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La brevedad de lo complejo, un aforismo de la vida

Andrés Trapiello y Miguel Ángel Arcas reflexionan sobre el género literario y su relación con la vida, el mundo y el tiempo

20 JUL 2015 - 16:28 CET

El aforismo como género literario ha sido el eje central sobre el que han tratado los escritores Andrés Trapiello, Premio de la Crítica, y Miguel Ángel Arcas, editor de Cuadernos de Vigía, en el curso Lo breve interminable: el poema, el cuento, el aforismo, el artículo y la canción. Una aportación dual en la que se ha reflexionado sobre el concepto de la brevedad y la literatura, “en una relación que no se basa en el tamaño, sino en el talento”, introdujo el también escritor y Premio Nacional de Poesía Carlos Marzal. “Un aforismo tiene que ser breve, tremendamente intenso y muy preciso. Es un texto absolutamente medido, no sobra nada ni falta nada. No lo puedes parafrasear ni versionar. Puedes alargarlo, pero fabricando otro aforismo para que, de alguna manera, encuentre nuevas aristas”, explicó Arcas. Idea que comparte el Premio de la Crítica, para quien la causalidad no tiene cabida en este género, y que necesita de un argumento firme detrás que lo sustente.

Así, el aforismo surge de la experiencia diaria, de la cotidianidad de un pensamiento o emoción que se materializa en un par de líneas. La vida constituye la fuente de inspiración de este tipo de texto breve, que no abarca un terreno determinado, sino el conjunto de vivencias posibles: “El amor, la muerte, la soledad, las circunstancias… La realidad te va dando los motivos y razones para poder ‘pensarla’; porque, al fin y al cabo, un aforismo es una forma de pensar el mundo, de otra manera”, afirmó el editor. Para Trapiello, el aforista sitúa al lector en el centro del problema, enunciando más revelaciones que argumentos: “Por un instante arrojan una luz muy vívida por un asunto que no todo el mundo interpreta de la misma manera”.

Como una pincelada de lucidez, el aforismo conjuga la sabiduría y la banalidad, haciendo de una frase una sentencia doctrinal. Líneas que aúnan complejidad y sencillez, en una aportación breve, pero concisa: “Las palabras son las justas, sientes que las cosas son así y no podrían ser de otra manera”, añadió Trapiello. Un recurso que se inspira por y en la vida, ya que “todo el mundo pensamos y escribimos en aforismos”, concluyó.  

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