Proyectos financiados de investigación


Proyecto de investigación Ministerio de Economía y Competitividad

Ideas que cruzan el Atlántico: La creación del espacio intelectual hispanoamericano

 

INTRODUCCIÓN

 

I. La finalidad fundamental de este proyecto es:

1) iniciar un análisis sistemático con metodologías actuales de los orígenes, morfología, evolución y estructura (plural, heterogénea y descentrada) del espacio intelectual iberoamericano en sus ideas filosófico-políticas centrales.

2) Ofrecer un marco conceptual teórico adecuado para abordar esta tarea alrededor de tres grandes épocas en las que se organiza ese espacio: la propia de la legitimidad imperial, la propia de la legitimidad estatal, y los ensayos de definir una legitimidad de grandes espacios políticos. El proyecto, que se enmarca en el largo plazo de la BSF, es consciente de que en estos tres años sólo podrá abordar los aspectos fundamentales de estos dos puntos.

3) Avanzar en investigación concreta particular de fuentes, ordenadas según el marco de 1) y 2). Así, el proyecto se concibe como un primer contraste de categorías teóricas mediante un análisis de material de fuentes todavía por sistematizar. En el lugar adecuado de esta memoria abordaremos la fundamentación metodológica del proyecto, que concentra las ideas filosóficas en la cuestión de la legitimidad [M. Weber], y en el punto dedicado al plan de trabajo extraeremos las consecuencias adecuadas, por lo que suponemos una lectura orgánica de estas páginas.

El proyecto aborda estas finalidades desde dos perspectivas fundamentales: [1] Una perspectiva reevaluadora de la modernidad hispana e iberoamericana y de su espacio intelectual. Para ello deberá contribuir a cambiar la perspectiva dominante en la apreciación de la historia intelectual de Iberoamérica y de España. Al revaluar el sentido de la modernidad iberoamericana, el proyecto desea romper con la tesis acerca de una modernidad deficitaria respecto a otros procesos europeos. Este comparatismo externo a menudo ignora el proceso histórico de formación del espacio que se quiere estudiar. Tampoco se trata de asumir la comprensión de E. Dussel de la modernidad mundial como un proceso histórico derivado del Descubrimiento americano, ni de aceptar su tesis del carácter secundario de la modernidad europea. Se trata de mostrar la especificidad de una primera modernidad hispana capaz de ofrecer su clasicismo propio, su sentido de lo natural dentro de la primera globalización. Ese clasicismo hispano, vinculado a la legitimidad imperial,  capaz de producir realidades estructurales de larga duración, está representado de forma central hispana por Saavedra Fajardo (un concepto, el de clasicismo hasta ahora aplicado al arte, pero que debe aplicarse al pensamiento; Fernando Marías, 1992, 214) y tiene en América una presencia clara, amplia y extensa. Ese concepto clasicista, entregado al sentido de lo natural, es previo al sentido decadente del barroco, que será ya un movimiento intelectual global [Aullón de Haro, 2004, De la Flor, 2007, 115-123] capaz de poner en cuestión el sentido de lo natural, al estar dominado por su “Sueño de la ciudad en ruinas” [Avilés, 1975, Cevallos, 1983]. En este sentido, el imperio hispánico generó con mínimas fuerzas un espacio humano suficientemente pacificado y legítimo hasta inicios del siglo XIX. ¿Cómo fue posible esta estructura de larga duración?, es una pregunta que no se ha establecido de modo adecuado ni se ha estudiado de forma suficiente. La pregunta ya sugiere que se estableció una forma de legitimidad que no ha sido suficientemente estudiada.

A construir esta forma de legitimidad y a identificar sus tensiones se dedicó un espacio intelectual muy complejo. El proyecto tiene también una [2] perspectiva genealógica respecto de la formación de ese espacio intelectual iberoamericano durante los siglos XVI-XVIII, la época imperial. ¿Cómo se generó esta legitimidad del orden hispano-indiano y cuáles fueron sus impugnaciones, cómo se asumieron las críticas y como se integró en ese orden la espantosa dimensión trágica de la Conquista? Nuestro proyecto intenta así contestar a la cuestión: ¿Cómo surge y se mantiene una legitimidad conocida/producida desde este espacio intelectual? En suma, se trata de considerar el espacio intelectual como un índice y un factor de legitimidad política y social [Reinhardt Koselleck] y como elemento que permite configurar/contrastar la experiencia histórica de una sociedad respecto a la lógica del poder político.

