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Maui regala su terapia de belleza

17 JUL 2019 - 18:43 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

La espalda más recta, la mirada más brillante y el cutis más estirado. Es el resultado prometido por la cantante Maui para todos aquellos que se sumerjan en sus conciertos de flamenco-pop. Los que acuden al del parque de la Bolera algunos cambios somáticos notan la mañana siguiente. Escuchar los temas de su último disco Por arte de magia se traduce en una “terapia de belleza” al aire libre, más efectivo para la salud que “los caros SPA y los bótox”. Música, en definitiva, que “regenera unas células interiores que se ven en el exterior”.

Entre alusiones al guitarrista Paco, “que se ha planchado la camisa para triunfar en El Escorial” y que acaba el concierto en olor de multitudes, la “joven promesa de 40 años”, como ella misma se define, de atuendos vanguardistas y colores vivos, canta al desamor y se lo dedica a las “personas imán”, aquellas que atraen a sus opuestos. Ante eso, según Maui, solamente hay dos opciones: “gastarse un dineral en el psicólogo o dejarse caer por el tobogán de su locura”. Elige lo segundo y canta: “Yo contigo, yo sin ti, y los dos disimulando” e “ir contracorriente de lo que es evidente” (una acertada filosofía del día a día).

Después, vienen las ciudades de referencia. Madrid, a la que compuso una canción en el balcón de su casa del barrio de Malasaña, “al lado de la macetita de perejil”, es el lugar donde “solo calientan los abrazos que se dan al despertar”. Asoma también Cádiz, un sitio “donde la gente se sienta en un banco a tomar pipas y ya está” y donde mora Juan, un personaje que reclama conversación en los bares. Granada tiene también su héroe en las canciones de Maui: El niño de las almendras, que “me cantaba cuando yo me tomaba el primer cola cao y él, el último güisqui”.

La última dedicatoria es para su tío Bambino, que pedía a su sobrina en su camino al instituto tomarse un vasito de caracoles con él. “Suspendí latín, pero aprobé en la vida”, clama antes de tocar su violonchelo, cuyo arco recupera una seguidora de los bajos fondos del escenario, y antes de dejar escapar su chorro de voz por la noche de San Lorenzo de El Escorial. La letra de la canción compuesta por Manuel Alejandro y Ana Magdalena se desliza: “Procuro olvidarte, siguiendo la ruta de un pájaro herido”.

Con la espalda más recta, la mirada más brillante y el cutis más estirado los sanlorentinos y los alumnos de los Cursos de Verano miran al cielo. El eclipse parcial de Luna es otro gran reclamo.

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