sistema capitalista depredador en un sistema que quepa dentro del planeta y con la vida en el centro podrá frenar la emergencia climática. En estas últimas horas de la COP25 reafirmamos nuestro compromiso de articular soluciones reales a la emergencia ambiental y social. Es nuestra capacidad de movilizarnos, organizarnos y entendernos lo que nos puede salvar de la emergencia ecológica y social que vivimos. Hemos aprendido las unas de las otras, hemos trazado lazos de solidaridad, nos hemos contagiado las ganas de luchar. Nos vamos mucho más fuertes de lo que llegamos. Mantendremos la presión frente a los políticos en defensa del bien común. Seguiremos en las calles para frenar la emergencia climática, de Santiago a Madrid articularemos redes de solidaridad con las poblaciones que luchan por la justicia en todas partes del mundo. Frente a la política neoliberal, las zonas de sacrificio o la locura de seguir extrayendo combustibles del suelo llamamos a la resistencia pacífica pero firme y continuada, al fin y al cabo, el mundo despertó ante la emergencia climática", concluye la declaración aprobada.

 

EXPERIENCIAS INOLVIDABLES

Publicaba el rector Joaquín Goyache al concluir el puente del 6 al 9 de ciembre un tuit agradeciendo al personal y a los voluntarios complutenses el trabajo desarrollado durante esos días para alojar en nuestras aulas y campus tanto la Cumbre Mundial Clima y Salud como la Cumbre Social por el Clima. La jefa de conserjería  Ana Trujillo era una de esas personas. Días después de concluir las actividades, y tras charlar con ella mientras realizábamos el reportaje gráfico que ilustra este reportaje, Ana nos envía un enlace a un post publicado en Facebook por una chica, titulada también en la UCM, según pone en su perfil, llamada Sara Garchi. Escribe sobre Ana: " Conocí a Ana este lunes, comenzando la segunda semana de la Cumbre Social por el Clima. Yo fumaba un cigarrillo sentada en unos bancos cubiertos frente al edificio multiusos de la Complutense. Ella, con cara cansada y una tos de quien se debe cuidados acumulados, recogía algunas de las pancartas mojadas en solidaridad con el pueblo chileno que colgaban del toldo. "Las estoy quitando para que no se deshagan con la lluvia, quiero llevarlas dentro y montar ahí el mural", decía a quien se acercaba por miedo a que lo vieran como un ataque contra la memoria de las víctimas. Lo cierto es que mientras recogía las flores y carteles, la escuchaba lamentarse por ellas rechazando tanta represión: "Qué pena...", "una dictadura es una dictadura, aquí o en Chile".

Yo apenas podía ayudarla dado mi recién estrenado esguince y mi poca maña con las muletas. Así que me quedé cerca suya para hacerle un poco de compañía. Emocionada me contaba como había vivido estos días; lo agradecida y feliz que se sentía por ser parte de ello, el reconocimiento y valor que le habían dado como jefa de conserjería al asumir incluso responsabilidades que no le competían... Sus exitosos contactos con los medios de comunicación, el cariño de la cantidad de gente maravillosa que estaba conociendo, y como no cambiaría toda esta experiencia por nada, a pesar del enorme esfuerzo que estaba suponiendo...

Este post va por ella. Por ella y por todxs lxs activistas y voluntarixs que como Ana, llevan semanas dejándose el cuerpo y el alma contra marea para demostrar que una Cumbre Social Climática se puede montar en tiempo récord. A las personas de logística, de cocina, de traducción, streaming, foto, sonido y redes sociales, a las artistas por traer cultura y consciencia... Por supuesto también a las que ponen sus cuerpos y libertad en riesgo durante las acciones para hacernos visibles. Y en general, a todas las que estáis haciendo posible esta fraternidad global: GRACIAS por sostener espacios en los que podemos crecer, aprender y compartir tanto. Seguimos germinando"

 

Actividad en defensa de la Amazonía en la Cumbre Social por el ClimaUna de las mesas de la Cumbre SocialEl profesor Santiago López Ríos, coordinador de Complutenses por el Clima, charla con varios asistentes a la Cumbre SocialTaller de movilidad sostenibleActo de denuncia en la Cumbre SocialLos pueblos indígenas fueron los principales protagonistas de la Cumbre SocialEl edificio multiusos acogió numerosas actividadesUna de las exposiciones con motivo de la Cumbre SocialPerformance sobre el cambio climáticoVusta exterior de la carpa instalada para la celebración de la Cumbre SocialDos participantes en la Cumbre Social, en el edificio MultiusosMesa redonda celebrada en Geografía e Historia sobre ciudades y comunidades sosteniblesLos profesores de Geografía Javier Gutiérrez Puebla, Juan Carlos García y María Eugenia Pérez GonzálezTaller práctico de agroecología frente a la emergencia climática, impartido en la HuertAula de Cantarranas
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Comentarios - 1

Koldo Aldai

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Koldo Aldai - 19-12-2019 - 11:05:25h

Unidos por la Tierra

 

Los grandes generadores a duras penas logran subir unos grados la temperatura de ese pequeño y frío “planeta” rectangular. Es la Cumbre Social del Clima anclada en un aparcamiento de la Universidad Complutense de Madrid. Sentados en las frías sillas de plástico, nadie se desprende de su abrigo. Mucho voluntarismo en medio de condiciones muy militantes. El amarillo es el fondo de toda su adusta cartelería sin concesiones. Rigor de militancia en la gran carpa sobre el duro asfalto, tímido calor revolucionario que no termina de contagiar más allá del ámbito antisistema. Por la ciudad universitaria la mayoría de los estudiantes no han trucado apuntes y libros por pancarta. La revuelta del clima no vacía las aulas durante la Cumbre.

