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Un paseo por la democracia: carteles y portadas de libertad

La historia de nuestra Transición: “El futuro de hoy empezó ayer”

20 JUL 2018 - 09:41 CET

Irene Monmeneu/ Fotos: Nacho Calonge

La orfandad de la memoria es el peor de los castigos. Conocer es el poder para construir la realidad. Para crear evitando errores. Para algunos, como el novelista Arturo Pérez-Reverte, de eso quizá los españoles no hemos sabido mucho, de evitar errores. Pero queda abierta la puerta al aprendizaje: se puede estudiar y analizar la historia del espejismo democrático del que España despertó en  1936 y estudiar y analizar los días que sentaron las bases de hoy.

Esa es la finalidad de la exposición sobre la Transición Española que recorre uno de los pasillos del claustro del Real Colegio Universitario María Cristina, que lleva a su visitante de la mano por momentos de esperanza, de nostalgia, de rabia, de desacuerdo, de miedo y de ilusión. De democracia. Y lo hace a través de carteles y de la eterna compañera de los pueblos: su prensa.

La exposición La Constitución Española de 1978, el significado de la esperanza se compone de los fondos de la colección privada de los hermanos Narciso y María Consuelo Solórzano Arévalo, que configuran un sendero de casi diez años inaugurado con la muerte del dictador Franco, y tiene su fin en el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea y en la OTAN. Páginas de Ya, Pueblo, ABC, Diario 16, Liberación, El Independiente, El Sol, El Alcázar o El País ilustran la historia. Nuestra historia. Porque como comenta en el libro de recuerdos una visitante de firma indescifrable, “el futuro de hoy empezó ayer”.

“Vota con realismo. Vota UCD”. “La libertad está en tu mano. Vota PSOE”. “Es hora de soluciones. Vota AP”. “Vota para que nada se pare. Vota PCE”. Cuatro carteles que revelan el sueño democrático inauguran la muestra. Colocados uno detrás de otro, simulan una pasarela de ideas distintas en comunión. Un desfile hacia la libertad: la libertad ideológica, censurada y castigada años ha. En las miradas de Suárez, González, Fraga, Carrillo e Ibárruri se lee el anhelo. La fe incluso en los ateos. “Es aquella época que quiso dejar atrás la violencia entre hermanos”, escribe otro visitante que conoce bien los Cursos de Verano.

Sed de libertad

Detrás de ellos comienzan a sucederse las portadas de los diarios que reflejan el cambio de parecer en el “genio” español. Tinta gruesa y titulares despreocupados: prensa libre. Los artículos pasan de hablar del “emocionado adiós” y el “llanto sereno” de España tras haber perdido a su Jefe de Estado a relatar cómo Felipe González acusó al gobierno de Suárez de “despreciar las reglas de la democracia”, cómo Suárez se alegró de que presentasen una moción de censura contra él porque era un “mecanismo constitucional” o cómo el golpe de Estado del 23-F fue “un fracaso” y este fracaso, “el final de la pesadilla”.

Y no queda ahí. Aunque los anuncios de las máquinas Olivetti incitan a cometer errores que ya ellas subsanarán, las páginas de los periódicos muestran que los  españoles no quieren hacerlo. Ya no. De esta manera, plasman la participación de más del 80 % del censo en las elecciones de 1977 o el ‘sí’ a la Constitución de un 87,16% sobre el total del voto. Reflejan marchas –“más actos cívicos que manifestaciones al uso”- relativas al derecho a la vida (“El aborto, en la calle”) o a la disolución de los matrimonios (“Los españoles podrán divorciarse”). Cuestiones impensables diez años antes. Debates naturales hoy.

La particular hemeroteca que acoge el María Cristina recoge además las polémicas que pretendían posicionar de una manera u otra a España en el mapa. La portada de un diario de 1984 reza así: “España no ingresará en la estructura militar de la OTAN”. Un año después: “Fecha para el referéndum sobre la OTAN”. También de 1985: “España entra, por fin, en la CEE”. Un pequeño paso para el madrileño, andaluz o riojano. Un gran paso para el español que, mientras, debe hacer frente al enemigo que está en casa. Otro titular: “ETA intenta sembrar el terror”.

Palabras e imágenes tejen el paso del tiempo y su magia es que viven. Siempre. A quienes fueron testigo directo, les permiten recordar. A quienes no, les instruyen. “Lo que fuimos nos ha llevado a lo que somos”, dice uno de los visitantes en su comentario. Y lo que somos no tiene sentido sin lo que fuimos, por eso la exposición de los hermanos Solórzano Arévalo cobra más sentido que nunca. El futuro es todavía incierto, pero otra visitante de firma indescifrable sabe que “de aquí saldrá algo grande”.

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