Esta es nuestra doble perspectiva. Ahora elaboramos nuestras finalidades de forma más expresa, insistiremos en un avance de los tres ámbitos conceptuales y teóricos de legitimidad en los que nos vamos a mover, y las relacionamos con los antecedentes y el estado actual de los conocimientos.

II. Estado de la cuestión y de los conocimientos.

II. A) Legitimidad imperial. Podemos situar aquí nuestra tarea específica respecto a los resultados asentados en la bibliografía. Hoy se sabe que la pluralidad de centros de poder novohispano fue fruto deliberado de un diseño político imperial basado en la ciudad [Tamar Herzog]. El propio modelo imperial romano que la monarquía hispánica usó para su expansión estuvo sometido a muy diversas interpretaciones por los diversos agentes [David A. Lupher]. La política de equilibrio de la monarquía hizo proliferar los centros de poder en tensión y limitar los más hegemónicos [p. e. nobleza, vida feudal, o luego jesuitas]. Con ello, la heterogeneidad característica de la sociedad peninsular tardo-medieval [Villacañas 2006], se transfirió a América como consecuencia de esa voluntad mimética del poder imperial y determinó la pluralidad de centros y de instancias de poder. Conocemos bien la mimesis del orbe indiano respecto del espacio hispánico. En este sentido, la historia de las universidades [cf. Doctores y Escolares], episcopados, sedes jurisdiccionales, concilios, capitanías generales, lo demuestra [Antonio Rubial García, Carlos Daniel Valcárcel]. Estos puntos son conocidos por los estudiosos de las realidades iberoamericanas.

Pero creemos que no se conocen de forma suficiente las bases o la ratio filosófica de esta mimesis y la idea de legitimidad que la albergó y dirigió. También se sabe que esa heterogeneidad fue creciente porque las clases españolas instaladas en América pronto establecieron vínculos de mestizaje con sus correspondientes indígenas y generaron desde el principio una aristocracia criolla mestiza que se remonta a la misma Conquista [David A. Brading]. Esta elite criolla no se vio como periférica, sino que hizo de sus ciudades (México, Lima, Cuzco, Michoacán, Veracruz, Cartagena) centros desde los que mirar el flujo de información y conocimiento de la primera globalización [Serge Gruzinski] y, mediante su comparación con el centro de la monarquía, las grandes ciudades americanas obtuvieron su orgullo y prestigio. Estos aspectos son bien conocidos en la bibliografía, aunque apenas hay aportaciones españolas relevantes. Sin embargo, consideramos que no se ha estudiado de forma adecuada el origen y sentido de un espacio de referencias intelectuales común, que compartió la idea de legitimidad imperial, y esto desde el punto de vista del pensamiento político o teológico-político.

No se ha estudiado de forma intensa la manera inicial en que se relacionó la elite hispana con la elite aristocrática mexica o inca [una lejana aproximación, Bumham, 1952],  la forma en que esa elite mestiza y criolla recordó las propias formas indígenas de gobierno o de civilización indígena desde el organismo político hispano, las comparó con la gobernación hispánica, las describió mediante la traducción de sus categorías, las elaboró con metáforas de diverso grado de violencia intelectual, reflexionó sobre su propia base normativa y definió sus ideales. Lo hizo mediante crónicas, tratados de gobierno [cf. párrafo siguiente], traducciones, informes o relaciones [Díez de la Calle, Beltrán], solicitudes, peticiones, pero también mediante construcción de tradiciones de muy diversa procedencia que en modo alguno obedecían a un diseño político centralizado, sino a una integración en el imaginario imperial abierto y compartido como legítimo. No miraban su propio espacio horizontal con la finalidad de ordenarlo, sino la cima imperial con la finalidad de ser reconocidos sin agravio [A. Honneth]. Esta primera producción intelectual del siglo XVI, XVII y XVIII es decisiva para configurar la autoestima, tradición, identidad, historia local, y demás elementos constitutivos de un espacio intelectual común. En cierto modo ofreció la suma de elementos auto-referenciales con los que absorber ulteriores evoluciones y fundar relatos autónomos de identidad. Estos materiales intelectuales no están estudiados desde la perspectiva de la historia del pensamiento.

