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El ESAC y sus instrumentos científicos, al servicio de la curiosidad humana

9 JUL 2019 - 20:58 CET

Javier Picos / Fotos: JP

Los secretos del universo se van desvelando en un sinfín de datos y millones de horas de observación. Los científicos del ESAC, Centro Europeo de Astronomía Espacial, dependiente de la ESA, la Agencia Espacial Europea, lo saben bien. Ciencia, en estado puro, pero, sobre todo, en estado práctico. Así lo comprueban una treintena de alumnos y profesores del curso 20 años de astrobiología en España, que visitan sus instalaciones de Villafranca del Castillo, localizado en el término municipal de Villanueva de la Cañada. El castillo de Aulencia del siglo XV comparte escenario con las modernas antenas e instalaciones del Centro.

Con caras de asombro y con sus móviles a la busca y captura de las mejores fotos, los cursillistas preguntan con los pies en la tierra pero con la mirada alzada al cielo todas las curiosidades que los astros les sugieren al investigador Miguel Mas, su lazarillo en el recorrido por las instalaciones.

Tras un rápido contexto histórico, Mas hace pasar al grupo al corazón de las ESAC, que coordina las operaciones científicas de la ESA y archiva el ingente flujo de datos de las misiones, que representa el mapa del tesoro para los avances en astronomía. La sala de operaciones de los instrumentos no defrauda. María Santos-Lleó, jefe de soporte científico de la misión XMM-Newton de la Agencia Espacial Europea, espera a los visitantes con una sonrisa amplia. Ella es la guardián de, como apunta Mas, “el universo caliente, lo más atractivo y peliculero, lo que ocurre en rayos X”.

Santos-Lleó explica que el XMM-Newton, un observatorio especial de rayos X, con un periodo orbital de 48 horas, manda datos al Centro gracias a una técnica de observación llamada “incidencia rasante”, un fenómeno parecido a “cuando una piedra rebota en el agua”. La cara interna de los espejos cilíndricos está recubierta de oro y esta característica y su curvatura provocan que los fotones de rayos X reboten y sean enfocados en un plano situado a 7,5 metros detrás del cuerpo central del instrumento. El XMM-Newton, que ha cumplido veinte años observando el cielo en rayos X, está “mirando”, con su velocidad de más de tres mil kilómetros por hora (aunque puede alcanzar los cuarenta mil kilómetros por hora), un púlsar, una estrella de neutrones, cuando los alumnos invaden el centro de operaciones.

Todavía pensando la gigantesca cantidad de datos que transmite el XMM-Newton, la comitiva se detiene ante unas pequeñas reproducciones de diferentes instrumentos científicos como Cheops o el mismísimo telescopio espacial Hubble. Miguel Mas se detiene en Cheops, un satélite, con gran aportación española, que será lanzado en otoño de este año, para “estudiar el tránsito de los exoplanetas que ya conocemos”.

Gaia, ISO y otros amigos

Las maquetas de los “cacharros”, como definen los científicos a sus compañeros tecnológicos no humanos, se yerguen en el recinto del ESAC. Mas tira de ironía cuando argumenta que el tamaño de las maquetas es directamente proporcional al presupuesto del momento en el que se construyeron. Ahí están las maquetas de ISO, que en contra del XMM-Newton, se diseñó para “el universo frío”, con grandes aplicaciones para la astrobiología; SOHO, sonda lanzada para observar el Sol y que se tomó un “descanso” cuando un operador norteamericano hace 15 años le mandó por error la orden de apagarse y darse la vuelta; el observatorio espacial Herschel; la sonda Rosetta cuyo módulo Philae se posó en el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko; o Gaia,un  instrumento preparado para elaborar una cartografía de la Vía Láctea que “revolucionará la astronomía” con los datos que genere, de los que “tiene ya el 90 %.

No obstante, la primera antena del complejo de Villafranca, que controlaba los telescopios de ultravioleta durante casi veinte años y por la que se construyó todo el Centro en los años 70, se lleva la atención. Como aclaró Mas, la ESA ha cedido la antena al español INTA (Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial) para controlar próximamente el satélite Cheops. El resurgir del dinosaurio.

Mas también avanza algunas de las misiones de la “muy interesante” próxima década entre las que se hallan un encuentro con Júpiter dentro de dos años, PLATO (pensado para “caracterizar” planetas como la Tierra que orbiten a una distancia parecida en torno a estrellas similares al Sol), ARIEL, que analizará la composición química de las atmósferas de los planetas que ya se conocen, y el telescopio espacial James Webb, “que observará y estudiará las primeras estrellas que se encendieron en el universo hace 13.500 millones de años”.

La hora de visita sabe a poco en la jornada de los alumnos, pero también son conscientes de que su propia vida también es breve si la comparamos a los fenómenos que ocurren en el espacio exterior y que captan perfectamente los ojos de los instrumentos científicos de la   ESAC. Victor Parro, director del curso 20 años de astrobiología en España –en el que ejerce de secretario el investigador Valentín García Baonza- y vicedirector del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), pasa lista en el autobús de vuelta por si alguien de sus aprendices ha desaparecido entre tanta belleza científica.

Aquí no acaba el relato. Dos hermanas gemelas, simpáticas e inquietas, personificación de un sistema binario, sacan sus impresiones de la visita y del seminario en el que están matriculadas. ”El curso –dice María Rosa Pellitero- es verdaderamente emocionante e intrigante, no sólo por las nuevas metas que se están marcando sino también por los descubrimientos y el camino descrito hasta lograrlas. Y el broche de oro no podía ser otro que la excursión al ESAC: un increíble viaje a través del tiempo retrocediendo al pasado”. Y va más allá: “Hemos tenido la oportunidad de  compartir la ilusión de quienes saben que un sueño, por muy lejos que parezca, nunca es imposible y les estoy enormemente agradecida”.

Su hermana Virginia María Pellitero sale encantada del ESAC: “Pese a la brevedad de la visita, hemos sido testigos de la labor que se realiza en sus instalaciones, de los potentes equipos y de la gran complejidad técnica  que allí se maneja, así como de la amabilidad de los trabajadores”. Confiesa su fascinación, sobre todo al observar las maquetas de los telescopios y  las sondas espaciales, “cada cual más grande y sofisticada, demostración del espíritu humano de llegar más lejos, superando retos aparentemente inalcanzables para poder algún día tocar las estrellas”.

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