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Rubido defiende un sello de calidad para los medios de comunicación

En el mismo curso, Rosell alerta de los comentarios falsos, mayoría en las redes sociales

9 JUL 2019 - 13:54 CET

Roberto Orellana / Foto: Nacho Calonge

Francisco Rosell y Bieito Rubido, directores de El Mundo y ABC, respectivamente, reflexionaron sobre la desinformación y sus efectos, tanto en los medios de comunicación como en la sociedad así como de su importancia en las democracias. En este contexto, Rubido, antes de la inauguración del curso Lo prohibido y permitido en la cultura de la comunicación, propuso la creación de un sello de calidad y un organismo independiente con el objetivo de garantizar la calidad de la prensa.

En el seminario, dirigido por el periodista José Manuel Carcasés, Rubido planteó el problema de las noticias falsas: “Siempre han existido, aunque ahora tienen su origen en internet”. Así,  Francisco Rosell, puntualizó lo inédito de la situación actual ya que “hasta ahora nunca habían conformado una gran industria”. Otro de los aspectos que facilitan la proliferación de esta información es la masificación de la misma: “Llega una ola tras otra, lo que nos falta es distancia para el análisis. Al final la ola te lleva donde quiere”, declaró el director de El Mundo sobre la apatía que pueden generar los medios. Los directores señalaron el Brexit, las elecciones presidenciales de Donald Trump o el referéndum ilegal en Cataluña como momentos donde visualizar esta situación.

La irrupción de este tipo de información sobre la sociedad fue otro de los ejes de la conversación ya que “cerca del 25 % de la información que se mueve en internet es falsa. Se estima que para 2060 la inteligencia artificial supere a la inteligencia humana”, señaló el director de ABC.  “Las democracias son regímenes de opinión pública. Si esta no está informada, sus decisiones están condicionadas y supeditas”, afirmó Rosell sobre las fake news. En la reflexión sobre la proliferación de las noticias falsas, las redes sociales desempeñan un papel fundamental: “El 80 % de los comentarios que aparecen en las redes sociales son falsos. Estamos cayendo en elementos de opinión pública que no existen”, aseguró, por su parte, Rosell.

Ante este escenario, Rubido propuso crear un distintivo que garantice la calidad del contenido: “Habría que dar un sello de calidad a los medios que se pudiera retirar a lo largo de un año si se localizase que el medio ha cometido varios errores de manera irresponsable”. Junto a esta propuesta también recalcó la necesidad de crear una institución independiente que velara por este sello y luchara contra la desinformación: “Habría que establecer un organismo neutral, con las asociaciones de prensa, con los empresarios, que no esté vinculado al Estado sino a los periodistas y editores”.

“En periodismo no todo vale porque la ética existe y da como resultado la credibilidad”. Con esta afirmación comenzaba su intervención Chema Crespo, director general de Público, una credibilidad, explicó, que es lo que hace que nos paremos ante algo que se está comunicando y que nos merece la pena. Cuando una información o un político pierde la credibilidad la decepción es tan grande, aseguró el periodista,  que cuesta recuperarla: “Un periodismo no creíble o un medio que ha perdido su credibilidad es lo peor que puede pasar”.

Crespo, que cerró la jornada de este curso, se mostró en contra del uso de medios ilícitos para aumentar audiencias o conseguir exclusivas. La búsqueda de esas exclusivas o noticias importantes a través de medios ilícitos como grabaciones, e incluso casi delictivos, como la intromisión en el derecho al honor, no tiene nada que ver con la ética periodística, aseguraba el director general de Público.  ¿El periodismo es conseguir una información a todo coste?, se preguntó para a responder tajantemente que no.

También habló sobre la autorregulación, tema del que “llevamos debatiendo media vida”, de los códigos deontológicos y de cómo se pretende que sean los periodistas y las empresas periodísticas las que se autorregulen en principios éticos.

Finalmente,  reflexionó sobre en el impacto de la información sobre los ciudadanos: “Todos tenemos acceso a las noticias pero no todos tenemos tiempo o voluntad para profundizar, reflexionar o contrastar”.  Los ciudadanos como fuente de contenido para los periódicos fueron también protagonistas: “La participación de los ciudadanos en el periodismo es muy agradecida, pero si publicas algo que merece la pena de periodismo ciudadano, tu deber es contrastarlo”, concluyó.

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