Estamos hablando de la producción de Relación de Michoacán, que dedica partes interesantes a “De la gobernación que tenia y tiene esta gente entre si”; la Crónica mexicáyotl, de Alvarado Tezozómoc; El Diario o Relaciones de Chimalpahin, El primer nueva corónica y buen gobierno de Felipe Guamán Poma de Ayala, los Comentarios reales de los Incas, de Garcilaso de la Vega, la Historia Tolteca Chichimeca, o Fernando de Alva Ixtlixóchitl, cuya visión de las cosas debería ponerse en relación con los escritores hispanos o europeos que escriben en paralelo [Bernardo de Balbuena, Cervantes de Salazar, Giulio C. Capaccio, Motolinía, Sigüenza y Góngora, Saavedra Guzmán, Juan de Torquemada, Blázquez Mayoralgo, León Pinelo, Solórzano]. Todas estas fuentes no son bien conocidas en España ni están estudiadas desde la perspectiva de una legitimidad imperial. Estudiarlas es nuestro primer punto fuerte de referencia a las fuentes. Sin duda, debemos relacionarlas con lo que sabemos del pensamiento hispánico de Mariana, Mártir Rizo, Juan de Santa María, Saavedra Fajardo o Gracián. Y sin una genealogía adecuada de este espacio de referencias alrededor de la legitimidad del espacio imperial es muy difícil explicar el hecho decisivo de la Independencia y el conflicto que surge a inicios del siglo XIX, él mismo relacionado con la traslatio imperii hispano hacia Napoleón.

Esta finalidad genealógica no es la única. La morfología estructural de este espacio intelectual iberoamericano es igualmente interesante para este proyecto pues ofrece el contexto teórico adecuado. Como es natural, esta morfología fue de naturaleza imperial –los intelectuales se refieren al espacio global, no un espacio local- desde el principio y hasta 1808 (también los Borbones mantuvieron este imaginario). Y esto tanto por la necesidad de las elites novohispanas de hacerse ver desde las estructuras imperiales, como porque se estaban traduciendo formas imperiales (méxica o incas) a estructuras imperiales hispánicas. (Para la forma imperial hispánica puede verse Villacañas 2008, 2008b y en prensa). Sin embargo, conforme evolucionó la sociedad criolla, los lugares desde los que se obtenía esta visibilidad imperial eran diversos, plurales, heterogéneos. Los informes de todo tipo, las historias de las iglesias episcopales (México, Morelia, Yucatán, Chiapas, Michoacán), las vidas de los obispos [Vázquez de Menchaca, Palafox], las vidas de santos propios, la historia de los patronos, sobre todo santa Rosa de Lima y la Virgen de Guadalupe ya sistematizada en 1649 [Lasso de la Vega] son conocidas en la bibliografía. Respecto a este asunto nuestro proyecto identifica una segunda falla en el estado de los conocimientos.

