Proyectos de Innovación

Madrid

Autoría: Marisa Bueno Sánchez

Año inclusión: 2021

País actual: España

Nº entrada: 0001

© Derechos del texto: https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/

Cita: BUENO SÁNCHEZ, M. (2020), "0001. Madrid", e-Civitas. Base de datos de Ciudades Medievales. Proyecto de Innovación Docente UCM (Innova UCM 405). Disponible en: https://www.ucm.es/e-civitas/madrid/


Orígenes

Antecedentes urbanos

La zona de Madrid ha estado habitada desde la antigüedad, sabemos que los carpetanos vivían esta zona y que en tiempos de los romanos fue explotada agrícolamente, como demuestran las villas que han aparecido en el territorio de la ciudad de Madrid destacando, por su cercanía, la de Meaques, ( Pérez Barradas 1933, 1934, 1935) o las de Carabanchel, o la de la calle Segovia, planteando un espacio estructurado desde la época romana ( Vega, Petri, Herrera, Cuesta, 2017; Abascal Palazón, 2017). 

 Sin embargo, la existencia de estos enclaves no implica que los núcloes existentes tuviesen funciones urbanas, siendo mas bien grandes villas con explotaciones agrírcolas anexas aún en funcionamiento en el siglo IV. Para la mayoría de autores existe consenso en la fundación de Madrid en época islámica (Mazzolli Guintard, 2009) , sin siguen existiendo teorías sobre su funcionamiento en época visigoda, visigoda sobre todo en lo que respecta a la divulgación histórica (Hidalgo et alii, 1986: 7), lo que es arqueológica y documentalmente indemostrable, por lo que se trata de puras conjeturas, derivadas quizás de la historiografía nacionalista del s. XIX. El único resto de época visigoda encontrado corresponde a los restos humanos de un individuo que aparece en las excavaciones de la plaza de la armería , sin que pertennezca a un contexto funerario comunitario, sino a una deposición incidental y aislada ( Andreu, Paños, 2012) .

 

Fundación

Cuando los musulmanes llegaron, ellos encontraron “un pueblo arcaico de cazadores y pastores” pero se dieron cuenta de la importancia estratégica del lugar (Ruiz, 2011: 40). Toledo, una ciudad importante y con una tendencia para la rebelión se situaba a menos de 100 kilómetros al sur de Mayrit. En la época, había una ruta que conectaba Toledo con el norte de la península, pasando por las montañas de Guadarrama, un lugar por donde los ejércitos enemigos podrían marchar en caso de guerra (Ruiz, 2011: 40). Ahí está la clave de la decisión de la parte de Muhammad I de establecer un punto fuerte en el futuro Madrid en 865 (Ruiz, 2011: 40). Ya se ha visto como un castillo u otra fortificación, incluso los que solo tenían una pequeña guarnición, podían servir como un obstáculo importante contra cualquier incursión armada en un territorio. Si un ejército veniendo del reino de Asturias o de sus sucesores tentaba la reconquista de la ciudad de Toledo, primero tendría que afrentarse contra los muros de Mayrit y las otras fortificaciones musulmanas. Esto resultaría en un asedio de larga duración, durante cual era muy probable que las fuerzas ofensivas agoten sus suministros o eventualmente enfrentar una fuerza de alivio (Mavin, 2019: 52). Si decidían de ignorar esas fortificaciones y las dejaban atrás, era muy posible que las fuerzas arbitradas adentro saldrían para cortar las líneas de comunicación del ejercito enemigo y así perturbar su logística y coordinación. Además, el agua era un recurso muy importante y el hecho de que Mayrit era basada en un lugar para controlar el suministro de agua significaba que no podía ser ignorada por un ejército enemigo que intentaba realizar operaciones militares en la región. 

Estas funciones de carácter militar son reflejadas  por el cronista  Ibn Ḥayyan el cual apunta que Muhammad I  con la preocupación de proteger al pueblo y al territorio de ataques decidió proteger y fortalecer las fronteras, fundando una serie de ciudades o recintos fortificados logrando así una mejora defensiva de los enclaves situados cerca de Toledo alrededor del 852 d.C.  En los escritos observamos como Ibn Hayyan escribe lo siguiente “él fue quien ordenó a la población de Tulaytula (Toledo) edificar el castillo (ḥiṣn) de Talamanka y las dos sendas fortalezas (ḥusun) de Maŷriṭ y Binna Furaṭa (Peñafora)».”  ( Malalana Ureña, A., 2017. 221-222).  La fundación de Madrid debe inscribirse en un contexto general de renovación de la vida urbana en al-Andalus que va desde la fundación de Murcia (825) hasta la de Madànat al-Zahrā en el 936 , es decir el máximo momento de expansión urbano de al-Andalus ( Mazzoli-Guintard, 2011, 34).

