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Gustavo Martín Garzo: “Si soy novelista es porque soy un cineasta frustrado”

25 JUL 2018 - 13:28 CET

María Ibáñez / Foto: Nacho Calonge

Gustavo Martín Garzo acude a la entrevista sonriente y relajado, tal vez porque aún conserva parte de esa transparencia infantil que acostumbra a reflejar en algunos de sus relatos. Este reconocido escritor que se esfuerza por transmitir su cercanía, se ha movido con gran soltura desde sus inicios narrativos tanto en la literatura adulta como en la infantil, a pesar de que no es partidario de hacer distinciones entre una y otra. Ama el cine y los libros, y así lo dejó entrever durante su intervención en el curso Mario Camus, la escritura de las imágenes, dirigido por Manuel Hidalgo, donde compartió sensaciones y experiencias adquiridas a través de la filmografía del cineasta cántabro.  

Pregunta: ¿Cree que cursos como este contribuyen a acercar la figura de autores tan importantes como Mario Camus, sobre todo a los más jóvenes?

Respuesta: Me gustaría que fuese así. Mario Camus es uno de los grandes cineastas del país de la segunda mitad del siglo pasado y merece un reconocimiento. A veces, estos autores quedan un poco en el olvido porque aparecen nuevas modas y nuevas formas de enfrentarse al mundo del cine, y yo creo que Mario Camus es un autor imprescindible, no solamente porque el cine que hace es muy bueno, ya que realmente conoce ese oficio y lo ama, sino porque también nos vincula con lo mejor de nuestra tradición literaria. Camus, como a la manera de los cineastas de su tiempo, no veía separado el mundo del cine del mundo de la literatura, es decir, una película antes de ser una película es necesario que sea un buen guion de cine, y un guion es literatura; el cine y la novela son artes narrativos. Mario Camus se ha caracterizado por la importancia que siempre ha tenido el hecho literario en sus películas.

P: ¿Considera que el cine ha podido tener repercusión en su vocación literaria?

R: Muchísima. Yo fui un niño que antes que lector fui espectador de cine. En mis tiempos, los niños cuando teníamos un periodo de vacaciones, los jueves por la tarde que no íbamos al colegio o los sábados y los domingos siempre íbamos al cine. Veíamos programas dobles, sesión continua; entrabamos allí y nos tirábamos toda la tarde viendo una película tras otra, y todo eso ha condicionado completamente mi vida. Me atrevería a decir que si soy novelista es porque soy un cineasta frustrado; lo que de verdad me hubiera gustado es ser director de cine. El cine es un arte extraordinario que realmente nos enseña a ver el mundo, la realidad. Yo creo que ningún arte ha sido capaz de mostrar el rostro humano como lo hace el cine, como lo vemos en una pantalla. Esto es muy triste porque en la actualidad las salas de cine están desapareciendo y son el  lugar verdadero para ver una la película; separase del mundo que se crea en la oscuridad y luego poder ver esas imágenes a una escala muy diferente a la normal, contribuye a que durante la proyección de la película sea un poco un lugar de ensueño.

P: ¿Qué significa para usted la narrativa?

R: Mucho. Primero como lector porque un escritor antes que escritor es lector. A través de los libros consigues muchas cosas, aprendes cosas del mundo, de ti mismo. Sobre todo en el fondo, lo que pides a los libros más allá de que te cuenten lo que somos o lo que es el ser humano, es vida, leemos porque queremos vivir. Cuando encontramos un libro admirable realmente te permite vivir intensamente tu propia vida, y en cierta forma lo que buscamos al leer un libro no es diferente de lo que puede buscar alguien que le gusta bailar cuando llega a una discoteca; vas a la discoteca porque quieres sentir tu cuerpo lleno de energía, de vida y de deseo. La literatura habla de la búsqueda de nuestros deseos y siempre ha sido una búsqueda de la intensidad y de la plenitud.

P: En cuanto a su última obra, La ofrenda (2018), recuerda a la historia de la Bella y la Bestia, ¿Por qué cree que esta clase de relación entre mujer y monstruo ha sido utilizada de forma recurrente tanto en cine como en literatura?

R: Se debe a que es un relato central que habla de cosas muy importantes y significativas. Estos relatos te llevan al mundo del sueño, de la oscuridad, de la noche, a nuestra propia sombra, esas zonas de nosotros mismos en las que la razón entra con dificultad; no desdeño a la razón, pero la razón es una casa pequeña, no cabe enteramente nuestra vida en ella, hay un montón de parcelas de nuestra vida que la razón no puede abarcar. Explorar esas parcelas para mí es un poco la misión del cine y de la literatura.

La Ofrenda se inspira en una película que se hizo a finales de los años 50, que se llama La Mujer y el monstruo, que en el fondo es una variante del mito de La bella y la bestia, pero en este caso la bestia es una criatura acuática. El encuentro entre la bella y la criatura habla de muchas cosas: del deseo, de la sexualidad, de lo inconfesable, del reino de lo oscuro, de la noche, del deseo como algo que te lleva a explorar el territorio de lo inexplicable, donde suceden a veces cosas temibles a las que no podemos dar la espalda porque si no, perdemos una parte esencial de nuestra vida.

P: ¿Qué representa el monstruo para usted?

