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Monárquicos y republicanos protagonizan “el debate prohibido”

8 JUL 2019 - 21:12 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

“¿La monarquía forma parte de la constitución histórica y necesaria de España?”. El profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense Juan Carlos Monedero abrió la espita del debate que los organizadores del curso Bases para un nuevo republicanismo calificaron de “prohibido”. Las preferencias entre república o monarquía como la forma ideal de gobierno expresada por los componentes de le mesa redonda no se tradujeron en blanco o negro si no que estuvieron llenas de matices. Los periodistas Luis María Anson, Ana Pardo de Vera y Enric Juliana, el escritor Juan Manuel de Prada y la diputada de Podemos Ione Belarra personificaron un intercambio de ideas de los de antes.

En los momentos iniciales, Anson, fundador del diario La Razón, mostró su sorpresa por la invitación al curso que había inaugurado Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, al que calificó de “líder de verdad y peso pesado de la izquierda española”. Aun reconociendo que iba a perder el debate “5 a 1”, Anson recreó una situación para ganar al menos el combate dialéctico. Imaginó a Pablo Iglesias saliendo de la sede de Podemos con un ejemplar de El Cultural cuando un perro lo hostiga. Mientras Iglesias se defiende de ese acoso con la publicación, Juan Manuel de Prada aparece para llevar al político a misa y para aconsejarle que en vez de atacar al animal le lea el artículo de Anson en El Cultural. Dicho y hecho. El can se vuelve manso y se echa a los pies de Iglesias. Anson consiguió con su oratoria marcar primero.

Para el periodista madileño, lo importante del debate, más que la propia definición de monarquía y república, es que el régimen político reconozca que la soberanía reside en el pueblo y está refrendada por una constitución. “Prefiero la república de Finlandia a la monarquía de Arabia Saudi o ¿quién prefiere la república del Chile de Pinochet a la monarquía de Noruega”, lanzó al aire. No obstante, apoyándose en un informe de la ONU que refleja  que entre los diez primeros países en calidad de vida y progreso, siete son monarquías parlamentarias, Anson declaró que esta es la modalidad de “las naciones más avanzadas”. Además, para dejar elementos de reflexión, también señaló que en temas progresistas como la legalización de la eutanasia, llevan la voz cantante reinos como Dinamarca, Bélgica y Holanda.

El emperador de Japón, Churchill y De Gaulle

Junto a los tres poderes clásicos, Anson defendió el “poder histórico” de una nación que ha vinculado su interés con una persona. Para argumentarlo citó tres ejemplos históricos. El primero narra cómo el emperador de Japón después de las bombas atómicas que lanzó Estados Unidos sobre su territorio en 1945 “rompe su cortina de crisantemos” y dice a su pueblo que hay que rendirse. Esta decisión, acatada por todos los japoneses, evitó hasta 25 millones más de muertos en el país asiático y hasta 8 millones más en el bando estadounidense. En el segundo caso (junio de 1940), Churchill, ante los inminentes bombardeos de la Alemania nazi, intenta persuadir a Jorge VI para que se exilie en Montreal, pero él declina la oferta y decide continuar en Londres durmiendo en la misma habitación alta, más susceptible a los daños aéreos. El primer ministro británico comunicaría a los ingleses por la BBC que el rey se quedaba en Inglaterra. El tercer relato también tiene como figura central a una personalidad relevante, en este caso a Charles de Gaulle, que, en el año 1958 fue exhortado por el general Jacques Massu para tomar París y encabezar un golpe de Estado, pero De Gaulle consigue el apoyo parlamentario para instaurar más tarde la V República.

Este poder histórico personal, unido a la capacidad de arbitrar y moderar, son las tres claves que, según Anson, justifica una monarquía en pleno siglo XXI. Además, por ejemplo, el rey de España “no puede nombrar ni al subdirector general de Correos”.