Pues estos estudios no se han puesto en relación con el espacio universal de reconocimiento. Tal cosa fue posible por las producciones universitarias novoindianas sobre retórica cristiana [Bernardino de Llanos, Diego Valadés], por las historias de las órdenes religiosas [Juan de Grijalva, agustinos; Alegre, jesuitas, Calancha, agustinos peruano; Córdoba Salina, franciscanos del Perú, Dávila Padilla, predicadores de México, Espinosa, para colegios “propaganda fide”, Medina, para descalzos franciscanos mexicanos, etc.], por los relatos de las antigüedades americanas que se perfeccionan en el siglo XVIII [Lorenzo Botturini]. Tampoco se han puesto en relación con las interpretaciones que van ofreciendo la elaboración de una religión política, la forma religiosa popular por la que se obtiene prestigio en relación mimética con los centros de poder imperiales europeos (Roma, Jerusalén, Santiago, Toledo, Granada, Zaragoza). Podemos describir este proceso como la forma de generar una “religión política propia” desde elementos retóricos, simbólicos, narrativos, imaginarios, históricos. No se ha estudiado tampoco de forma intensa la eficacia de los debates de escritores judeo-conversos en la configuración de esta antigüedad religiosa natural de América y su primera ocupación por las tribus perdidas de Israel [aunque Wachtel haya estudiado los procesos inquisitoriales]. La eficacia de los jesuitas expulsados [Clavijero] para poner estos conocimientos en manos del público europeo fue decisiva para la identificación de la madurez de los pueblos americanos. Todas estas formas narrativas que configuraban prestigio e identidad de un espacio, se proyectaban desde América sobre la sociedad europea y aspiraban a participar de su dimensión mundial. La importancia de las realidades de América para la ciencia ofreció una ulterior conciencia de dignidad [A. Humboldt]. Botturini, con su proto-museo, al modo del estudio de fuentes de L. Muratori, mostró que el prestigio de las antigüedades americanas no debería ser menor que el de las realidades europeas desde los mismos parámetros que estas exigían. Pero sin la obra de Sigüenza y Góngora no habría tenido sentido. 

Todo esto permite reconocer que a lo largo del siglo XVIII y desde luego a finales de este siglo, las elites americanas organizadas en grandes centros urbanos ya estaban ciertas de su igual dignidad respecto a las realidades hispanas en todos los aspectos de la vida social y política. Este proceso no es bien conocido. Servando Teresa de Mier es tan clave como Santander o como Bolívar si se mira desde las categorías oportunas de legitimidad. Las cartas pastorales de los principales obispos a principios del siglo XIX [estudiadas por Brading] son tan fuente de la independencia como los ideales europeos. Así se corrige la tesis de la Independencia como proceso de transferencia del republicanismo europeo (Rudan) y surge ante nuestros ojos un camino hacia la Independencia desde categorías tradicionales americanas, centradas en lo natural y su relación adecuada con la religión [para Hidalgo y Morelos, cf. Villacañas 2010]. El choque entre la dignidad de lo teológico-político americano y los ensayos de gobierno económico imperial de los Borbones [Campillo, Ábalos, Aranda, Floridablanca] hizo que las distancias entre España y América crecieran a todo lo largo del siglo XVIII. Sabemos que la última oportunidad de conformar ese espacio imperial fueron las cortes de Cádiz. Fue su fracaso como articulación política imperial de un gran espacio lo que determinó el devenir histórico hacia la forma Estado, pero la producción del espacio intelectual iberoamericano no tuvo referente estatal, sino que las formas de la teología política y el imaginario urbano que había generado la lenta mimesis de siglos siguieron operando. Fronteras claras no las hubo, pero desde luego no existieron en el espacio intelectual. Ese lento proceso de cristalización de la conciencia americana a lo largo del siglo XVIII no se ha estudiado de forma adecuada. El proyecto desea prestarle una atención como su segundo punto fuerte.

II. B. Los Límites de la Legitimidad estatal. Con la Independencia entramos en el marco teórico de la segunda legitimidad, la estatal. Este punto está bien estudiado en la bibliografía [cf. Relatos de Nación, Manuel Chust]. Sin embargo, el estado de conocimiento está organizado desde la historia nacional, que es una mirada unilateral para organizar el material histórico. Como C. Patiño, siguiendo a J. M. Roncero, ha mostrado, el conflicto que desencadenó la política post-imperial aspiró a determinar la forma y realidad del Estado, confirmar su poder y ultimar la colonización, pero no se conocieron los componentes en los que se acredita la soberanía estatal: guerras totales. Los conflictos interestatales de alta intensidad, como los europeos, no se conocieron, pues la unidad del espacio imperial anterior los hacía inverosímil, tanto por la debilidad de los poderes estatales, como por los lazos difíciles de romper por nuevas fronteras. En cierto modo, la frontera fue un imaginario histórico que tuvo que producirse muy lentamente desde campos de fuerzas que no estaba decididos por impronta previa alguna. Fueron conflictos ambiguos, guerras civiles a la vez que guerras externas, pero no totales, intensas, movilizadoras, soberanas [para Colombia, cf. Liliana López]. Se han estudiado así la construcción de Estado [J.C. Chiaramonte], de discursos nacionales [F. Colom], de símbolos y procesos de identidad [José María González]. Las figuras de Echeverría, Alberdi, Bello, Sarmiento, sus diagnósticos del retraso, de la sociedades bárbaras hispanas, aunque integran referencias estatales, aspiran a establecer diagnósticos para todas las sociedades hispanoamericanas. Pero la sociedad nacional no es un esquema suficiente para abordar los isomorfismos, los reflejos comunes, los diagnósticos intercambiables. Sin el pasado imperial es muy difícil entender esta homogeneidad que conoce la época republicana. La vida del exilio de los actores con frecuencia permite la consideración de la situación americana en general. Los poderes que resisten al Estado, como Iglesia católica, por lo demás, son en sí mismos supra-estatales.

