Noticias - Cursos del Escorial

Mario Camus: “No me suelo entretener en los premios, me perturban”

25 JUL 2018 - 20:40 CET

Juan Carlos González / Fotos: Nacho Calonge

Es difícil encontrar a una persona que sonría y se indigne a partes iguales como Mario Camus. Uno de los grandes maestros del cine, director con seis décadas de trayectoria, es un libro abierto, como las exitosas adaptaciones que ha llevado a la gran pantalla. Es para muchos el artífice de un estilo propio capaz de ser referente y romper moldes. Cuando recibió el Goya de Honor en 2011, Sancho Gracia destacó de él que le gustan poco los discursos, prefiere una conversación… a eso vamos.

  • ¿Se considera Mario Camus un maestro del cine?

No, no hombre, no.

 

  • ¿Qué es para usted rodar?

Yo llego a esto porque tengo afición, ingreso en la Escuela. Después la vida viene rodada, hago películas. Fue mi trabajo y llegué a él porque me gustaba, y afortunadamente pude seguir desarrollándolo mucho.

 

  • Sobre sus inicios en Barcelona, en alguna ocasión dijo que empezó “de incognito” ya que sus compañeros le veían como escritor y no como director.

Había hecho los cursos de director en la Escuela, había salido licenciado /  doctorado en Dirección Cinematográfica. Hasta entonces no había hecho más que escribir y esa fue mi primera experiencia de director.

  • ¿Cómo recuerda esa primera experiencia?

 

Bien, en cuanto a que me pude sobreponer, pude sobrevivir a ella. Las condiciones de producción eran realmente miserables. Eso quizá fue un aprendizaje bueno, no digo que no. Ahora mira tú por donde resulta que eso fue bueno.

 

  • Junto a compañeros como Carlos Saura, Basilio Martín Patino o José Luis Borau, su obra se ha enmarcado en el llamado “Nuevo cine español”. ¿Qué opina de las nuevas tendencias de promesas internacionales como Bayona o Amenábar?

No opino, porque no los conozco lo suficiente. Insisto en que son opiniones al vuelo, me da la sensación de que ellos son muy virtuosos, hacen muy bien cine y se han encaminado a una cosa que les ha dado buen resultado y que es muy positiva: hacen cine de género, terror, suspense y han dejado a un lado las cosas más de tipo personal en cuanto a la argumentación y a las historias. Creo que es bueno, por lo menos lo han hecho dignamente y muy bien.

Estos directores han tenido grandes éxitos con películas de género que son muy complicadas, porque ahí tienes una competencia directa con unos presupuestos bárbaros.

  • ¿El cine es cosa de humildes o hay que creerse un poco lo que hace?

Cada uno lo lleva a su manera, a veces lo que te parece humilde en uno, en otro te parece fatuo. Cuando me refiero a ser humilde es porque realmente es un oficio un poco complicado, sobre todo, el de relacionar una cosa con otra, moverse entre tantos oficios para crear uno. Eso es la humildad, reconocer que tú no sabes nada de peluquería, sin embargo, tienes que decir que me gusta esto o lo otro, porque lo has confiado a otras personas. Tú das el visto bueno a lo que ellos te muestran y para eso hay que tener cierta humildad, no creerse que eres el que sabes, cuando en realidad son oficios que te son ajenos.

  • El director Pablo Berger afirmó en una reciente entrevista que "los directores somos un poco hipnotizadores": ¿Cuáles son sus herramientas?

Es muy difícil saber. Cuando aludía al hecho de que trabajas con equipos diversos y que se engarzan unos con otros (el que pone la luz, los decorados, el vestuario),  tú debes conseguir que esa gente se acople entre ellos, que el que hace trajes formidables no los meta en decorados horribles. Tienes que hacer que todo eso confluya y sea lo que tú pretendes, que sea armónico. Ése es tu trabajo.

  • Tiene una gran cantidad de galardones… quizá el más especial, el Goya de Honor de 2011.

¿Cómo vivió ese día?

Preparé un speach, lo largué, saludé a unos y otros y me fui corriendo. No me suelo entretener en esas cosas, me perturban un poco. Me considero muy afortunado teniendo un trabajo que he podido desarrollar y que me gusta. A partir de ahí, todas las variantes y los premios tienen su cosa de halago, pero no me vuelven loco, ni los busco, ni nada de este tipo.

  • En ese discurso de 2011 dijo: “Tenemos que impedir que acaben con nuestro cine”. ¿A quién se refería?

