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Forges: “Con humor de por medio, la demagogia desaparece”

Entrevista al humorista gráfico antes de sumergirse en el curso La Transición a través de la cultura y las artes

7 JUL 2015 - 13:16 CET

Café, tostada y viñeta de Forges en El País. Ese es el ritual matutino del españolito de barra de bar y usuario de transporte público. A ellos suele escuchar Antonio Fraguas (1942), antes de firmar como Forges. Humorista gráfico con 51 años de profesión, escritor y director de cine y televisión, colaborador radiofónico…: estamos ante un hombre polifacético, detallista y conversador.

Varios galardones avalan su trayectoria artística: Premio a la Libertad de Expresión de la Unión de Periodistas de España, Creu de Sant Jordi, Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo, Premio Nacional de Periodismo Pedro Antonio de Alarcón y Premio Latinoamericano de Humor Gráfico Quevedos, entre otros.

Acude a un curso sobre la Transición para hablar sobre su oficio de humorista gráfico, ¿guarda en su memoria una viñeta o alguna publicación que defina ese periodo?

Bueno, en general lo define el eufemismo. En aquella época construimos un lenguaje, una comunicación entre los lectores y los humoristas gráficos. La síntesis total fue Hermano Lobo. Era espectacular, era tal la sinergia contraria que producía llevar un Hermano Lobo debajo del brazo y pasar delante de un “gris”, la policía armada de la época, que éste se liaba a porrazos contigo. “A ver si te crees que la policía es tonta”, pensaba.

¿Queda algo hoy en día de ese espíritu de Hermano Lobo?

Tiene que haberlo. En los Estados totalitarios la censura la ejerce el Estado y sin embargo en los Estados democráticos la censura la lleva adelante las corporaciones. Tú no puedes decir determinadas cosas de una forma directa o clara porque pueden retirar la publicidad a tu periódico.

¿Concretamente usted mantiene la autonomía dentro de El País, allí es una reino de taifas?

Sí, siempre lo he sido. Afortunadamente después de 51 años de profesión puedo afirmar una cosa que a lo mejor suena rara: jamás, nunca, un director me ha dicho “haz esto o no hagas esto”. Cuando empecé el primer día, Jesús de la Serna, que fue quien me encargó hacer un dibujo diario, me dijo: “No hagas demagogia”. Y es lo que intento hacer. Siempre que hay humor de por medio, la demagogia desaparece.

Paradójicamente, cuando llega la democracia, algunas publicaciones relevantes de humor desaparecen…

No es un hecho paradójico, simplemente hubo mucha más competencia. Si tú ahora lees el periódico, las cosas más directas sobre humor no las dicen los humoristas. La cantidad de tonterías que pueden decir determinada clase de políticos a lo largo del día… nos hacen una competencia tremenda. Si resulta que todo está inundado por esas tonterías, nosotros vamos mal.

¿Cómo afronta diariamente el reto de crear una viñeta, acotando una realidad concreta?

Lo fundamental es huir de las redacciones tanto de la de papel como de la digital. Lo mejor es huir de ellas porque se crea una actualidad que en realidad no existe. Tienes que darte cuenta de cuál es la actualidad de verdad, crear imágenes y personajes que vayan en consonancia con lo que estás viendo. Eso se consigue escuchando en las barras de bar y en los servicios públicos de transporte y sobre todo escuchando a la gente. Ahí te das cuenta de lo que está pasando de verdad.

¿La redacción de El País ni la pisa?

Que te diría yo… una vez al año o algo así. Como estamos conectados a través de internet, ahora mismo todo esto es una maravilla. Te ocurre una cosa y “zaca” lo puedes meter en twitter, en el periódico o donde te dé la gana… Si nosotros hubiéramos tenido twitter en nuestros tiempos, habría durado Franco… probablemente los mismos años.

Al menos se habría anunciado más rápidamente su muerte.

No hubiera hecho falta, había un twitter ancestral genético. Cómo sería el eufemismo de aquella época que cuando Franco se estaba muriendo yo publiqué un dibujo que decía “parece ser que la cosa es inminente”, y preguntaba otro: “¿Inminente qué?”, y la respuesta del primero era “Pues que va a ser”. Los censores no podían decir nada. Ahora coges ese dibujo y te preguntas de qué iba.