Así que la historia nacional oculta muchas veces el espacio intelectual euroamericano persistente. Por doquier, los actores buscan de forma ansiosa ideas modernas (ilustración, civilización, positivismo, como sus pares españoles hacen en Europa), o las formas novedosas y reactivas de defensa de la tradición. La dialéctica entre pensamiento progresista/soberanista frene a reacción tradicional es común [cf. A. Rivera]. Desde este punto de vista se desconoce el verdadero alcance de ideas fuerza para toda América que subyace a ese proceso convergente, y que llega a fin de siglo con las síntesis krauso-positivistas [Justo Sierra] como solución específica requerida por las sociedades hispánicas y con las imitaciones de Donoso Cortés por los poderes tradicionales. En este sentido, se llega a la víspera de un nuevo flujo de intercambios que está relacionado con la celebración del centenario de 1892, fallido, denunciado allí y acá, pero que se intensificará con los críticos al sistema oficialista canovista como José Martí, con la generación del 98, que impulsará una mentalidad regeneracionista también en América [Altamira, Unamuno, Maeztu, y sus pares Henríquez Ureña, Rojas, Darío, Rodó y la reivindicación de la ciudad letrada]. Esas relaciones tejidas con ideas que cruzan el Atlántico en una y otra dirección fueron constituyentes del propio espacio intelectual de principio de siglo [Ortega y sus corresponsales, como Reyes, Vasconcelos] y le ofreció su legitimidad de intervención y su espacio de acreditación a los grupos de filósofos e intelectuales. El déficit de conocimiento en España de estas redes intelectuales es clamorosa y sin ello no se puede comprender la productividad del exilio posterior a 1939, que ha sido estudiado con más intensidad, pero que quizá pueda ser reordenado desde una perspectiva adecuada desde estos antecedentes. El encuentro por ejemplo entre Zambrano y Lezama, o la reivindicación de Saavedra Fajardo por parte de Ayala, o la amistad Gaos-Reyes, las reflexiones iniciales de Paz, la obra de Martínez Estrada, de J. C. Mariátegui  y su relación con Luis Araquistáin, pueden tener sus raíces comunes en su conciencia de la necesidad de una revisión de la época imperial. Por eso, en cierto modo, no se puede comprender este espacio intelectual de finales del XIX y principios del XX sin un adecuado abordaje de la legitimidad imperial.

II. C. Legitimidad de grandes espacios. Esa falta de rotundidad de la forma Estado  conoció siempre las tensiones entre pluralidad y centralización, entre espacio estatal y local, entre casticismo local y la idea nacional. La debilidad y fragmentación de ambas ideas opuestas generó el imaginario global de América ya de Enríquez Ureña, o de Hispanidad, de Raza Cósmica, desde Vasconcelos, y dieron relevancia mundial al pensamiento de América, y prepararon a los escritores americanos a vincularse al problema central de un nuevo Nomos de la Tierra y la emergencia de nuevos sujetos geoestratégicos ante la presión imperial USA. Lo paradójico es que la única manera de defender la identidad de un gran espacio suramericano fue identificar un pasado histórico común que debía posicionarse respecto de la época imperial hispana. Así, esta época imperial sirvió para la doble función de explicar el retraso tanto como para explicar la promesa de un futuro de gran espacio unido. Las específicas formas imperiales de tratar a los pueblos originarios con una homogeneización débil, los restos de imaginarios religiosos anti-liberales, la subsistencia de aspectos comunitarios fuertes, las formas eficaces de comunicación simbólica, la imponente naturaleza intacta, la continuidad de asentamientos telúricos sostenidos por una conciencia histórica permanente, todo esto que se veía en el siglo XIX como síntomas de una sociedad bárbara, se vio como germen de emancipación para los movimiento marxistas, populistas, post-coloniales, antropológicos. Con ellas se ha llegado a la época postcolonial actual, que también deja atrás la época de los Bloques.

