Noticias - Cursos del Escorial. 30 aniversario.

Manuel Gutiérrez Aragón, entre la realidad y el mito

El realizador cántabro repasa su trayectoria cinematográfica, enmarcada en la convulsa Transición

23 JUL 2015 - 17:00 CET

La Transición marcó un punto de inflexión en muchos aspectos de la vida española, algo que para el cine, habitual transmisor de los cambios políticos y sociales, no pasó desapercibido a través de muchos de sus creadores. En un diálogo con los asistentes al curso Sociedad y cine español desde la Transición, dirigido por el profesor de la Universidad Complutense de Madrid José Luis Sánchez Noriega, el director y guionista Manuel Gutiérrez Aragón realizó un detallado repaso, a través de anécdotas y vivencias personales, de su etapa como creador tras la muerte de Franco.

El director asumió que su infancia, marcada por el misticismo y la mitología atlántica, fue clave a la hora de plantear sus películas: “No lo hacía de manera consciente, pero la mayoría de mi producción se vio influenciada por los cuentos de brujas. En la cultura celta, los mitos y las realidades suelen presentarse mezcladas, algo que de niño se te queda grabado de manera muy intensa en la memoria”.

Para ejemplificar el convulso panorama político que se vivía en la época, Gutiérrez Aragón ideó Camada Negra, un filme que narra la historia de un joven que, debido a circunstancias personales, empezó a establecer contacto con radicales grupos de extrema derecha. La intención del realizador es la de dejar atrás los maniqueísmos políticos, y mostró cómo cualquier persona puede acabar defendiendo ideas que, en principio, pueden resultarle ajenas: “La gente va a ver cine político tratando de reafirmarse en sus ideas. Yo, con Camada Negra, traté de evitar eso. En media España no se pudo estrenar, ya que los comandos fascistas estaban asesinando. De hecho, se llegó a poner una bomba en un cine donde de se iba a estrenar”, recordó el cineasta.

Entre su extensa filmografía, activa hasta 2010, también destacan El corazón del bosque, que relata las vivencias de unos maquis, escondidos en los bosques cantábricos, que van perdiendo su identidad política en pos de la supervivencia;  Maravillas, que tradicionalmente se engloba en el denominado cine kinki por su crudo trato de las clases marginales; y La Mitad del Cielo, un drama ambientado en la posguerra que vuelve a poner el punto de mira en la política y los lazos familiares.

Finalmente, el creador cántabro realizó un alegato en favor de la educación cinematográfica, sosteniendo la necesidad de que los nuevos creadores sigan reuniendo esfuerzo y talento: “La sintaxis de la imagen está cambiando mucho. Mucha gente cree ser experta en cine al comprender lo que la pantalla le dice, creyendo que ellos son los que le hablan a la película. Sin embargo, construir un plano con potencia es algo realmente complejo, no está al alcance de todos”.

Manuel Gutiérrez Aragón, entre la realidad y el mito - 1

Todas las noticias »