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Los sentimientos de García Montero y la mirada de Riera enlazan la mujer con la literatura

Nace la XXXII edición de los Cursos de Verano de la UCM

2 JUL 2019 - 00:11 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

De vínculos personales, de mujer y literatura, de un encuentro de “viejos amigos”, de un reguero de autores y obras, de un todo deshilachado pero con un cierta intención de orden en el discurso, de historia y de sentimientos, de un diálogo sin interpelaciones, del poeta Luis García Montero y de la novelista Carme Riera, de la inauguración de la XXXII edición de la cita estival de la UCM, de patrocinadores, de directores de último año, de rectores que fueron directores de los seminarios complutenses, de versos que definen la historia con un pulso diferente a los grandes acontecimientos, de una hora de palabras mecidas por el calor del mes de julio… de eso, precisamente, se nutre la primera tarde de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense. Estamos ante la inauguración oficial. Adelante.

Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, con tres antologías poéticas entre sus manos–poetas románticas españolas, Rosalía de Castro y la suya propia- , lo tiene claro y acude a su primer axioma entre cruces de miradas con su colega Carmen Riera y gestos ante el público que llena el aula magna del Real Colegio Universitario María Cristina: “Los sentimientos son componentes históricos”. En esta línea emocional, “necesitamos transformar la vida para que las cosas vayan cambiando”. Carme Riera mete el dedo en la llaga entre intervenciones respetuosas que no se solapan unas a otras: “Hay que reescribir la historia de la literatura con ojos de mujer”. Ese es el mensaje esencial del diálogo del primer día de los Cursos.

En un recorrido diacrónico, García Montero cita a Santo Tomás de Aquino y su mensaje hacia el hombre “que hace con deseo el amor con su propia mujer”, un acto “peor que hacerlo con un  perro” y también al Arcipreste de Hita, que en su Libro del Buen Amor relacionaba la mujer pequeña con una menor dosis de veneno que toda fémina posee. De la Edad Media, que identifica la mujer con el pecado, pasa al Renacimiento donde poco a poco la mujer “se va haciendo dama”, ejemplificado en los versos de Garcilaso de la Vega: “Yo no nací sino para quereros;/ mi alma os ha cortado a su medida;/ por hábito del alma misma os quiero; / cuanto tengo confieso yo deberos;/ por vos nací, por vos tengo la vida,/ por vos he de morir, y por vos muero”. Esta concepción de la mujer, según él, de la imagen de la mujer como un espejo donde se refleja el hombre llega hasta Gustavo Adolfo Bécquer, con su verso más famoso: “Poesía eres tú”, donde se reserva la condición sentimental para las mujeres y la condición de la razón para los hombres: “Poesía eres tú, pero el poeta soy yo”.

Esta concepción cambia cuando las “consecuencias machistas” derivadas de la Ilustración se transforman en las reivindicaciones de Gertrudis de Avellaneda y más adelante en las de la periodista Carmen de Burgos, que “aprovechó la realidad para ir abriendo fisuras” en unos artículos que fueron derivando de consejos de cocina a la necesidad del voto femenino y  del divorcio.

Mujeres que leen

Riera transita el camino abierto por su amigo y abre cortafuegos en sus argumentos: “La literatura y la mujer son dos aspectos que no casan; las mujeres no hemos sido consideradas creadoras sino reproductoras”. Entre sus ideas aparecen los conceptos de “mujeres que leen”, mostrados en motivos pictóricos como las anunciaciones de la Virgen y de musas como Laura de Petrarca o Beatriz de Dante, opuestas a Madame Bovary de Flaubert o la Regenta de Clarín, que querían hacer de su vida la imagen que se fabricaban de novelas.  “Muchas veces la literatura y las mujeres han tenido un contrasentido, porque hay muy pocas mujeres que escriben representadas en los cuadros con respecto a las mujeres que leen”. Alguna excepción rescata como  la clásica Safo de Lesbos. “Las mujeres a lo largo de la historia han escrito, pero no han salido a la luz”, dice en voz alta. Dentro de este contexto de pinacoteca, García Montero rescata el Juramento de los Horacios, de Jacques-Louis David, donde los hombres aparecen agarrados a la espada mientras las mujeres plañen en una esquina. “En este cuadro se produce la geografía de la separación de los sentimientos de las razones”, lo que supone una “calamidad” de la cultura contemporánea que acarrea “graves consecuencias”.

A la referencia a la musa de Pedro Salinas en La voz a ti debida, a una profesora norteamericana de la que se enamora y que luego deja plantado por un compañero de departamento ante un poeta de la Generación del 27 “estupefacto porque las musas no se casan con nadie”, García Montero recuerda a Riera que Salinas se había enamorado en los Cursos de Verano de la Menéndez Pelayo. Un amor de verano que la distancia cercena.

El último ejercicio de magia sobre la mujer y la literatura que evidencia Riera cierra este artículo, pero antes las palabras de inauguración de los Cursos del rector Joaquín Goyache, que confiesa su amor por los seminarios estivales de la UCM, “el mejor escaparate de la Complutense”. Goyache, que fue director de los Cursos durante 2012, considera este cargo “como el mejor regalo que se le puede hacer a un profesor de esta universidad”.

Manuel Álvarez Junco, que encara sus últimos Cursos al frente de los mismos, define esta cita académica como un lugar de encuentro que transforma un “tiempo de desocupación” en un lugar de “encuentro con gente nueva y desconocida”. Por su parte, Matías Rodríguez Inciarte, presidente de Santander Universidades, patrocinador principal de los Cursos de Verano, destaca el rigor académico de unas jornadas que abren nuevos interrogantes que tratan de encontrar nuevas solucione a los retos de la sociedad del conocimiento.

Memoria viva de la cultura española

Pasión por los Cursos de Verano de la Complutense. También expresado por Carmen Riera, que en 1993 dirigió junto a su colega Nélida Piñón el curso Mujeres creadoras, en el que intervinieron, entre otras autoras, Ana María Matute y Rosa Chacel. Y, por Luis García Montero, que en la primera edición de los seminarios complutenses, allá por 1988, acompañó a Rafael Alberti. El poeta granadino omite amores propios y otras intervenciones como el centenario de Francisco Ayala o el homenaje a Ángel González, compañero de versos y vinos. “Los Cursos de Verano de la UCM son memoria viva de la cultura española”. Touché

El fin del principio de esta edición. Carme Riera. Reto a los espectadores, que en gran medida son alumnos y profesores de las aulas de verano de la UCM. Sin olvidar el tema, mujer y literatura, la novelista balear lee el poema titulado Garcilaso 1991, que finaliza así: Ya sé que no es eterna la poesía,/ pero sabe cambiar junto a nosotros,/ aparecer vestida con vaqueros,/ apoyarse en el hombre que se inventa un amor/ y que sufre de amor cuando está solo”. Y acto seguido lanza la pregunta: ¿versos escritos por un hombre o por una mujer? Dudas en el auditorio… Las estrofas son de… Luis García Montero, allí presente, a unos metros, conteniendo su aliento. ¿Importa el género cuando la poesía te desnuda?

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