Como se observa la ciudad de Madrid en un principio no posee funciones urbanas, y será mas   tarde a finales de sigo IX principio del sigo X cuando realente empiece a tomar un mayor protagonismo en la estructura territoriald e al-Andalus  funcionando como madina, gobernada por uno de losmiembros de la familia Banu Sālim, en particular Abd Allah ibn Muhammad ibn Ubayd Allah,  que fue nombrado en el 850 , a la vez que un «indígena», Garsiya (García) ibn Ahmad, se hacía cargo del gobierno de Talamanca y Arzaq ibn Maysara, gobernaba Guadalajara. Conforme el poder central se fue asentando en la frontera, los Banu Sālim decayeron tanto en Madrid como en Guadalajara y Medinaceli para evitar las posibles subevaciones y revueltas derivadas del asentamiento definitivo de élites consolidadas (Bueno, 2011). Los banū Sālin fueron  una de las principales familias de la marca media clientes de los Omeyas y encargados de controlar las rebeliones toledanas. La denominación como madina en los principales geógrafes árabes. La fecha exacta de la transformación de funciones de  ḥiṣn madina es difícil de determinar. Entiende por su parte Mazzoli Guintard que este cambio se produce cuando un asentamiento se convierte en capital administrativa de cierto distrito, acogiendo la residencia de un gobernador y una administración. (Mazzoli Guintard,2009, 26).  En la historiografía moderna se ha intentado precisar la diferencia entre ḥiṣn y mādina, aunque los autores medievales nunca se preocuparon por hacerlo, siendo los criterios de dedinición la existencia de muralla, el emplazamineto de poderes civiles con capacidades administrativas, a existencia de sabios y de mezquitas que articulen la vida religiosa, y la existencia de un mercado. Parece que durante el siglo X y el siglo XI el primitivo núceo de Mayrit desempeño estas funciones urbanas.


Urbanismo

Desarrollo urbanístico

Se parte de una madina de escasas dimensiones que sufrió diferentes procesos de expansión y contracción antes de la conquista cristiana. Se parte de un recinto de escasas dimensiones unas 4 hectáreas que corresponden a la alcazaba y albacar de la ciudad, situándose del mismo asentamientos de carácter rural destinados al abastecimiento urbano. Fuera del recinto andalusí, pero en sus inmediaciones, los arqueólogos han localizado cuatro zonas en las que se han documentado pozos y silos, transformados después en basureros. El material aparecido en su interior se ha venido fechando entre los siglos ix y xi. Con esta escasa e imprecisa información, Mazzoli Guintard  excluye que se trate de restos de arrabales, inclinándose, más bien, por identificarlos como pertenecientes a asentamientos dispersos, contemporáneos a la fundación de la ciudad e independientes de ella en origen. Finalmente propone que la ciudad pudo desarrollarse conforme a un patrón de asentamiento similar al visto en Marroquíes Bajos (Jaén) y Pechina (Almería), que según ella sería el característico durante los siglos ix y x. siguiendo las propuestas del grupo de jaén, defiende que a finales del siglo ix, el progresivo establecimiento del poder andalusí  iría acompañado de este tipo de asentamientos donde núcleos de casas crecen alrededor, pero separados, del reducto fortificado. La trasformación de los silos en basureros los fecharía alrededor del siglo X  en en realcion con el comienzo de las imposiciones omeyas sobre las rentas agrícolas, momento en que según la autora decrece la necesidad de almacenamiento de las familias. Este modelo dejaría de funcionar a principios del siglo xi, cuando, con la caída del califato, aparece el modelo clásico de medina andalusí, donde la mayoría de la población se reúne dentro de las murallas. Esta teoría de la amortización de los silos no es uniforme , y parte de la interpretación hstoriográfica asocia su abandono al momento de conquista cristiana, con la ampliación de la ciudad y el despazamineto de las zonas de huerta a áreas mas distantes del centro urbano en la orilla del Manzanares. ( Mazzoli Guintard, 2011) .El reincto urbano de época andalusí poseía tres puertas, la puerta de la Vega, la puerta de la Sagra, localizada en las inmediaciones de la Plaza de la Armeria (Andreu, 2012) ; y la puerta de la Santa maría o puerta de la mezquita,  destruida en el  siglo XVI, y no porque ya no fuese útil o estable, sino porque el Rey Felipe II quería aprovechar el emplazamineto para construir una calle mas grande.  De l alacazar omeya no hay rasto arqueoógico, parece que el Alcázar de los Austrias y luego el Palacio Real de los Borbones fueron colocados en el mismo lugar que el antiguo alcázar musulmán (Ruiz, 2011: 71).

