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La vida y la música, en cuatro movimientos y medio

José Sanchís y la OSUCM concentran la atención cultural y mediática de la última semana

25 JUL 2018 - 21:27 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

Un, dos, tres y hasta cuatro eventos culturales ha protagonizado José Sanchís, director artístico y musical de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Complutense (OSUCM), en la postrera semana de los Cursos de Verano. Y le queda música para rato, porque no le basta con dirigir, batuta al viento, agrupaciones de instrumentos sino que también quiere divulgar diversos aspectos de un concierto para que el público en general pueda “gozar” con más intensidad.

Primer movimiento. Taller de dirección e interpretación orquestal. Aula Magna del Real Colegio Universitario María Cristina y Teatro Real Coliseo Carlos III. De lunes a viernes. Durante cinco días y 36 horas, los alumnos de Sanchís -directores de orquesta, estudiantes de dirección de orquesta e instrumentistas de cuerda- aprenden contenidos tan atractivos como técnicas de ensayo, gestualidad expresiva, desarrollo de la memoria cognitiva o flexibilidad del tempo. Las prácticas tienen un premio: el concierto de clausura de los Cursos de Verano con la Orquesta de Cámara de la Universidad Complutense.

Alejandro Morán y Carmen Mendoza son dos de los alumnos de Sanchís. Se les nota el cansancio pero la sonrisa les da un maquillaje de ilusión y aprendizaje. También de seguridad. En una pausa de un ensayo, Carmen, violonchelo, ensalza el taller porque sirve para trabajar “muy detenidamente, al detalle”, porque por lo general “vamos siempre con mucha prisa”. Además, pasar por diferentes directores -compañeros de atril- “te hace entender mejor” la formas de interpretar una partitura.

Alejandro Morán, agente doble, violín y aprendiz de director de orquesta, cree que aprender de Sanchís “te hace ver cómo funciona una orquesta y cómo el gesto del director transmite una personalidad distinta”. Doble punto de vista y formación complementaria para llegar a ser un músico “integral”.

Segundo movimiento. Casa de Cultura. Martes. Conferencia ¿Cómo escuchar la música? Parque de la Bolera. Tras un video de la Filarmónica de Berlín interpretando la Segunda Sinfonía, de Mahler, “la máxima expresión de la emoción y el corazón”, Sanchís explica a una audiencia heterogénea diferentes conceptos como el ritmo, la melodía, la armonía y los matices (entre ellos, la dinámica), identificando las “capas de la cebolla” de la música con ayuda de dos violines, una viola y un chelo. Al fin y al cabo, el “maravilloso” proceso de esa experiencia transforma las  “manchas, líneas y signos extraños” de un partitura en emociones cuando descansa en un atril.  

Para Sanchís, la percepción musical depende de la experiencia vivida por cada uno de nosotros. De esta forma, sin pasividad, todo el mundo puede sumergirse “en algo que uno no puede explicar, algo que es orgánico y en el que la inquietud siempre está presente”. En ese intento de compartir la pasión musical, Sanchís pide que los conciertos de todos los estilos musicales cuelguen el cartel de “no quedan localidades”, al mismo tiempo que exclama: “La música clásica es patrimonio de la humanidad, todos podemos disfrutarla”.

Entre medias de estas reflexiones, el director de orquesta regala unos ejercicios muy sencillos pero contundentes con las notas del tema principal de Memorias de África, interpretado por el cuarteto de cuerda. Deberes para el público: “Dejen llevar su mente  y en un papelito escriban  un adjetivo que le sugiera lo que escuchen.”. Realmente, según Sanchís, el director de orquesta cuenta una historia que el director ha transmitido de los compositores, “aunque directamente no he podido hablar con Brahms, Schubert o Schumann, aunque lo haya intentado”.

En el segundo ejercicio, propone a la audiencia de la Casa de Cultura identificar dinámicas de piano y forte de los cuatro instrumentos y cómo unos arropan a otros y van entrando en escena; muestra cómo el violín “va cogido de la mano de la viola y empiezan a caminar juntos”; en definitiva, la creación de una atmósfera “más envolvente que te obliga a llenarte los pulmones y respirar”.

