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Suso33: “Hay que tener mucha cultura para entender el grafiti”

13 JUL 2018 - 12:10 CET

Beatriz Soler / Foto: Nacho Calonge

“Hazlo tú mismo” es el lema bajo el que se rige a lo largo de su trayectoria artística el grafitero, diseñador y escenógrafo Suso33. De niño, dado que es zurdo, se encontró con dificultades para exteriorizar sus sentimientos, y por él mismo, encontró en el dibujo y el grafiti el modo de canalizar su “necesidad de expresarse”. 

Ni las trabas ni los límites han impedido que el artista abandone sus objetivos e inquietudes. Tampoco imaginó que pudiese llegar a ser conocido nacional e internacionalmente. Y mucho menos pensó en abandonar su vocación a pesar de que le dijesen que “no tenía acceso a diferentes formas de aprendizaje de las artes”.

Inicios, adversidades, pareceres y futuros proyectos son los temas sobre los que habla Suso33 en la entrevista realizada con motivo de su intervención en el curso El poder de la imagen en la comunicación y la cultura, dirigido por el periodista José Manuel Carcasés.

¿Cómo fueron sus comienzos?

Mis comienzos fueron por inquietud, por necesidad de expresarme… De niño yo era zurdo, me obligaron a utilizar la mano derecha, y entonces se generó un conflicto: me costaba bastante expresarme o hablar. Sólo observaba y miraba. El hecho de no poder escribir con mi mano y tener que aprender con la otra, me generó un lio durante un tiempo, cosa que luego me vino bien para dibujar y poder escribir con las dos manos. Ciertas cosas me resultan bastante complejas, pero para otras tengo mucha facilidad. Entonces, de niño, esa necesidad de expresarme fueron mis comienzos. Intenté hacerlo por medio de las artes y como no me fue muy fácil, encontré el grafiti y después la cultura sub pop y allí me desarrollé.

¿Qué le llevo a coger un spray y no un lienzo?

Era lo que se veía que se hacía y dónde no te ponían trabas, ni límites. El hecho de hacerlo es lo importante.

De hecho, empezó a pintar en vagones de trenes, ¿no?

Sí, claro, es lo tradicional, lo normal.

Y, ¿nunca se encontró con adversidades o problemas?

Sí, constantemente, pero tanto ahí  como actualmente en la escena de la cultura contemporánea. Aprendes a sortear las situaciones. Aunque te pongan límites hay que seguir con tus objetivos e inquietudes.

¿En qué zonas urbanas comenzó a pintar?

En la zona del Barrio del Pilar, Tetuán, Estrecho, Fuencarral, El Pardo... Luego empecé a hacerlo en Madrid centro, luego en otras ciudades, y después en otros países como: Nueva York, Miami, Shanghái, Pekín Caracas, México DF….

¿Alguna vez imaginó que pudiese llegar a ser tan considerado?

No, pero porque al principio cuando lo haces no lo haces pensando en el arte en general, es otra cosa. Es entre la gente que también pinta, y no piensas en nada de eso, lo haces por necesidad.

Dentro de su mundo, ¿tienen algún lenguaje específico entre los artistas urbanos?

Por ejemplo, el grafiti es un código, hay que tener mucha cultura para entender el grafiti, es algo en lo que hay mucha encriptación y para acceder a todo ese conocimiento necesitas unos mentores que te transmitan el conocimiento y la cultura para poder ser conocedor y saborearlo como en cualquiera de  las otras disciplinas artísticas o formas de arte. Tienes que conocer para disfrutar.

¿Cuáles fueron sus mentores?

Fueron unos amigos. No es como ahora que tienes acceso a la comunidad de Internet, con mucha información, era un conocimiento que se transmitía de boca en boca, de mano en mano. Había una relación muy especial, una relación muy humana. No es conocimiento adquirido por medio del estudio, es un conocimiento adquirido por medio de la experiencia y de la prueba error.

¿Cómo afronta un artista urbano que la sociedad no considere sus obras como arte?

Eso ya está más que pasado. Yo creo que el grafiti es de las formas más contemporáneas de arte sin duda alguna. Hay diferentes criterios y diferentes formas de arte, en torno a todo esto: street art, arte urbano, el nuevo moralismo, las intervenciones urbanas, el arte de acción en el espacio público… Es muy rico, hay muchas variantes.

Para usted, ¿qué significa la comunicación urbana, uno de los temas más recurrentes de su carrera?

En torno a ese título, y dentro del contexto en el que me han invitado a participar en este curso de verano, he intentado ver qué es lo que yo puedo aportar. He visto que muchos de los ponentes trabajan en torno a la palabra, a nivel escrito, formal o conceptual, por tanto, he hecho una gran selección de trabajos que he venido desarrollando desde hace muchos años en torno a la palabra, tanto por su forma como por su contenido, con diferentes ejercicios en espacio público o en espacios expositivos. Voy a mostrar obra personal pero que suele estar espacios públicos o la calle.

En el impulso de la cultura, ¿qué le aconsejaría al nuevo ministro de Cultura?

Me pillas con esa pregunta, la verdad. No sé decir… entiendo que hay buenas intenciones desde el Ministerio de Cultura. Yo vengo del “hazlo tú  mismo”, me han dicho tantas veces que no que aunque lo hayan hecho yo he continuado en numerosas ocasiones. Incluso, del mismo modo, me han dicho, en ocasiones, que no tenía acceso a diferentes formas de aprendizaje de las artes,  y por eso no voy a dejar de hacerlo. La institucional es una vía, pero luego está la que ocurre en la calle que para mí es la que está viva. Con esto no quiero decir que sea la mejor, sino que no solamente existe lo que se enseña en las aulas. Aquí es donde se reflexiona o se estudia, pero como yo vengo por medio de haber trabajado y aprendido mucho por medio de la experiencia, mi visión quizá sea un poco particular.

¿En qué está trabajando actualmente?

Así como más rimbombante, me han invitado para la próxima edición de La Bienal del Arte de la Habana, para realizar varias intervenciones como artista español. Tengo otras dos bienales siguientes en las que me han invitado, pero que todavía no puedo decirlo. También me han avisado de varios proyectos que no quiero anunciar todavía porque van a ser en breve y hasta que no le demos forma no me apetece mucho contarlo. Acabo de hacer junto al escenógrafo, Alfonso Barajas, la escenografía para Emilio Gutiérrez Caba de la obra de teatro clásico La Cueva de Salamanca.

¿Tiene algún otro proyecto en mente?

Sí, estoy desarrollando una serie de piezas de calle que llamo Escenografías Vivas. En estas piezas aprovecho las texturas del paso del tiempo: el moho, el desgaste, las humedades, el agua… Aprovecho la memoria de la retina, ya no es tanto como llegar a un sitio y “tapar y poner”, sino al contrario, es mirar y encontrar dónde hay. Mis últimas intervenciones son casi mínimas, son insinuaciones o evocaciones, más que enseñar. Ese modelo personal lo vengo desarrollando de modo muy constante, aunque no lo hago muy público porque no soy muy activo en redes sociales, quizá porque estoy más enfocado en el trabajo.

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