Tras el paso de la ciudad a manos cristianas en 1085 se modifica la estructura urbana y las dimensiones de la cerca urbana pasando de tener 4 hectáreas a 35. La segunda muralla de Madrid fue construida por Alfonso VII en el siglo XII y era el triple de extensa que la primera, rodeando 35 hectáreas de terreno. La construcción de la muralla fue progresiva, en el momento de la concesió del Fuero aún no estaba terminada de hecho se comenta expresamente que se destinen parte de los impuestos a la construcción de la cerca: “«todas las caloñas del Concejo inviértanse en la obra de la muralla hasta que se termine».( Alvarado Planas, Oliva Manso, 2019, 237),

Constaba de 4 puertas, hoy inexistentes al haber sido derribadas en diferentes momentos: Puerta de Valnadú, Puerta de Guadalajara, Puerta Cerrada y Puerta de Moros sobre la actual Plaza del Humilladero, entre las calles Almendro y Cava Baja. Esta puerta fue demolida en el siglo XVII.

Así mismo la villa de Madrid se subdividía en diez barrios o colaciones, cada uno de los cuales se organizaba en torno a una de las parroquias. Coincidían así la estructura administrativa con la religiosa, lo que no tenía nada de extraño ya que entre las obligaciones tributarias que recaían sobre los madrileños se contaba el diezmo de la iglesia ( Alvarado Planas, Oliva Manso, 2019, 111) . Existían en el Madrid plenomedieval diez colaciones, cada una de ellas bajo la advocación de una santa o santo, tal y como lo atestigua la Carta de otorgamiento (Santa María, San Andrés, San Pedro, San Justo, San Salvador, San Miguel de los Otores , San Juan, Santiago, San Nicolás y San Miguel de la Sagra. Cada una de estas colaciones elegía anualmente sus propios oficiales: un alcalde, un fiador y, en un momento posterior, varios justicias ( Alvarado Planas, Oliva Manso, 2019, 239).

Durante la segunda mitad del siglo XV Madrid conoció un período expansivo. La población de la ciudad, que podemos estimar para 1450 en unos 5.000 habitantes, pasó a ser de unos 8.000 en 1483 y cerca de 12.000 en 1496. Significativamente, el crecimiento afectó mucho más al Arrabal que a la Villa Vieja —el recinto amurallado— cuya población incluso llegó a descender. El concejo se quejaba de ello tras el incendio y destrucción de las edificaciones situadas en las inmediaciones del Alcázar en 1474, durante la guerra civil que siguió a la muerte de Enrique IV, "... lo cual todo dió ocasión a que los vecinos de la dicha Villa se saliesen a bevir fuera della, asy a los arrabales como a las aldeas e señoríos comarcanos...". Para favorecer la recuperación de la Villa Vieja, el concejo decidió otorgar una exención temporal a los que se decidiesen a habitar “muros adentro” de la Villa (Pererira Pereira, 2001, 167) .

En el caso del recinto de época andalusí de las 4 hectareas, se conservan un diez por ciento escaso del trazado urbano visible, fundamentalmente en el área del parque de Muhammad I (Retuerce y Ponce de León, 1986 y 1989), donde se conservan un lienzo exento de la primitiva muralla de la ciudad ( Imagen 1) , y los restos de la cimentación de una atalaya isámica en el parking del Palacio de Oriente, (Imagen 2)  así como mútiples material islámico procedente de la cuesta de la Vega y de las excavaciones e la Plaza e Oriente  ( Retuerce, 2004) .