Mientras Enric Juliana, director adjunto de La Vanguardia, comentó, durante la mesa redonda, que, por encima de renombrar a una futura forma del Estado con el nombre de “III República” o “II Monarquía”, se debe responder a la cuestión de “¿cuál es el régimen democrático y la defensa real de la Constitución?”, su colega Ana Pardo de Vera estimó que la monarquía fue “inevitable” en el proceso histórico español, pero ahora vivimos tiempos en los que “podemos avanzar”. Admitiendo ser republicana porque “no concibo instituciones con determinados privilegios “, la directora de Público afirmó que con la perspectiva de más de 40 años desde la Transición, “hemos ido viendo la oscuridad y la permisividad con las que se movió Juan Carlos I”. Antes de la intervención de Juan Manuel de Prada, Pardo de Vera manifestó que la monarquía no es “en absoluto” necesaria: “Es difícil explicar una democracia cuando tienes un jefe de Estado que no ha sido avalado por las urnas”.

“Testas coronadas”

Por su parte, el autor de La vida invisible dio una respuesta literaria al dilema al evocar cómo la imaginería popular pone coronas a los magos de Oriente que van a adorar al niño Jesús: “De forma inconsciente cuando uno tiene que imaginar la nobleza la imagina con testas coronadas”. Las grandes tragedias, según De Prada, también son referentes de la realeza, como Agamenón o Macbeth, así como el establecimiento de la justicia por el rey cuando es atropellada por el privilegio de las clases sociales en las inmortales piezas de teatro El alcalde de Zalamea (Calderón de la Barca) o Fuenteovejuna (Lope de Vega). “En las grandes creaciones de la humanidad hemos acudido a la monarquía”, sentenció, si bien obtuvo réplica en el moderador Juan Carlos Monedero al oponer esas figuras al príncipe “caprichoso” de Cenicienta que obliga a todas las mujeres a probarse el zapato de cristal perdido en el baile real.

Admitiendo que la monarquía florece en una sociedad religiosa, el escritor vasco observó que mientras sus amigos republicanos defienden la república “con ardor” y esgrimen principios, sus amigos monárquicos los “escamotean” y utilizan argumentos y razones “utilitarios”. La clave, para él, la tiene la distinción que hacía Fiódor Dostoievski entre reyes “de opereta, que son fácilmente manipulables” y reyes, como los rusos de la época, “a los que se les exige una alta y abrumadora” responsabilidad. Felipe VI, según esta clasificación, estaría en esta segunda clase de monarcas, en opinión de Juan Manuel de Prada, para quien, lo esencial es diferenciar, como expresaba su colega argentino Leonardo Castellani, entre el buen gobernante “que protege al pueblo del Dinero” y el mal gobernante “que protege al Dinero del pueblo”. En definitiva, “la monarquía en sí misma no es ni buena ni mala”, concluyó.

Por último, Ione Belarra defendió que las transformaciones sociales y políticas tienen que ver con los principios de un republicanismo “plebeyo” que mire por el bien común, algo que “no existe en España cuando los ocho grandes bancos de nuestro país no pagan ni un euro en el impuesto de sociedades”. Antes de reconocer públicamente el trabajo del funcionariado español, la portavoz adjunta de Podemos en el Congreso alabó el movimiento republicano como “una corriente de fondo” que fluye “como oposición a los abusos de poder”.

La opinión de Echenique

En la jornada de mañana, el diputado de Podemos Pablo Echenique ya había dejado su aportación al debate en el curso Bases para un nuevo republicanismo, dirigido por el profesor Héctor Illueca. En su opinión,el actor que defiende el statu quo “jamás” criticará la monarquía, una circunstancia que “explicaría el tradicional silencio de los grandes poderes mediáticos propiedad de los grandes poderes económicos”.

En su discurso, Echenique señaló que Podemos “ha intentado que se investigaran los actos del Rey Emérito en sede parlamentaria y se nos ha impedido”. A pesar de su análisis de la monarquía como “una institución que divide a los españoles ideológicamente, territorialmente y en sectores de edad”, el diputado de Podemos tituló sus conferencia con el título Monarquía, el obstáculo insalvable.

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