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Luis Alberto de Cuenca, cuando la poesía se convierte en un viaje con un lobo y un loco

El poeta de la Generación del 70 compuso temas para la Orquesta Mondragón

21 JUL 2015 - 12:59 CET

Viaje con nosotros si quiere gozar. Viaje con nosotros a mil y un lugar, cantaba la Orquesta Mondragón a las órdenes de Javier Gurruchaga. La melodía soñada por todas las agencias de viajes salió de la pluma del poeta Luis Alberto de Cuenca, como otros tantos temas musicales de éxito. Una unión de la música y la poesía que el que fuera director de la Biblioteca Nacional repasó en el curso de El Escorial Lo breve interminable: el poema, el cuento, el aforismo, el artículo y la canción, dirigido por el también poeta Carlos Marzal.

Pero si por componer un tema musical es famoso de Cuenca es por su Caperucita feroz. Una letra que, según contó, vino a su mente mientras escuchaba la maqueta de la canción y su vista se posó en un grabado de Doré que había sobre su mesa en el que el lobo aparecía en la cama de la abuelita de la niña de rojo. “Luego pensé en invertir los papeles y convertí a Caperucita en una ninfómana”, aclaró entre risas el poeta. Una femme fatale, que, una vez más, acercó a la música y a la poesía porque, como reconoce el ex secretario de Estado de Cultura, ambas se han vuelto a dar la mano en la segunda mitad del siglo XX.

Y como los grandes cantantes tienen alma de poeta, a de Cuenca, le une una gran amistad con José María Sanz, o lo que es lo mismo, Loquillo. Un loco que, a principios del 2000, se presentó en su despacho sin avisar para proponerle un disco compuesto a partir de sus poemas. El filólogo le emplazó a cuando terminase su vida política, y, en 2011, vio la luz Su nombre era el de todas las mujeres. De los 35 poemas que se convirtieron en temas, el loco dio voz a 12. “Tenemos la idea de recuperar los otros”, adelantó de Cuenca en un claro aviso de que en la cerrada coctelería “Balmoral” fue testigo de muchos más temas de los que se publicaron.

Para este sevillano de nacimiento, pero del madrileño barrio de Salamanca de corazón, “en las canciones, es verano siempre”, excepto si, como sostiene, le sacan a cantar, porque él “sólo sirve para invocar la lluvia”.

Un autor fascinado por la Canción de hielo y fuego de George R.R. Martin, a quien define como “Tolkien más Shakespeare”, y del que admira la fantasía de sus libros, porque, a pesar de hacer poesía realista, a de Cuenca, confiesa, le aburre la realidad.

El editor Antonio Lafarque se preguntaba en un artículo ‘¿Quién demonios es Luis Alberto de Cuenca?’. De Cuenca es poesía, es música, y, en definitiva, es todo aquello que se puede esperar de un genio a quien Tintín marca el ritmo de su reloj de muñeca.

Y de letras y poesía habló también el poeta y periodistas de RNE, Ignacio Elguero, en este caso de la canción como confesión autobiográfica, para recordar su paso por La Movida madrileña, cuando llegó a tocar en la “Rock-Ola” con su grupo.

 

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