En el caso de la cerca cristiana, es escasamente visible un veinte por ciento del trazado de la misma, en determinadas áreas urbanas, como resultado de la acometida de obras de demolición de las casas anexas que han ido cubriendo los lienzos de la muralla convirtiéndola en un trazado invisible. En este sentido se puede recocer su trazado en la calle Escalinata ( Imagen 3), y en múltiples edificios de esa calle donde las torres circulares de la misma se integran en las propias construcciones del siglo XXI. El tejido urbano se plantea coo un tejido vivo que absorbe e integra la morfología anterior que queda oculta y solo visible si buscaos específicamente las estructuras urbanas. El trazado se encuentra también visible en  los bares de la Cava Baja y en la Plaza de los Carros, así como en la calle de los Mancebos donde se puede apreciar el material constructivo   y la forma de construcción, en este caso e muro ha perdido completamente el forro conservándose el relleno que aparece reintegrado en el muro de la calle Mancebos

En el caso de las iglesias del Fuero, no todas ellas se mantienen en pie. Muchas de ellas se han exhumado gracias la los trabajos de arqueología urbana, como el caso del ábside de la primitiva iglesia de Santa maría en la calle  Mayor, presuntamente situada en el emplazamineto de la antigua mezquita, o el caso de la iglesia de  San Juan en la Plaza de Ramales. ( Mena, Méndez, Velasco, 1999-2001) . Algunas de las iglesias del fuero solo se conserva su memoria, como el caso de San Miguel de los Otores, situada en las proximidades del actual Mercado de san Miguel. Otras de las iglesias se mantienen en pié habiendo sufridos múltiples reformas como en el caso de san Pedro el Viejo, o la Iglesia de san Andrés.

Uno de las restos mas significativos del Madrid del transito entre la baja edad media y la época moderna es la Capilla de Obispo, un edificio anexo a la iglesia de San Andrés levantada entre 1520 y 1535 para el depósito de los restos de san Isidro con inicitiva de la familia Vargas y en particular de Gutierre de Vargas, Obispo de Plasencia entre 1524 y 1559, el nomre oficial de la capilla fue de San Isidro y san Juan de Letrán, y funcionó como depósito de los restos de san Isidro hasta 1544 cuando el capelan de san Andrés traslada los restos a su parroquia hasta el siglo XIX, en que fueron trasladados a la catedral. A partir de 1547 la capilla fue la capilla funeraria de los Vargas . Es uno de los pocos ejemplos de gótico tardío en Madrid ( Guerra Chavarino, 2010, 24-31)


Poder civil

En época islámica destaca la familia de los Banu Sālim, gobernadores de la ciudad desde el nombramiento de Ubayd Allāh B. Sālim  en el 850 ( Bueno, 2011, 183), ocupando los miembros de la familia el cargo  hasta su deposición en el año 920, después de todo el norte de la Marca Media quedase en manos del control de Gālib general de Abd el Rhaman III encargado de la refortificacion de la marca media que en esos años tendrá como capital Medinaceli en el 946 tras su fortificación (Bueno, 2016) .

Mayrit cae en las manos de los ejércitos  al miso tiempo que Toledo, ya que forma parte de las ciudades de retaguardia  toledana, siendo todos es tas ciudades integradas en los dominios de Alfonso VI mediante pacto (Ruiz, 2011: 66). Cuando Alfonso VI gano el control de Toledo, también se aseguró de ganar el control de Mayrit. El rey sabía que, si el alcázar estratégico se hubiera quedado en las manos de sus enemigos musulmanes, sería muy difícil consolidar su posición en las tierras adquiridas. Además, unos años más tarde, la ciudad sobrevivo un asedio musulmán en 1109, aunque una porción de la ciudad si fue muy dañada (Ruiz, 2011: 69). Esto muestra que la ciudad seguía siendo importante en la lucha por el dominio de la península.

Madrid quedó, a partir de entonces y durante más de seis décadas, como una región segura y tranquila y lo aprovechó para fomentar su condición de eje de comunicaciones y centro mercantil y artesanal . Los choques con los musulmanes tenían lugar a una distancia prudencial de la villa, en tierras conquenses o en las aún más alejadas planicies manchegas. El peligro solo acechó por tierras toledanas en 1172 y sin excesiva importancia al tratarse de una maniobra de diversión que encubría la auténtica amenaza que no era otra que la conquista de Huete. No se volvió a ver a la caballería almohade hasta 1182 cuando se plantó ante los muros de Talavera13. Sin embargo, toda la frontera toledana saltó por aires en 1195 tras la derrota de Alarcos que permitió a los almohades la llegada hasta Alcalá de Henares ( Bueno, 2007, Martínez díez, 2007, 100-103) . Después de estos impactos el territorio tuvo que reconfigurarse enmarcándose en este contexto  la concesión del Fuero de Madrid por Alfonso VIII lo que supone un nuevo impulso  económico social de la villa en 1202.