De África a Nueva York, sin salir de San Lorenzo de El Escorial. El tema interpretado por Frank Sinatra, New York, New York es la excusa para continuar con la clase didáctica. Sanchís señala que los ritmos se suceden unos sobre otros, el violín sobre la viola. Si falla el ritmo, “nos falla el pulso, el elemento más primitivo” y eso “sería mal asunto”. Sin perder el ritmo, hay que fijarse en los timbres, los sonidos característicos de cada instrumento. “El chelo abraza al resto de instrumentos y poco a poco le metemos más leña, fijaos”, advierte, y al cóctel añade la melodía –“buscarla en una sinfonía equivale a la sensación de placer del niño en un parque de atracciones”- y la armonía, cuando los sonidos “se suman diferentes, de forma simultánea, riqueza sonora, divertida, llena de colores…”.

Con la miel en los labios, el director de orquesta – sin ayuda de micrófono y paseos que te cría por el pasillo central del salón de actos de la Casa de Cultura- confía en haber ayudado a escuchar mejor la música y en haber enseñado más recursos para disfrutar de ella, porque “estamos necesitados de sensaciones y optimismo”. Lo dice un “privilegiado”, al que le ha costado mucho llegar a ser un profesional, pero que no pierde la perspectiva de la “fiesta” que supone nadar entre notas.

Entre el segundo y el tercer movimiento. Teatro Real Coliseo Carlos III. Miércoles. Entrevista para UCM Televisión y la página electrónica de los Cursos de Verano de la UCM. La música cesa. Los periodistas disparan preguntas a Sanchís. Alguna busca profundizar en los aspectos apuntados en el segundo movimiento. Butacas vacías.

El poder emocionar y el trabajo, confiesa, son sus dos sellos más representativos. Entre sus consejos, trasladar a la vida cotidiana las sensaciones de la música. “Los mejores son los que mejor saben mostrar sus cualidades y mejor saben esconder pasajeramente sus defectos”, avisa. Pide siempre que sus alumnos se vayan de los ensayos preguntándose el porqué de todo. No olvida la empatía y la cercanía con el público ni la energía y el brío que, como orquesta joven, transmite al aforo.

Ante la cámara de UCM TV, Sanchís divide la experiencia de sus alumnos en la parte íntima de los ensayos y el concierto, en el que se enfrentan al público, “un momento único, en el que la música es efímera. Ahí están el premio y las sensaciones, el conocerse a uno mismo”.

Insiste en la metáfora de “las capas de la cebolla” y reconoce que sigue intentando llamar a Brahms, Schubert o Schumann, pero no descuelgan sus teléfonos. Así que sólo queda asumir que los directores son “meros transmisores” de los compositores.

Oscuro en la tele. Oscuro en  el teatro. Todo ha ocurrido en un pestañeo. Almu, Blanca y Berta –Judit en la retaguardia- apagan las máquinas y Ángel, el técnico, las luces. La vida, la música y el reportaje continúan.

Tercer movimiento. Cuarteto de cuerda. Miércoles. Parque de La Bolera. Noche perfecta, algo calurosa. Anunciando el mes de agosto, Andrea Ruiz y Daniel Rodríguez (violines), Jesús Santamaría (viola) y Carmen Mendoza (chelo), atan con su cuerda los Cursos de Verano. Las actividades culturales tocan a su fin… de mano de la batuta de José Sanchís.

Cuarto movimiento. Concierto de clausura. Jueves. Teatro Real Coliseo de Carlos III. La Orquesta de Cámara de la Universidad Complutense, apodada en los Cursos de Verano “la orquesta del Titanic”, que toca a pesar de que la edición de 2018 se hunde, acompasa las palabras de despedida del rector complutense Carlos Andradas y del capitán de navío de los Cursos Manuel Álvarez Junco. José Sanchís cede el protagonismo a los alumnos del Taller de dirección e interpretación orquestal. Que nadie caiga en el olvido: Carolina Mercedes Ceriani, José Miguel de Lellis, Marta Pilar Hernando, Francisco Herrero, Lidia Miguel, Alejandro Morán, Jesús Moreno, Alejandro Puchades y Mauricio Sotelo. Brook Green Suite (Gustav Holst), Simple Symphony (Benjamin Britten) y Suite Holberg (Edvard Grieg), las tres piezas del programa, ponen el broche final a los Cursos.

Movimiento final (recreación). Real Colegio Universitario María Cristina. Viernes. José Sanchís sale, solo, por la entrada principal. Paradoja. Percha con funda. Funda con traje. “Un honor”.

La vida y la música, en cuatro movimientos y medio - 1

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