Y tuits ha habido siempre. Las compungidas palabras de “Franco ha muerto” de Arias Navarro hubieran cabido en 140 caracteres.

Claro, claro. Parece que twitter esté inventado para dos clases de creadores: los poetas y los humoristas. Hay cosas espectaculares que salen de las redes sociales. Pongo un ejemplo. En un fotograma del Señor de los Anillos se veía a Gandalf, con su melena blanca,  y al guaperas Aragon, que decía algo así: “Soy el señor de la Tierra Media, caballero de la oscuridad manifiesta, señor de handolfton, líder de los chinchinflis…”. Gandalf le preguntaba: “¿El hijo de la Paqui?”. Y contestaba: “Sí, el pequeño”. No sabemos quién hizo eso pero era un profesional de los medios de comunicación porque había utilizado un fotograma de El Señor de los Anillos y si desvelaba quien era le podían buscar las cosquillas. En todo caso, no sabemos quién fue ese genio.

Ha estado haciéndose selfies (una palabra muy en boga) en los Cursos de Verano, ¿es una práctica que se aplica a sus propias viñetas?

Yo me hago selfies en las viñetas todos los días. Las viñetas son selfies de los humoristas gráficos. Para ser humorista, hay que reírse primero de uno mismo y eso te permite reírte de todos los demás. Si te ríes de ti mismo, lo vas a hacer desde unos parámetros no agresivos o agresivos ma non troppo y luego tienes que reproducir este fenómeno. Es muy complicado meterse con los gobernantes directamente, hay que meterse con lo que hacen. Ese es el quid dela cuestión.

¿Hay materia prima para ello ahora?

Mucho. En una conversación que mantuvimos un grupo de “yayos” sobre la comunicación decíamos que hay gobiernos en Europa que hacen cosas que dictadores como Hitler, Mussolini o Franco no se hubieran atrevido. Hay veces que la democracia confiere el poder a personas que hacen cosas…De esa forma, nos encontramos situaciones increíbles. Esto es lo que habría que intentar cambiar con los votos, digo yo. Lo que está sonando ahora es un cornetín a la carga. Es lógico. Hay aspectos que la gente desconoce como el follón de las personas aforadas. Cuando acabó el franquismo, había un peligro tremendo con los militares que iban a pedir responsabilidades a determinada gente. De ahí viene el aforamiento de los políticos. Eso estuvo muy bien en aquella época, pero parece que nuestros políticos no han estado al loro porque esto habría que haberlo corregido ya.

¿Hablar tanto de la Transición no puede provocar un parón que impida avanzar hacia nuevos tiempos?

Los pueblos que se olvidan de su historia no sólo están obligados a repetirla sino que muchas veces son obligados a repetirla, que no es lo mismo. En la Transición se hizo lo que se pudo. Que luego no se haya evolucionado… ¿dónde están las leyes orgánicas que se iban a desarrollar? De todas formas, en el Parlamento de entonces había una tremenda cantidad de materia gris, una condensación de materia gris que durante toda la dictadura se había ido alojando de una manera curiosa en grupos de personas que daba gusto oírles hablar. Ahora es imposible.

¿Imposible, hay muchas personas grises sin materia gris?

El “y tú más” es una pesadez, es la herencia recibida. “Herencia recibida” son dos palabras que ya no puedes decir nunca. Si te fijas, ahora hay algo muy curioso: la desaparición del responsable. No hay responsable. Tú llamas a un servicio de atención al cliente y no te dan ninguna satisfacción y no llegas a ningún superior porque están jugando al golf. De ahí el incremento exponencial de las licencias de golf en los últimos años.

¿Y habla con el poder, con los políticos?

Yo nunca hablo con políticos. No conocí a Santiago Carillo, ni a Alfonso Guerra. Prácticamente no conozco a nadie. Conozco a Felipe González, conocí al pobre Adolfo Suárez, una vez a Calvo Sotelo y una vez comí con el señor Aznar cuando no era presidente ni nada. Por cierto, y volviendo al eufemismo del principio, hay algo curioso que demuestra que funciona. De todos los presidentes del Gobierno, solo hay uno que no ha tenido sentido del humor nunca. Y todos sabemos quién es. Así, con este estilo del eufemismo, era cómo funcionábamos en aquella época. 

Javier Picos

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