Respecto de esta tercera época y los intentos de generar una legitimidad supraestatal en la época de la postcolonialidad general, nos lleva a enfrentarnos a las formas de comprender esta realidad postcolonial. Las ideas de la teología de la liberación, la propuesta de recomponer el mapa político integrando nuevas realidades de grandes espacios como el Tiwantunsuyu y en general la impugnación de la categoría de Hispanoamérica, de Latinoamérica y la apuesta por una forma prehispánica de representarse el Continente, se abren camino en la bibliografía de forma intensa. Esta idea se pone en relación con la reivindicación de espacios políticos propios de los pueblos originarios, que rompen con la forma Estado, con su estructura constitucional, con la idea de legislación, y que dejan un futuro abierto desde el punto de vista religioso, cultural y político. Todas estas invocaciones de un ser originario, que no puede ignorar el legado de Heidegger, y que conecta con los intereses deconstructivos, buscan de forma ansiosa una legitimidad que se hace visible ante todo en el intento de desmontar el pasado como una voz espuria, impuesta desde la diferencia colonial. A intervenir en este punto se dedica la dimensión del proyecto que tiene como finalidad concreta la producción del volumen de la Iberian Postcoloniality de la editorial Blackwell, encargada a Moreiras y Villacañas [Apéndice 1]. Como es natural, la producción bibliográfica aquí es bien conocida [Moreiras, Dussel, Quijano, Mignolo, Magaña, De la Cadena, etc.]. Su punto débil es ignorar la legitimidad imperial, su práctica material de poder, su diferencia respecto a la práctica colonial europea contemporánea. Una intervención alternativa y crítica a la visión dominante en este campo no es posible de realizar de forma adecuada sin conocer la época imperial y los problemas de la época republicana. Por eso este proyecto prefiere avanzar a la vez en el conocimiento de las tres épocas, porque de otra manera no puede ofrecer una adecuada relectura de ninguna de ellas. La apuesta por entender de forma crítica la producción intelectual presente, destinada sobre todo a cuestionar la herencia hispana como obstáculo para ordenar el espacio americano, e incluso a cuestionar la herencia latina con la finalidad de recomponer una América indígena que deje de ser incluso América, sólo puede desplegarse desde la comprensión de la heterogeneidad, el arraigo y el diálogo atlántico constituyente. Eso sólo puede entender desde un horizonte histórico imperial que reclama la diferencia radical respecto de la dominación colonial.

 

OBJETIVOS DEL PROYECTO

 

Las razones para plantear esta investigación son:

1. Superar la inexistencia de una investigación de longe durée que trabaje con estructuras teóricas y morfologías intelectuales y conceptuales con las que abordar las fuentes filosóficas.

2. Identificar un espacio intelectual hispanoamericano de diálogo en esa longue durée.

3. Recibir, ordenar, criticar y sistematizar, bajo esquemas conceptuales filosóficamente elaborados, la investigación de detalle.