 

La otra Cumbre, la oficial está en boca de todos. Duras críticas a las grandes empresas que subvencionan el magno evento y a la vez aumentan sus beneficios con el desarrollo de proyectos extractivos sin medida y contaminantes. Escucho los duros testimonios de las mujeres chilenas a las que el Estado ha dejado tuertas por tratar de empujar el país hacia delante. Asombro también ante el coraje de las palabras de la hija de Berta Cáceres. La líder ambientalista e indígena hondureña fue asesinada hace tres años, no sin antes soltar aquella frase premonitoria “Dar la vida por la defensa de los ríos, es dar la vida por el bien de la humanidad y este planeta”. “El capitalismo es contrario a la vida”, también fue otra contundente sentencia de esa mujer generosa que sabía que no alcanzaría los cincuenta años. Su lema esencial también podría ser el de todos esos militantes alternativos enfundados en sus parcas oscuras, blindados en sus ideales. Todo empuja un poco en el túnel del tiempo, cuando no salíamos de esas críticas afiladas, de esos inviernos y sus carpas de batalla.

 

La Cumbre mundial por el clima oficial no es otra galaxia. El otro planeta verde se encuentra a siete paradas de metro. Líneas gris y rosa y un poco de paseo acelerado para sacudirse el invierno prematuro. El otro planeta más resguardado, se encuentra acomodado en el sistema, pero también es muy crítico con él. Es un ecosistema más tropical, más colorido y confortable para el cuerpo. Es la “Green zone” de la Cumbre en la madrileña feria de IFEMA. Es un espacio inmenso y abierto, luminoso y sin tabiques. El foco mediático está más ahí, tal como lo certifican la gran cantidad de cámaras profesionales que se distribuyen por la gran sala y envían señal al mundo entero. El público muy variado. Cohabitan empresarios trajeados y escolares uniformados. Políticos, scouts, voluntariado de ONG’s, Greta fans, meditadores... animan esa otra “acampada” tan diversa. En torno al ágora central se articulan multitud de satélites muy participativos. Mucho foro, mucho círculo dando a entender que éste es un reto que nos atañe a todos/as. Los cojines tirados por los suelos sugieren igualmente que el empeño ecologista puede ser gozoso; las obras de arte con materiales reciclados, los dibujos y pinturas, los originales paneles explicativos reafirman que la lucha contra el cambio climático puede ser amable y creativa. A los rigores del clima no sería preciso añadir nuevos rigores humanos.

 

La zona azul es un ecosistema aparte, ése sí tabicado. Allí se urden las grandes decisiones. Allí el común de los mortales tenemos el acceso vedado y sin embargo no quitamos el ojo de sus salas. Deseamos que de su marco amurallado emanen medidas valientes y eficaces, de forma que se cumpla la profecía más verde, al tiempo que esperanzada: “Hemos llegado tarde, pero hemos llegado a tiempo”. Muchas de las corbatas que veíamos en la zona verde procedían de la azul. Con aldeano y cortés inglés, les hubiéramos mostrado el reloj de muñeca al tiempo que suplicado que hagan los posibles para llegar a tiempo. Al escribir estas líneas, las noticias son aún de falta de acuerdo y decepción. Los países más contaminantes no habrían sabido estar a la altura del momento, del requerimiento cabal, de la demanda ciudadana planetaria más comprometida y responsable.

 

“Time for action”, pero si puede ser esta vez que sea por fin todos juntos, los que se instalan sobre la blanda y cómoda moqueta y sobre el duro y gris asfalto. La Tierra es la causa que puede unirnos a los de la zona azul, verde y amarilla. Hemos de encontrarnos todos los ecosistemas humanos en este desafío vital. La urgencia planetaria demanda que nos reunamos todas las porciones de humanidad no importa el color, el origen, el estrato social, el “curriculum” de incendiario o de bombero... La defensa de la vida y de un futuro sostenible requiere la mayor suma de corazones y voluntades que nunca jamás concitara otra causa. Las grietas aumentan sobre una tierra reseca. El hielo merma, corre diluido y se olvida de ser hielo. Nuevas catástrofes climáticas se gestan no sabemos dónde. El tiempo es ahora y no podemos perder un minuto.

 

Ya corrió la sangre altruista, ya han caído cuántos héroes hicieron falta a favor de los ríos y los bosques. Ya hemos pasado frío en las inmensas carpas clavadas a la vera de los inviernos. Ya nadie por favor cuestionando lo palmario, haciendo oídos sordos a la evidencia. Ahora vamos todos juntos/as sin excepción a salvar la Tierra. Es Madre y sólo hay una.


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