R: El monstruo representa todo lo incumplido que hay en nosotros, es una metáfora de nuestro propio corazón. El corazón del ser humano siempre está lleno de anhelos, de sueños, de cosas que se quieren alcanzar y no se logran, y a la vez es el lugar del deseo. Un monstruo es un ser que no puede renunciar a su deseo y precisamente eso puede transformarle en algo amenazante para los demás, pero en el fondo el monstruo siempre busca algo que no tiene; en cierto modo es una metáfora de nuestra condición porque el ser humano siempre tiene un sentimiento de carencia, de necesidad de buscar cosas que se te escapan, y también una necesidad de acercarte a eso que podemos llamar belleza, búsqueda esencial sin la que la vida no tendría mucho sentido.

Como decía el gran poeta checo Kryil, en “todo lo horrible siempre hay algo que pide ser amado, que pide nuestro amor, que pide ser rescatado a través del amor”. La mayoría de los monstruos de las películas fantásticas como Frankenstein o King Kong son seres donde hay desamparo, soledad extraordinaria y lo que hacen al acercarse a la bella es pedir ser rescatados, ser amados.

P: ¿Existen diferencias sobre la visión del monstruo entre niños y adultos?

R: El niño lo entiende mucho mejor, está mucho más cerca del monstruo que el adulto. En cierta forma el niño es un poco monstruo, ya que le cuesta mucho renunciar a sus deseos. Una rabieta de un niño podría ser terrible si tuviese fuerza; en esos instantes se convierte en un monstruo, en alguien que quiere algo y que no acepta que se le niegue lo que está pidiendo. El niño vive en el mundo del deseo, pero a la vez vive en un mundo que no entiende. Tiene cosas de dentro de él que no sabe cómo explicar; tiene que adaptarse a lo que los adultos le dicen y no sabe cómo hacerlo, por lo que se mueve como un ser torpe y desorientado que quiere acercarse a esos lugares y nunca se siente aceptado por ellos. Entonces, cuando a un niño le hablas de un monstruo enseguida se identifica con él.

A los niños les interesa mucho estos cuentos, estos relatos, y no entiendo la tendencia que hay en distintos ámbitos actuales relacionados con el mundo de la literatura infantil de querer privarles de esas figuras inolvidables que son los ogros, las brujas, los dragones o el lobo; si eliminas esas figuras de los cuentos se quedan en nada. El cuento de Caperucita sin el lobo no sería nada, el lobo simboliza la noche. En el caso de Caperucita, que es una chica preadolescente, el ir al territorio del lobo  significa ir a la noche, abrirse al sexo, abrirse al alcohol, vivir unas experiencias prohibidas que son necesarias que las viva para poder realizar su vida plena. Por lo tanto, esa relación con el lobo es imposible evitarla si de verdad queremos vivir una vida completa. Obviamente, hay que tener cuidado con el lobo y no perder la cabeza, pero no podemos dejar de entrar en ese territorio.

P: En su trayectoria nunca ha dejado de lado la literatura infantil, ¿Qué le atrae tanto de ella y que le aporta?

R: No distingo entre literatura infantil y literatura de adultos. Lewis decía que “la literatura infantil es aquella que también gusta a los niños”. Antes de poner el adjetivo de infantil tenemos  que hablar de literatura de verdad. Me interesa esta literatura pensada para los niños porque ahí está el mundo de los cuentos, los relatos o los cuentos de hadas. Me parecen las historias más extraordinarias que se han contado nunca, y algunos de los más bellos poemas que han elaborado el hombre y la mujer a lo largo del tiempo están contenidas en esas historias. A los niños les encantan porque se identifican con ellas; inmediatamente al escuchar ese cuento sienten que les estás hablando de las cosas que les pasan a ellos. Estoy convencido de que quien quiera saber lo que hay en el corazón de un niño, en vez de preguntar a pedagogos, psicólogos o especialistas de la infancia, hay que abrir los cuentos de los Hermanos Grimm y leerlos. En esos cuentos esta todo lo que el niño es; sus temores, sus deseos, su necesidad de amor, su miedo a ser abandonado, sus celos, su ambición o su agresividad.

P: ¿Cuál es su posición ante la educación de los niños a través de los nuevos productos tecnológicos y el alejamiento de los cuentos clásicos?

R: Si se les aleja de estos cuentos me parece que es un error completo, porque el niño constantemente pide historias a los adultos. Contar las historias es muy importante porque es una forma de que el niño sienta que el adulto está a su lado. Este acompaña al niño a la cama cuando se va a dormir, le está dejando en un momento complicado para él porque se va a quedar solo en medio de la noche, pero acompañarle a la cama y contarle una historia es una forma que tiene el adulto de decirle: “estoy a tu lado”. De alguna forma, el cuento prolonga el momento de caricias, de juegos, que debe existir siempre entre el adulto y el niño. Es una manera de reforzar ese vínculo amoroso y que es imprescindible para que el niño crezca y tenga confianza en sí mismo.

Por otra parte, también es importante contárselo porque esas historias están llenas de sabiduría de la vida. Las niñas o los niños que escuchan cuentos están mucho más preparados para enfrentarse a los problemas de la vida y del crecimiento que los que no los escuchan.

P: ¿En qué otros proyectos está trabajando actualmente?

R: Tengo  una novela breve ya terminada que saldrá el año que viene, supongo que en primavera, pero de los libros que no se han publicado es mejor no hablar, es mejor dejarlos ahí como algo que está a punto de suceder.

 

 

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