4. Avanzar en la elaboración de un corpus sistemático de fuentes del pensamiento iberoamericano, hoy inexistente.

5. Construir una comunidad de estudio amplia sobre el pensamiento iberoamericano, hoy igualmente dispersa.

Las hipótesis de partida son 1ª: existe una estructura plural, heterogénea y descentrada del espacio intelectual iberoamericano que es condición de posibilidad de una sociedad moderna. Y esto sucede desde la época imperial. 2ª. Esa época imperial generó la impronta de gran espacio intelectual iberoamericano atlántico que se mantuvo bajo las nuevas repúblicas y también en el reino de España. Esa continuidad generó el largo diálogo de ideas desplegados a finales del siglo XIX y XX y que pensaban las naciones desde una perspectiva mundial. La 3ª hipótesis es que esa impronta de la época imperial sobreviviente generó un isomorfismo y etiología post-imperial común a las republicas americanas y a España, que permitió la formación de redes atlánticas de intelectuales densas y recíprocamente significativas, pues abordaban problemas comunes desde plataformas sociales parecidas. La 4ª hipótesis es que la debilidad endémica de la forma Estado generó diagnósticos sobre patologías de profundo parentesco (caudillismo, populismo, poderes especiales), pero también que, por este déficit de la forma Estado, mantuvieron su vigencia las formas supranacionales de Hispanidad, de América, de Tawantinsuyu, que vincularon la producción intelectual al problema central de los grandes espacios y a la emergencia de nuevos sujetos geoestratégicos, hasta el presente.

Los antecedentes y resultados previos del equipo solicitante que avalan la validez de la hipótesis de partida se pueden dividir en tres aspectos: uno, la elaboración de los marcos conceptuales en los que el proyecto se desarrolla; dos los aspectos de investigación concreta material y de detalle que acreditan nuestra formación académica para abordar con garantías el proyecto; tres, los aspectos organizativos que nos permiten asegurar nuestra capacidad técnica y profesional para realizar el proyecto.

1. ASPECTOS CONCEPTUALES. Todo el proyecto de investigación reposa sobre la identificación de una metodología básica de la que se deriva una morfología fundamental de poder legítimo que corresponde a la especificidad del proyecto imperial hispano. Sin esta morfología básica imperial, y sus prácticas materiales de poder, no es posible abordar con garantías el proyecto, porque no es posible identificar las estructuras de larga duración sobre las que se asienta el devenir histórico de las sociedades hispanas. Sobre esta base de legitimidad imperial se puede conocer la debilidad de la forma Estado moderno, tal y como surge desde 1812. Nada en una política post-imperial permite derivar con facilidad la forma Estado. Es estudio de estos problemas ofrece una base adecuada para entender las formas de pensamiento actuales, de naturaleza post-colonial. Pues bien en relación con estos problemas, miembros del grupo han estudiado la forma de legitimidad imperial [Villacañas, Moreiras, Rivera, Herrera, A. Díaz], la forma estatal [Forte, Hermosa, Rivera], postcolonial [Castro]. Una fuente decisiva para este punto es el estudio del Nomos de la Tierra de Carl Schmitt y sus consecuencias [Moreiras, Villacañas en South Atlantic Quarterly, Volume 104, Number 2, Spring 2005]. Sobre estos temas hemos editado los números monográfics 23 y 24 en la revista Araucaria, que se dedica a estos temas [Villacañas, Hermosa, Herrera, Díaz]. El encuentro de Stanford en 2009 dedicado a la forma imperio contribuyó a definir el sentido de la dominación imperial [Villacañas]. Igualmente el encuentro de Aberdeen de 2009 y el Texas de 2010 [Orden, Rivera, Moreiras], han abordado aspectos de la problemática postcolonial, analizados por Moreiras de forma continua. Por último los aspectos metodológicos acerca de una práctica de la historia de las ideas se han abordado en el encuentro de 2010 en Madrid [Lomba, Forte, Rivera, Castro, Villacañas]. Este aspecto teórico es el más importante, por ofrecer el marco convergente de investigación.