Una de las principales familias tras la conquista cristiana fue la conquista de Ivan de Vargas, caballero asociado a Alfonso VI y cuyo linaje fue protagosnista en la vida urbana del Madrid Medieval. Sería Ivan de Vargas el que fue el conocido patrón de San Isidro , cuya casa perpetada por su linaje a lo largo de los años es actualmente el Museo de la Ciudad . Fueron los Vargas un linaje destacado durante toda la edad media participando en muchas de las principales batallas de la Reconquista :Diego Pérez de Vargas, luego conocido como Diego Machuca, participa en la  la cabalgada de Jerez de 1236 , y  García Pérez de Vargas en 1248 participa en el  sitio de Sevilla según la  Priméra Crónica General de España  ( Diego Catalan, ed., 1977, I, capítulo 1084).  Junto a los Vargas ortros señores dominan la villa entre 1209 y 1250, como Diego López de Haro, Rodrigo Téllez Girón o Alfonso Téllez ( Alvaro Planas, Oliva Manso, 209, 102). Junato a elloa alguaciles y sayones se encatgan de la organización urbana .

Junto a ellos las élites urbanas madrileñas, capitaneadas por la nada cosmopolita nobleza local, están formadas sobre todo por propietarios de ganados y tierras de cultivo y, en menor medida, por hombres de leyes, algunos ricos comerciantes y unos pocos artesanos. Su poder lo anclan sobre un patrimonio territorial privativo, la administración de los propios, rentas y arbitrios del concejo, y en el intercambio desigual de bienes y servicios con su alfoz.

Las principales novedades Madrid como en toda la Corona de Castilla, vendrán de la mano del fortalecimiento del poder real durante los reinados de Alfonso XI (1312-1350) y Pedro I El Cruel (1350-1369), con la oligarquización institucional de la administración municipal, la inserción hegemónica de la nobleza en el sistema político articulado por los Trastámara y los conflictos sociales de la última década de la centuria. a. La conformación de la sociedad madrileña se vio así afectada por la aplicación definitiva del Fuero Real a partir de 1339, la generalización de la alcabala regia en 1342, la sustitución del concejo abierto por el Regimiento en 1348, la elaboración del Ordenamiento de Menestrales en 1351, el arranque de la señorialización de la Tierra de Madrid en 1360 y el progrom antijudío de 1391 ( Pereira Pereira, 2001, 164) .

De manera progresiva se produce la inserción hegémónica de a aristocracia en el sistema político de la momzarquía castellana . Los Lujanes, situados en la órbita del duque del Infantado, fueron partidarios del bastardo Trastámara, mientras que los Zapatas estuvieron al lado de Pedro I. La colocación de ambos linajes en bandos enfrentados no era sino la consecuencia de la lucha tradicional entre sus respectivas facciones dentro de la Villa. La subida al trono de los Trastámara iplica un hitor en la señorización de la Tierra de Madrid . Entre 1360 y 1445 muchos pueblos —como Alcobendas, Barajas, Cobeña, Cubas, Griñón, Pezuela... y la extensa comarca del Real del Manzanares— caen bajo el dominio privativo de los linajes del patriciado urbano —Lassos, Lujanes, Luzones, Vargas, Vozmedianos, Zapatas, ...—, o de la poderosa casa alcarreña del Infantado. (Pereira, Pererira, 1995, 8) .