A la invasión Norteamérica, a las películas dobladas. Eso de que vengan las películas por cientos, que las demos en nuestro idioma, que ocupen los mejores cines y las mejores fechas es una materia de destrucción total, una guerra que tienes siempre perdida.

El chico español puede estudiar pero no hacer una película, porque los cines están ocupados con películas que vienen de este país, algo absolutamente abrumador que acaba con todo. Encima, nosotros, por un dinero que no se sabe cuál porque ninguno quiere averiguarlo, les damos las voces nuestras, el español. No digo que el doblaje se suprima, lo que digo es que hay que tener cuidado, hay que saber y ponerlo muy caro. El cine a las autoridades políticas les importa un pimiento, lo que les importa es que se venda el jamón en Estados Unidos. Cuando desde ese país dicen metemos 58 películas en las televisiones y otras 100 más en los cines, en España dicen ¡Muy bien!

  • Sobre la situación del cine actual: el IVA se ha reducido y la industria sigue buscando su espacio. ¿Mario Camus comparte ese manido comentario de “es muy caro ir al cine”?

Todo está enmascarado. Tú lo que ves es una película, pero en esa película están trabajando 80 personas que cobran un buen sueldo. La película cuesta dinero, el revelado cuesta dinero, ponerla en marcha también. El cine es caro para los países que estamos trabajando con esta carestía que te cuento, el americano que ha hecho una película gana con ella un montón de dinero porque va a todos los países y entra como un rey, puede ser muy cara pero gana mucho dinero.

  •  “He salido de películas de Camus diciendo ¡la novela está bien, pero qué gran adaptación!” Vicente Molina Foix alabó sus adaptaciones ¿Sobre qué obra literaria le gustaría hacer una película?

 

Los amores tardíos, de Pio Baroja. Pero se quedó sin hacer. Cuando tú seas productor me llamas, si todavía estoy vivo.

Un director de historias vitales

Antes de esta entrevista, el director cántabro reflexionó sobre su vida y obra en un Aula Magna dentro de la semana final de los Cursos de Verano. A 400 kilómetros de su hogar y 27 películas, una obra de teatro, decenas de series y cuentos después…. Camus se sentó, mano a mano, con el periodista Manuel Hidalgo para hablar de una época artística, la suya, en la que “nadie pretendía llamar la atención” ya que “lo que primaban eran las historias”.

Su estilo, algo que muchos dicen conocer, no se refleja a primera vista: “a la hora que entras a un set es cuando realmente lo reflejas”.  Una trayectoria que Camus ha hecho en conjunto, “aunando esfuerzos y artesanías distintas”, reivindicando siempre el papel de los protagonistas: “sin los actores los directores no seríamos nada”, aseguró. Manuel Hidalgo ahondó en el trasfondo de algunas de sus principales cintas.

En “Digan lo que digan” el director cántabro dirigió a un joven artista que años después se convertiría en una estrella: Raphael. “No conocía a Raphael… en esa etapa estaba desahuciado, tuve que hacer cosas para vivir, hubiese hecho una película con un cantante o un oso”. Finalmente, la experiencia fue positiva y reconoció el “enorme respeto” que tiene por el intérprete del Tamborilero.

¿Se considera un artista independiente?, preguntó Hidalgo a Camus. Él, sincero a más no poder, contestó: “siempre he tenido una dependencia total al dinero, colaba alguna historia personal, pero lo que me interesaba era eso”. Quizá una de sus obras que más éxito (y dinero) le ha dejado es Los Santos Inocentes. “Me acuerdo el impacto que me produjo la novela, la leí y fue una cosa rara: vi la película entera, si me apuras incluso con los actores que la protagonizaron”.

 

Dos años después de leer la obra de Miguel Delibes y de llevarla al cine, la reacción del público fue, ha sido y sigue siendo un rotundo triunfo, a pesar del rechazo de algunos productores y compañeros: “Berlanga, por ejemplo, me llegó a decir ¡uf, ésta película es buena pero no va a funcionar!”.

Un día actual de Camus dista mucho de su ajetreada vida anterior. Baja cada día a por el pan, pero no busca el diálogo con sus vecinos. Lee prensa, disfruta del deporte en televisión y apenas ve cine, “alguna que otra película de las 10 de la noche”. Está solo, y parece que disfruta de esa soledad. “Hago un esfuerzo por adecuarme a la vida que me ha tocado vivir… espero tranquilamente el día de la despedida”, confesó Camus.

 

 

Mario Camus: “No me suelo entretener en los premios, me perturban” - 1

Todas las noticias »