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La bioinformática abre el camino hacia una medicina personalizada

18 JUL 2019 - 16:55 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

Las herramientas tecnológicas y estadísticas que conforman lo que se denomina bioinformática ayudan a encauzar y traducir la ingente cantidad de datos derivados de la investigación en el campo de la salud. Solamente con el manejo y el cruce de variables de estos grandes almacenes, la medicina personalizada se irá abriendo paso.

Francisco Blanco, director científico del Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña (INIBIC), puso, como ejemplo de esta realidad, la proteómica, un área de la ciencia que genera una cantidad de datos en busca de biomarcadores o proteínas o péptidos “que definen mejor las enfermedades y diagnosticarlas” y de biomarcadores que logren mejorar el tratamiento de  los pacientes. En su opinión, al generarse estos datos, asociados a la cantidad de datos clínicos de los pacientes, aparece un conjunto de información que, por lo métodos clásicos, sería “complicado” obtener. “La bioinformática y el big data nos están ayudando a definir, clasificar y seleccionar pacientes que pueden responder a tratamientos específicos, y eso es el camino de la medina personalizada”, aseguró.

Juan Antonio Vizcaíno, coordinador del equipo de proteómica del European Bioinformatics Institute (EMBL-EBI), comparte ese punto de vista. En la proteómica y en otras disciplinas como la genómica, el big data va a adquirir importancia en el futuro “gracias a que ya hay muchos datos en el dominio público”. No obstante, Vizcaíno señaló que  los temas “más interesantes” para el gran público vendrán cuando estos datos se puedan utilizar para “cuestiones más biológicas” en un futuro de inteligencia artificial, porque, ahora, sobre todo “hay ideas y aproximaciones”. En su condición de bioinfomático, reconoció la imposibilidad de analizar manualmente cientos de miles de espectros de masa.

Sobre la divulgación y conocimiento de la proteómica, Francisco Blanco se mostró optimista porque los ciudadanos la conocen “mejor de lo que se creen” porque manejan diariamente términos, que son proteínas relacionados con sus enfermedades. Por ejemplo el PSA es una proteína que casi todos los hombres a partir de los cincuenta años conocen en sus análisis de próstata. También las mujeres manejan conceptos de este campo en sus test de embarazo. Estos casos demuestran que “la proteómica y las proteínas están integradas en el día a día de la población; lo único que falta es el paso a la asociación”, como en el cáncer de mama, que la paciente no relaciona con la proteómica la biopsia que determinará su tratamiento.

Blanco, que concurrió al curso Plataformas tecnológicas y “big data” aplicados a la medicina de precisión, dirigido por los investigadores Concha Gil y Fernando J. Corrales, también se refirió al Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña como un centro que pondera la proteómica tanto en sus grupos de investigación como en el diseño del programa educativo de la universidad.

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