El esplendor e importancia de la villa fue aumentando, su posición central entre Toledo, Zaragoza , Valadolid hizo que desde finales finales del siglo XIV fuese frecuente la presencia de los soberanos castellanos y sus séquitos en Madrid. Las Cortes del reino se reunieron varias veces en la Villa. Juan II y sobre todo Enrique IV residieron en ella varias veces, los Reyes Católicos asentaron aquí su Corte en tres ocasiones —entre enero y abril de 1483, febrero y marzo de 1486, y agosto de 1494 y mayo de 1495— y era una de las ciudades preferidas por Carlos I para instalar a su séquito. Enrique IV realizó obras en el Alcázar acondicionándolo como residencia real, en el Alcázar, nacerá en 1462 Juana la Beltraneja, y dentro del mismo, en 1476, serán sitiados sus seguidores en las disputas por el control del trono de Castilla contra Isabel la Católica. Es en la iglesia de san Pedro el Viejo donde se produce la jura de los seguidores de Juana.

 En 1535 Carlos I reformó a su antojo la zona de la Villa Vieja que lindaba con el Alcázar. Cuando Felipe II instaló aquí a su Corte en 1561 la monarquía ya disponía de un espacio privativo dentro de la ciudad.( Pereira Pereira, 2001, 169).


Economía

Destacó la ciudad por la importancia de las actividades agropecuraias y sobre todo manufactureras  conociéndose un despegue a finales del siglo XV. Entre las actividades artesanales destacó la preparación de corambres. En esta época se levantaron numerosas tenerías tanto en el interior de la Villa Vieja —especialmente en la zona deprimida de los Caños Viejos, en la actual calle Segovia— como en los arrabales —zona de los Caños del Peral en la actual plaza de la Opera—. En 1489 los curtidores y zurradores madrileños se dotaron de unas Ordenanzas conjuntas —aprobadas por el concejo— que regulaban la práctica de sus oficios. Si bien otros oficios debieron esperar a los siglos XVI, XVII y, sobre todo, al XVIII para tener unas Ordenanzas propias, algunos —como labradores, cereros, zapateros y algunos oficios textiles— ya constituían corporaciones más o menos formales a fines del siglo XV. Al igual que los judíos o los mudéjares, estos oficios estaban obligados a asistir portando sus señales distintivas, a la ceremonia en la que la ciudad se mostraba como un cuerpo cohesionado, la procesión del Corpus Christi. (Pereira Pereira, 2001, 167) .

El principal mercado madrileño se ubicaba en la plaza del Arrabal de Santa Cruz y San Ginés —actual Plaza Mayor—, donde se instalaron comerciantes, tanto mayoristas como detallistas, de todo tipo de productos. En sus proximidades se desarrollo como enclave comercial la Puerta de Guadalajara, donde se establecieron algunos cambistas y comerciantes de productos suntuarios —libreros, joyeros, plateros ( Pereria Pereira, 2001, 167)


Minorías

En relación a las fuentes originales sobre la comunidad mudéjar de Madrid, hemos de tener en cuenta que estas no empiezan a ser abundantes hasta bien entrado el siglo XIV. En efecto, desde la conquista de Madrid por parte de Alfonso VI el Bravo en el año 1085 hasta la realización del Fuero de la Villa de Madrid en el 1202, hay un gran vacío documental de casi ciento treinta años, lo que podría indicar una gran disminución de la población mudéjar musulmana en la ciudad, que se habría marchado al Sur en busca de mejores condiciones de vida ( Miguel Rodriguez, 1990, 2007). Si bien esta teoría de la ausencia de población musulmana derivada de la ausencia docuemntal es una de las teorías mas seguidas, la inexustencia de documentación en ese momento sobre la población musulmana no es un indicativo de la inexistencia de la misma, de hecho en la regulación del Fuero de 1202 trata de regular la vida de la villa, mencionándose la existencia de “moros esclavos”, y de moros libres dentro de la villa de Madrid ( Alvarado Planas, Oliva Manso, 2019, 231)  lo que puede ser un indicio del detino de muchos de los pobladores de la villa.

 Posteriormente, la población de mudéjares habría aumentado a partir de musulmanes  procedentes de comunidades más al Norte de la Península, así como gracias al número de esclavos huídos capturados por las milicias concejiles que, posteriormente, adquirían la condición de libertos. Esto se corresponde con el apartado número 70 del Fuero de Madrid, que por un lado hace la diferencia entre “forro” o libre y moro “captivo” o “esclavo”, y, en el mismo artículo, invita a todo mudéjar que quiera acudir a la villa, sea esclavo liberto o emigrante de otra región, a hacerlo y acogerse a la protección del señor que desee: “Et alteros moros quod per auros exierunt aut ad alteram terra venerunt, qual senior voluerit, tale se prendat” ( Alvarado Planas, Oliva Manso, 2019, 141).