2. ASPECTOS CONCRETOS DE INVESTIGACIÓN: Pero los trabajos de orientación teórica no han impedido que tengamos a la vista trabajos concretos. Se pueden ver los trabajos de cooperación en la obra fundamental Relatos de Nación, sobre guerras imperiales en Revista de Filosofía Politica de Italia [Moreiras, Villacañas], sobre los aspectos del federalismo iberoamericano [Rivera], del Krausismo [Orden], de la visión de América por parte de España, en el siglo XVIII [Herrera], de las relaciones del exilio español [Chacón, Villacañas], de la transferencia de sentido del derecho desde España y Europa a los regímenes republicanos americanos [Marcos], del sentido de la expansión atlántica y los debates sobre su forma [Villacañas], de los relatos de nación [Rivera], del sentido del gobierno en Guamán Poma de Ayala, o sobre Teresa de Mier y la formación de una teología política mexicana [Villacañas]. También sobre las formas de recepción del pensamiento conservador en México [Ángel Octavio], sobre la influencia de los pensadores como Altamira, Unamuno [Flórez], Ortega [Villacañas, Stanford, 2009], discusiones sobre el sentido de la ciudadanía imperial [con Herzog, en Madrid, 2011], las participaciones de algunos miembros del equipo en las discusiones del grupo Columnaria del prf. Ibáñez sobre el estatuto de la frontera en la espacialidad imperial.

3. ASPECTOS ORGANIZATIVOS. La parte fundamental del grupo ha realizado encuentros amplios en los últimos años sobre estas problemáticas: encuentro de Stanford [marzo 2009] sobre ciudades en los imperios, encuentro de Madrid [ junio de 2011] sobre la misma temática, encuentro en Aberdeen sobre la estructura del imperio español [mayo 2010], encuentro de Murcia sobre el cambio de configuración del imperio español en 1648 [abril 2010], encuentro de Madrid sobre abordajes de historia intelectual [2010], encuentro de Texas sobre postcolonialidades ibéricas [febrero de 2011] y encuentro de Madrid sobre este mismo tema en febrero de 2012. En todos estos encuentros se han trabajado cuestiones relacionadas que ofrecen la base adecuada para mantener una investigación activa en el campo. A todo ello se debe añadir la realización fundamental del grupo: la propia Biblioteca Saavedra Fajardo de Pensamiento Político Hispánico, que permite la elaboración de un foro teórico bajo plataformas moddle [apoyada en la experiencia de G. Muñoz-Alonso]

1. Abordar las principales ideas filosóficas que nos permitan comprender la legitimidad de las tres épocas definidas por el proyecto y sus problemas: la legitimidad de la época imperial, la dificultad de la legitimidad republicana y la apertura a la época de la poscolonialidad generalizada. Definir una ratio filosófica que ilumine las prácticas materiales por las que un poder se obedece/desobedece en estas épocas, sus principales bases conceptuales, a menudo implícitas, así como sus límites y problemas. Y esto a través del hecho de que esta ratio aspira al reconocimiento de un espacio amplio euroamericano respecto al cual, y como público, se acreditan los planteamientos, los argumentos y las ideas.

2. Integrar en estos sistemas conceptuales de larga duración y amplio alcance la investigación de detalle sobre transferencias filosóficas o intelectuales concretas, diálogos precisos, influencias recíprocas respecto a conceptos clave que operan en el seno de esas constelaciones históricas definidas por estas épocas: investigación concreta sobre formas de hispanización, construcción de identidad política, eficacia de religión política popular, recepción y críticas de ideas concretas [soberanía, positivismo, federalismo, krausismo, marxismo, postcolonialidad, etcétera].

3. Realización durante el tiempo del Proyecto de la “Iberian Postcoloniality”, libro encargado por la editorial Blackwell de Londres como parte de la Postcolonial Enciclopedy, y que incluirá aprx. 100 voces de alto contenido conceptual, que abordará el sentido de la postcolonialidad, esto es, de las realidades no completamente atravesadas por el dispositivo estatal y que sobrevivieron de la época imperial, aunque transformadas por las prácticas materiales de los poderes republicanos e imperiales.

4. Inicio de configuración de una base documental fundamental iberoamericana semejante a “Hombres y Documentos de la filosofía española”, el centro de Documentación de la BSF.

5. Crear un espacio de discusión iberoamericano en red con la plataforma digital BSF que permita circular la información sobre el avance del conocimiento de nuestra propia historia intelectual, realizada de forma dispersa, temporalmente difusa, con publicaciones desconocidas entre sí.

Creemos que de esta manera se atiende un planteamiento nuevo y de especial relevancia para la identificación del espacio intelectual en español.