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Viaje a la Transición a través de la gran pantalla

Román Gubern y Fernando Méndez-Leite analizan el cine que surgió tras el Franquismo

20 JUL 2015 - 14:36 CET

El paso de la dictadura al régimen democrático no solo supuso un cambio político en nuestro país a mediados de los años 70, sino también toda una revolución social que vino a romper con todo lo anterior para iniciar una nueva era, que además de en los medios de comunicación habituales se vio reflejada en un testigo tan implacable de la historia moderna como es el cine. La irrupción de jóvenes cineastas unida a la visión reprimida en la memoria de los más veteranos, dio lugar a una eclosión cinematográfica que contó en primera persona el devenir de una sociedad tan cercana aún en el tiempo como desconocida para los más jóvenes.

El historiador cinematográfico y académico de Bellas Artes de San Fernando, Román Gubern, definió al cine de la Transición como una época turbulenta y compleja, porque “lo viejo se resistía a morir y todavía tenían mucha fuerza instituciones como la Iglesia, el Ejército o la derecha social más dura”. Al mismo tiempo, explicó Gubern, las nuevas fuerzas querían abrirse paso y el cine lo reflejó con sus contradicciones, fricciones y problemas con la ley, pero lo más destacable es que durante aquellos años “se hizo un cine de diversidad y de transgresión que consiguió homologar el cine español al cine europeo”, subrayó el académico.

Para Román Gubern, que participó en el curso Sociedad y cine español desde la Transición, existen tres ejes fundamentales que definen al cine de esta época: la nueva mirada sobre la Guerra Civil española; la aparición de nuevos géneros como el cine erótico o la nueva visión de las instituciones eclesiásticas, a las que pudo mirarse de una forma más crítica. “Solo unos pocos cineastas como Berlanga, Saura o Jaime Chávarri, entre otros, habían vivido la guerra, por lo que los nuevos directores debieron de documentarse con textos de novelistas exiliados”, apuntó Gubern como principal obstáculo para mostrar una nueva visión sobre el conflicto bélico español.

En este sentido, Gubern destacó películas como “La prima Angélica (Saura, 1973); “Las bicicletas son para el verano” (Chávarri, 1984) y “La Vaquilla” (Berlanga, 1985), como máximos exponentes de este género, que tuvo gran aceptación por parte de los espectadores. En canto al cine erótico, el historiador destacó que aunque las películas clasificadas S comenzaron a hacerse en los años 70 con una clara mirada masculina, fue Pilar Miró en 1983, como directora general de Cinematografía, quien autorizaría la apertura de las salas X, “que era el porno duro, el porno de verdad”.  

Por su parte, el director del curso, José Luis Sánchez Noriega, profesor de la UCM, impartió la ponencia “Trayectorias, libertades e identidades en el cine español (1974-1984)”, en la que señaló que el cine histórico de este período permite revisar el pasado de la Guerra Civil y el Franquismo desde una visión plural y tolerante. Asimismo, Sánchez Noriega destacó la revalorización del cine documental de entrevistas y testimonios con los actores sociales, como una de las herramientas de conocimiento de la historia reciente y uno de los desarrollos del género documental, hasta entonces monopolizado por el NO-DO franquista.

El curso fue inaugurado por la vicerrectora de Política Académica y Profesorado de la UCM, Mercedes Gómez Bautista, quien subrayó el compromiso de la Universidad con el cine y su estudio, no sólo como materia académica en titulaciones específicas, sino también como herramienta para el conocimiento en ciencias humanas y sociales y como uno de los ámbitos decisivos de desarrollo cultural para los estudiantes y el conjunto de los universitarios.

Además, la profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UCM, Ángeles Díez, habló sobre la diversidad de formas y estilos que ha tenido el cine político a lo largo de la historia.

 

 

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