En el caso de las comunidades judías y mudéjares un docuemnto de 1238 limita la tenencia de propiedades rústicas, con la finalidad de salvagurdar los derechos del Concejo y las rentas derivadas de estas poblaciones cuya imposición recae en las arcas regias ( Fita, 1886,  doc.60).

 La primera referencia a la aljama de Madrid se encuentra en un documento de donación de Alfonso XI del año 1329, en el que corresponde a la aljama o comunidad mudéjar pagar 50 de los 500 maravedíes donados al monasterio de Santo Domingo el Real de Madrid. Teniendo en cuenta esta referencia, cabe deducir que la aljama de Madrid se constituyó durante el siglo XIII. Las funciones principales de la aljama eran la mencionada representación de la comunidad mudéjar frente a los cristianos y la regencia jurídica interna de la comunidad. De presidir la aljama y de llevar a cabo estas funciones se encargaba el alcaide, que en cierta medida derivaba su cargo y atributos de los qadies musulmanes. Conocemos los nombres de varios de los potentados que ocuparon ese cargo se encuentran a cargo, don Mahomad, que regía la aljama en 1348, a maestre Hamete (1402), Yuçuf Mellado o maestre Abraham ( Pérez Bustamante, 1995). En el siglo XIV los mudéjares se integran orgánicamente en la Villa con la constitución de la aljama —comunidad de carácter jurídico y fiscal, no territorial— y dejan de constituir un barrio específico, la Morería. Vieja, desparramándose por toda la ciudad. Sus ocupaciones eran similares a las de los cristianos, aunque algunos parecen haberse especializado ya en actividades relacionadas con la construcción inmobiliaria

 La aljama madrileña no se limitaba a la villa, sino que incluía a los habitantes de pueblos vecinos, como los de Barajas, Alcobendas, Móstoles, Pinto y Polvoranca. En total, el volumen de población englobado dentro de la aljama madrileña fue bastante modesto pese a su incremento durante el tiempo, y, a mediados del siglo XV, época de su apogeo, contaba con cerca de 250 familias en la villa de Madrid, lo que constituiría cerca del 3 % de los población de la ciudad, que se cifraba entonces entre los 8 000 y 10 000 habitantes ( Ladero Quesada, 2010).

Los testimonios mas antiguos relativos a la presencia judía en Mayrit remonta a los momentos  preconquista. Por un lado un docuemnto de 1053 el judío Simeón Ibn Saúl escribía una carta a suhermana notificándole el fallecimiento de dos hebreos que eran vecinos de la pequeña localidad árabe de Magent ( Roth, N., 1994, 146). Por la misma época y del mismo modo, un comerciante judío de Badajoz, de nombre Ismail ben Ishak, redactó también unas letras desde Siria a un amigo de Egipto, requiriéndole información sobre un mercader judío que debía hacerle entrega de una misiva de sus familiares y que, sin embargo, había variado su ruta, retornando a Madrid, su lugar de residencia (Asthor, 1979, II, 246) . Las siguientes pruebas de a existencia de la población judía son referentes al Fuero de Madrid de 1202 realizando escasas menciones al respecto. Apenas se habla de su representación por el juez (# 98) y de la existencia de carniceros judíos cuando se prohíbe que sus homólogos cristianos vendan carne preparada por ellos (# 59). (Avarado Planas, Oliva Manso, 2019, 141). Ya a lo largo del siglo xiii la comunidad judía de Madrid se fue consolidando^, como queda patente en el repartimiento de Huete de 1290, en el que la aljama de Madrid contribuyó con 10.605 mrs., cantidad relativamente significativa para el territorio de la Transierra castellana  (Carrete Parrondo, 1976, 127).

Cien años más tarde, la aljama madrileña sufrió violentamente los efectos de las persecuciones antijudías  de 1391, lo que provocó una gran cantdad de conversiones, y ciertas noticias de la despoblación de la judería en 1401. Paulatinamente la situación se regularizó viéndose ligeramente afectda por la predicaci´pn de Vicente Férrer la situación de la Comunidad , ya que en Actas de las Minutas de los Escribanos de Madrid entre 1450 y 1492 aparecen 78 nombres de judíos cnsignánodse sus oficios mayoriatraimente arrendadores ( Viñuelas Ferreiro, 2002, 287-305).


Bibliografía

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