4 julio 2025 | Taller REconociendo LA CIUDAD a través de los sentidos con los chicos del campamento Lamarr
14 ago 2025 - 14:24 CET
Después del recorrido por Ciudad Universitaria, bastante extenuante para todos, no tanto por su extensión, sino por el calor, en la tarde se dio paso a un taller en el Colegio Mayor de Santa Teresa, dirigido por la profesora Noemí Ávila de la Facultad de Bellas Artes. Ella, quien ya ha colaborado en este campamento en años anteriores, y desde una mirada más artística, focalizó el taller en la experiencia física y sensorial del recorrido por el campus universitario. Para iniciar, planteó una actividad que rompiera el hielo y dinamizara la jornada, en la que cada uno de los chicos con cinta de enmascarar en mano, dibujaron en el piso recorridos libres que, al unirse, dieron forma a una interpretación colectiva de ciudad. Lo interesante fue observar cómo, sin proponérselo de forma consciente, representaron esta ciudad de forma muy similar a lo que es Madrid con una zona céntrica muy compacta con un trazado más orgánico y laberíntico, marcado por un anillo vial radial como si se tratase de la M30 conteniendo la almendra central, y luego, a medida que se extendía hacia el exterior, una serie de anillos viales que ganaban tamaño y dispersión.
Esto permitió, por un lado, explorar su percepción del espacio urbano, y por el otro, explicarles conceptos clave como la morfología urbana y el paisaje urbano, distinguiendo diferentes tejidos urbanos, por ejemplo, unos más compactos y otros más dispersos, lo que facilitó una comprensión más visual y concreta de cómo se estructura una ciudad y cómo este paisaje urbano influye en la manera en que vivimos y entendemos nuestras ciudades.
Una vez terminada esta primera parte de la actividad, cada uno de los jóvenes, dijo un elemento o palabra que le había llamado la atención durante el recorrido urbano de la mañana, ya fuera por tratarse de un patrón constante durante el trayecto, o por el contrario, por ser un detalle que rompiera con lo que habían estado observando hasta ese momento. De esta forma, salieron 21 elementos distintos e igualmente interesantes de analizar, haciendo referencia a la biodiversidad vista, elementos estructurales, edificios visitados y pequeños detalles que fueron captados por unos, mientras que para otros pasaron desapercibidos. Algunos de los elementos que comentaron fueron: las cotorras argentinas, caracoles, trozos de vidrio en el piso, paneles solares, el Palacio de la Moncloa, tuberías (haciendo referencia a la central térmica), semáforo, túnel, andamio, asfalto, roseta fotovoltaica, escenario, plazoleta, coliseo, mariposas, avenidas. Todos estos elementos que a simple vista no generan relación unos con otros, son en si la muestra de que cada persona concibe la realidad de forma distinta, y que, incluso habiendo compartido el mismo recorrido y condiciones, la atención de cada participante se centra en aspectos muy diferentes. Esto deja en evidencia que la ciudad es una construcción física y mental continua que cada persona lleva en su cabeza y está moldeada por sus propios intereses, experiencias y sensibilidades, y que se pueden resumir en el concepto de fenomenología, que el arquitecto y teórico finlandés, Pallasmaa defiende.
Siguiendo con la actividad, los jóvenes hicieron un ejercicio rápido de dibujo para dejar fluir su mente plasmando algunos de los elementos nombrados anteriormente, según los iba repitiendo Noemí. Se recortaron, y luego, de manera colaborativa, los pusieron en ese gran mapa colectivo. El resultado fue una agrupación por temáticas, lo que permitió abordar y explorar otros conceptos urbanos como la importancia de la mixtura de usos del suelo en el tejido urbano. Este principio es clave para que una ciudad sea activa, habitable y más sostenible, ya que, al concentrar las facilidades cotidianas cerca, las personas fortalecen sus lazos en el lugar, tal como lo plasma Kevin Lynch en su teoría de la imagen de la ciudad; al tiempo que reducen sus desplazamientos y se ahorran tiempos innecesarios de desplazamiento.
El taller terminó con una actividad en la que se dividieron por parejas o tríos, y escogieron un área del recorrido de la mañana que más les hubiera llamado la atención, para, a partir de ahí, dejar volar su creatividad y crear un collage de su imaginario de ciudad. Fue así como utilizaron recortes de revistas, colores, rotuladores, e incluso lana. Este proceso de diseño fue bastante interesante verlo, porque muchos de los grupos hicieron la planificación de sus ciudades en base a las líneas de conexión (vías), reconociendo implícitamente que, sin esos espacios de conectividad, los entornos construidos quedarían fragmentados, dificultando la accesibilidad, el encuentro de las personas y la integración de las distintas áreas. Igualmente, los resultados finales dejaron ver esa consciencia por conservar la biodiversidad, y trabajar por la implementación de más zonas verdes, bosques urbanos y espacios de encuentro como ejes fundamentales de un entorno construido saludable, vivible y resiliente, capaz de ofrecer bienestar tanto para las personas que lo habitan como para la misma biodiversidad local.