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Sobre amor, sexo y atracción: la ciencia detrás de la pasión

4 JUL 2018 - 19:18 CET

Irene Monmeneu/ Fotos: Nacho Calonge

Si hay una cosa que nace y muere seguida y vehementemente es la atracción romántica. Una atracción que, para algunos, como el poeta Pablo Neruda, es el misterio que todo el mundo siente pero nadie entiende. Pero no es ningún misterio para el científico y conferenciante Dan Gilbert. El americano aseveró que la atracción romántica es la viva llamada de nuestros genes. Sin embargo, afirmó, no somos sus esclavos, porque podemos utilizar el cerebro para hacer elecciones que incluso la naturaleza desaprueba. La atracción no implica acción. La decisión es totalmente nuestra.

En su conferencia extraordinaria La ciencia de la atracción romántica, Gilbert aseguró que estamos en el mundo con la única finalidad, desde el punto de vista biológico, de transportar el ADN de una generación a otra. “Yo no importo, soy un vehículo temporal”, comentó el profesor de sicología de Harvard. En este sentido, no dudó en señalar que lo único que le importa a la naturaleza es el sexo, aunque a las personas nos parezca solo “una cosa más”.

Las relaciones románticas empiezan con un baile en pareja. Así es para Gilbert. Y hay cuatro factores que determinan si el desenlace de ese primer baile romántico será el esperado por la naturaleza: la economía, la geografía, la anatomía y la sicología. Si bien al final es el individuo el que decide dar rienda suelta a la llamada de sus genes, la libertad en la toma de su decisión no existirá porque sus opciones ya se habrán visto delimitadas por estos cuatro elementos “gilbertianos”.

 Los seres humanos, según el científico, nos preocupamos excesivamente por nuestras decisiones y por ello somos seres selectivos. En particular, tal y como expuso en su conferencia, las mujeres son mucho más selectivas que los hombres y la razón se encuentra en la economía de recursos: para ellas, el coste del sexo es mucho más alto. Primero, porque mientras el esperma del hombre es ilimitado, cada mujer solo tiene 300 óvulos en el trascurso de su vida. Además, porque con el sexo la mujer pierde entre nueve y dieciocho meses de oportunidades de apareamiento, se fragua una reputación considerablemente más negativa que la de un hombre en su lugar y porque los riesgos de adquirir enfermedades sexuales para ella son más altos.

La geografía, para Gilbert, es otro elemento decisivo porque dictará las oportunidades de conocer al futuro compañero de vida y familia de cada quien. “El porcentaje de personas con las que tendremos la oportunidad de casarnos es más cercano a 0 que a 1”, garantizó. Además, el profesor añadió que la geografía está relacionada con la motivación y la familiaridad, que hacen que determinadas personas nos parezcan más atractivas que otras.

Nature and nurture

Injusto o no, la belleza lo afecta todo. Así lo aseveró Gilbert. Incluso la interacción de los jefes con sus empleados o la relación de los padres con sus hijos. “Si eres guapo, la gente esperará de ti que te conviertas en la persona que quieres ser”, apostilló. Disertando sobre la influencia de la anatomía, Gilbert contrastó dos teorías, la que afirma que con la belleza “se nace” o la que afirma que la belleza “se hace”: nature vs nurture. Los grandes intelectuales de la historia parecen coincidir en que la belleza “se hace”, como Hume, quien pensaba que “la belleza de las cosas existe en el espíritu de quien las contempla” y esa es la razón por la que los estándares han variado a lo largo del tiempo. Pero lo cierto es que aun con todo hay una serie de parámetros físicos con los que se nace y que condicionan el atractivo: la proporcionalidad y la simetría, factores clave en el establecimiento de cánones helénicos.

Desde una perspectiva científica, el sicólogo afirmó que la forma del cuerpo determina los niveles de estrógenos y testosterona, por eso llaman la atención unos cuerpos más que otros. En particular, el ratio cintura-cadera de 0,7 es el más atractivo. Por otro lado, Gilbert comentó que nos gusta la simetría pero no lo que es excesivamente parecido a nosotros porque no estamos diseñados para reproducirnos con nuestra familia. También, para el científico, la voz y el olor son factores anatómicos que pueden acentuar o no el atractivo de cada uno.

Sin embargo, es de nuevo la persona quien tiene la opción de seguir sus instintos naturales u optar por otras vías. Gilbert ejemplificó su afirmación exponiendo las dos estrategias que, según diversos estudios, son empleadas por quienes buscan pareja de una manera virtual: tratar de llamar la atención de la persona más atractiva que ve o interactuar con la menos atractiva, suponiendo que es esta última la única con la que tendrá posibilidades de mantener una relación.

En último lugar Gilbert se refirió al factor sicológico, que al final es el condicionante clave de cualquier relación. Habló de las dos teorías más populares, antagónicas entre sí: que nos gusta lo similar a nosotros y que los opuestos se atraen. Solo una de ellas es correcta. Aunque al principio la ilusión de encajar exista, a largo plazo dos notas disonantes no crearán una melodía armónica. Por eso, para Gilbert, las personas preferimos lo parecido, porque de esa manera es más fácil convivir. Además, comentó, nos gusta tanto la gente a la que gustamos porque “sentir que atraes es una fuente de atracción” como la gente que nos ve como nos vemos a nosotros mismos.

Gilbert se despidió entre aplausos y halagos de un auditorio lleno de curiosos y participantes no solo del curso ¿Por qué (no) amamos? La ciencia de las relaciones románticas, dirigido por José-Manuel Rey. ¿Habrá sentido alguno de ellos la llamada de la naturaleza?

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