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Los celtíberos de Numancia cuentan su épica

19 JUL 2018 - 11:34 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

El cuerno suena para anunciar la llegada de los celtíberos al parque de María Cristina. Vienen directamente de Numancia. Las crónicas dicen que los únicos supervivientes al famoso cerco fueron exhibidos como esclavos en Roma. “La mayor parte de los numantinos, a través de suicidios colectivos, prefirieron ser libres en el más allá”. Las palabras suenan a trueno y épica y provienen de un caudillo que bien podría ser Karos o Megara. El mito y la leyenda de la resistencia, ensalzada por los propios historiadores romanos, seducen a un auditorio estupefacto.

Esta recreación histórica del grupo Tierraquemada (Garray, Soria), enmarcada en el curso Los celtas. Arqueología, lenguas y genes, dirigido por Gonzalo Ruiz Zapatero y Martín Almagro, conforma una clase al aire libre donde las fuentes históricas y las excavaciones arqueológicas –en las que destaca la cerámica celtibérica pintada- dan la base científica de esta original actividad.

“¡Venimos de Numancia, la ciudad más poderosa de los arévacos!”, brama el general de esta peculiar comitiva. Argumenta que su pueblo mantiene una intensa guerra en la que hasta ocho generales romanos están implicados entre el 153 a.c. y el 133 a.c. Los celtíberos repelen los ataques del Imperio Romano, que utiliza hasta elefantes en una batalla. Es en este periodo donde se acrecienta el mito: “Numancia es invencible”. Los jóvenes romanos no quieren ir a  perder la vida allí. Roma tiene un problema… hasta que decide enviar al poderoso general Publio Cornelio Escipión, que cerca Numancia con siete campamentos y despliega el ejército “más poderoso que haya estado nunca en la Península Ibérica”, compuesto entre 55.000 y 60.000 hombres. El final es harto conocido.

El séquito sigue parapetado enfrente del María Cristina. Su caudillo ahora se adentra en la historia del día a día de los celtíberos y, para ello, se vale de sus compañeros. Mientras las mujeres muestran, en una especie de desfile de pasarela rural, sus trajes de lana, sujetos con fíbulas –muchas de ellas en forma de caballo- y sus ricos adornos, los guerreros golpean sus “caetras”, escudos circulares de cuero o madera forrada con pieles, que les concede una ventaja en el combate del cuerpo a cuerpo, pero no así en las batallas a campo abierto, donde los romanos son superiores. Según el caudillo de Tierraquemada, los celtíberos, a diferencia de los romanos, que priman el combate colectivo a las habilidades, conceden una especial importancia al arrojo individual en las guerras.

Antes de sacarse fotos con los alumnos y regresar al túnel del tiempo, los celtíberos hablan de la “kaelia”, una especie de cerveza que adoran beber en cualquier época del año, y del papel de la mujer en la tradición oral de sus pueblos. Esta relevancia de las mujeres celtíberas no acaba aquí porque “eran las jóvenes celtíberas, en noches de luna llena, las que escogían a sus maridos entre los mejores guerreros”. Estos, para impresionar a las mozas, exhibían cabezas y manos der sus enemigos. Puede que la expresión moderna de pedir la mano provenga de aquí.

(Reportaje UCM TV. Los celtíberos de Numancia. Enlace)

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