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Chantal Maillard

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MUSEO VIRTUAL
Henri Michaux | Retrato de los Meidosems
[Selección y Traducción de Chantal Maillard]
 

Este texto formó parte del 'Museo Virtual' de Theoria. Proyecto Crítico de Ciencias Sociales y Jurídicas  Grupo de Investigación de la Universidad Complutense de Madrid, consolidado en el año 2004, del que el Prof. Román Reyes fue fundador y director

 
 
Toman la forma de burbujas para soñar, toman las formas de las lianas para conmoverse.Apoyada contra un muro, un muro que, por lo demás, nadie nunca volverá a ver, hay una forma hecha de una cuerda larga, está ahí. Se entrelaza.Eso es todo. Es una Meidosem.Y espera, ligeramente desplomada, aunque mucho menos que cualquier cordaje de la misma dimensión apoyado sobre sí mismo.Espera.Dias, años, venid ahora. Ella espera. La extremada elasticidad de los Meidosems: he aquí la fuente de su gozo. De sus desdichas también.Unas balas caídas de un carro, un alambre que se balancea, una esponja que embebe, ya casi empapada, la otra vacía y seca, un vaho sobre un espejo, una huella fosforescente, miren con atención, miren. Puede que sea una Meidosem. Puede que todos sean Meidosems ... sobrecogidos, aguijoneados, henchidos, endurecidos por sentimientos varios ...
 
 
En lo alto de sus largas piernas finas y curvadas, grande, graciosa Meidosem.Sueño de carreras victoriosas, alma de añoranzas y proyectos, alma, para decirlo de una vez.Y se lanza, perdidamente, a un espacio que la bebe sin interesarse por ella.

Helo aquí que pasa como un obús. Velocidad que el ojo no puede seguir. ¿Qué ocurrirá?. Que estallará en cien pedazos al llegar, sin duda alguna, y en la sangre. Oh, no, ni siquiera ha salido.No salió sino con su caminar de alma.

Hoy es la tarde de solaz de las Meidosems. Se suben a los árboles. No por las ramas, sino por la savia.La escasa forma fija que tenían, cansadas hasta la muerte, van a perderla en las ramas, en las hojas y el musgo, en los pedúnculos.Ascenso ebrio, suave como jabón penetrando en la mugre. Rápido en la hierbecilla, lentamente en los viejos álamos. Suavemente en las flores. Bajo la ínfima pero fuerte aspiración de las trompas de mariposas, ya no se mueven.Luego descienden por las raíces dentro de la tierra amiga, abundante en tantas cosas, cuando se las sabe coger.Gozo, gozo que invade el pánico, gozo como bajo una manta.Depués hace falta bajar al suelo las crias de los Meidosems que, perdidas, ofuscadas en las árboles, no pueden ya soltarse.Amenazarlas, o incluso humillarlas. Entonces vuelven, se las despega fácilmente y se las trae de vuelta, repletas de jugo vegetal y de resentimiento.

Una sarna de chispas carcome un cráneo doliente. Es un Meidosem. Es una pena que corre. Es una huída que rueda. Es el tullido del aire que se agita, enloquecido. ¿Acaso nadie podrá ayudarle?.¡No!

Se pusieron los guantes para acudir a la cita.En el guante se encuentra una mano, un hueso, una espada, un hermano, una hermana, una luz, depende de los Meidosems, de los días, de la suerte.En la boca se encuentra una lengua, un apetito, palabras, una dulzura, el agua en el pozo, el pozo en la tierra. Depende de los Meidosems, de los días, de la suerte.En la catedral de la boca de los Meidosems también hacen flamear pabellones.

Un cielo de cobre le cubre. Una ciudad de azúcar le ríe. ¿Qué hará?. No hará fundirse la ciudad. No podrá perforar el cobre.Renuncia, pequeño Meidosem.Renuncia, estás en plena pérdida de sustancia si continúas ... Él gusta, y no obstante ...Duerme a caballo en su pena inmensa. Su camino es el horizonte circular y la Torre perforada del cielo astronómico.Él gusta. Su horizonte inadvertido ensancha a los demás Meidosems que dicen: "¿Qué pasa? ¿Pero, qué pasa? ..."  Y notan algo extraño, algo así como un ensanchamiento al aproximarse.Y, no obstante, duerme a caballo en su pena inmensa ...

¡Peligro! Hay que huir. Es preciso. Rápido.No huirá. Su dominador derecho no se lo permite.Pero es preciso. No quiere su dominador derecho. Su espantador izquierdo se agita, se retuerce torturado, aúlla. Es inútil, no quiere su dominador derecho. Y muere el Meidosem que, indiviso, hubiese podido huir.Se acabó la vida. Ni rastro de ella. Sólo se podrá, si se tiene mucho interés, convertirla en relato.

No sólo Cristo fue crucificado. Éste también lo fue, Meidosem inscrito en el polígono alambrado del Presente sin salida.Mucho más allá de una sentencia de juez, mucho más allá de un desmoronamiento de ciudades.La plenitud de su llaga le aisla del accidente.Padece como reina.

Una nube, aquí, hace una nariz, una nariz ancha y esparcida del todo, como el olor en torno a ella, hace un ojo también, que es como un paisaje, su paisaje delante de él, y ahora dentro de él, en la gigantesca cabeza que crece, crece desmesuradamente.

Una venda sobre los ojos, una venda bien apretada, cosida al ojo, cayendo inexorable como persiana de hierro abatiéndose sobre ventana. No obstante, es como su venda con lo que ve. Es con todo su cosido con lo que descose, con lo que vuelve a coser, con su carencia con lo que posee, con lo que agarra.

Se transforma en cascadas. en fisuras, en fuego. Ser Meidosem es mudarse así en visos cambiantes.¿Por qué?Al menos no son llagas. Y ahí va el Meidosem. Antes reflejos y juegos de sol y sombra, que sufrir, que meditar. Antes cascadas.

Meidosem que alza el vuelo por una cortina regresa por una cisterna.Meidosem que se arroja a un arroyo, vuelve a encontrarse en un estanque. Oh, extraña, extraña naturaleza de los Meidosems.