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Las reliquias del Monasterio de El Escorial, a la vista de unos pocos privilegiados

13 JUL 2018 - 14:50 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

Los turistas contemplan extasiados la basílica del Monasterio de El Escorial. No pierden detalle de nada, pero ocultos a ambos lados del altar mayor reposan cientos de huesos y otros restos de santos. Muy pocos son los privilegiados que pueden ver la selección de una de las mejores colecciones de reliquias del mundo, integrada por más de siete mil piezas. En este grupo exclusivo de elegidos están los alumnos del curso Liturgia y monarquía en el Monasterio de El Escorial, dirigidopor Pilar Benito, jefe de Servicio de Conservación del Patrimonio Nacional.

Operarios del Monasterio abren con un estudiado ritual los retablos de los altares de la Anunciación y de San Jerónimo –pintados por Federico Zuccaro-, dedicados a los restos de las santas y de los santos, respectivamente. Los relicarios de diversas formas y tamaños se suceden en diferentes estantes. El agustino José Rodríguez, una de las personas que más saben del Monasterio “oculto”, explica al grupo que, el altar de San Jerónimo, ubicado delante de los aposentos de Felipe II, presenta una disposición curiosa de piezas de abajo a arriba: de las más adornadas y documentadas a las más humildes –con materiales de hasta latón- y menos éticas, con menos argumentos para ser “auténticas”. Afinando la vista, se pueden observar los huesos.

Mientras José Rodríguez explica que las reliquias “no son ningún dogma de fe, aunque merecen culto y veneración”, Pilar Benito hace hincapié en que los cráneos o parte de ellos, que se encuentran en el interior de las esculturas en forma de cabezas, están forrados por telas ricas para preservarlos del metal. Aunque la mayor parte de las reliquias son del siglo XVI, los restos de cabezas, en un elevado número, son originarios del siglo XVII.

Los dos expertos en patrimonio también destacan los diversos materiales en los que están confeccionados los relicarios del altar de la Anunciación, que van desde el ébano hasta el marfil. Benito llama la atención sobre dos, del siglo XVI, concretamente ubicados en el quinto estante, que vinieron de las Indias Occidentales.

De insignes a pequeñas

En la clase previa a la visita, José Rodríguez enumeró los tipos de reliquias: insigne (como el cráneo, la cabeza, el corazón o las extremidades completas), notable (como una extremidad incompleta), menor (canillas pequeñas, como falanges) o pequeña (huesecillos del tamaño de una nuez).

Basándose en los testimonios escritos de Fray Jerónimo de Sepúlveda, Rodríguez calificó a Felipe II como un “gran mecenas de reliquias no sólo por su condición de rey católico sino por su empeño personal”. En este sentido, recibió regalos de personalidades del mundo civil y religioso como papas, cardenales, emperadores, reyes, pero también párrocos, duques o embajadores hasta atesorar su colección, que fue completando en siete entregas desde el año 1571 hasta 1598. La octava, ya con Felipe III fue de poca cuantía.

Rodríguez contó algunas andanzas de la comisión internacional que fue desde Colonia hasta San Lorenzo de El Escorial con la séptima entrega de reliquias como las vicisitudes a la hora de cruzar los Alpes o de cómo en una escala de tres días en Barcelona se pintaron los extremos de algunos huesos y se inscribieron algunos nombres en ellos, medidas que enojaron a Felipe II.

En su análisis, el estudioso agustino explicó que la mayor parte de las reliquias pertenecen a los cinco primeros siglos de la cristiandad, concretamente a los santos mártires cristianos. Este hecho tiene una explicación: en el siglo V se abole la ley romana que impedía exhumar y trasladar cadáveres o restos. De ahí que de muchas reliquias se perdiera el rastro o su autenticidad. También esta es la causa de que haya pocas reliquias de la Edad Media en la colección real.

Otro de los elementos esenciales sobre este asunto son las 375 “auténticas”, credenciales que acreditan que los restos son auténticos, y que constituyen una colección en sí misma. Cada documento consta de tres elementos: el protocolo (la presentación de la persona que cede esos restos), la media (el cuerpo del manuscrito, que habla del santo) y el “escatopolo” (la fecha, la firma y el sello).

(VIDEO. CORTESÍA UCM TV. Enlace)

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