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España y Europa: retos compartidos, retos divididos

3 JUL 2018 - 12:57 CET

Irene Monmeneu/ Fotos: Nacho Calonge

La historia de España en Europa es, según la exministra de Asuntos Exteriores Ana Palacio, “la historia de un éxito” porque tras la “muy difícil” negociación de entrada en la Unión Europea, España se ha situado en primera línea en la construcción del marco político, social, económico y de valores europeo.

En este sentido, la consejera del Consejo de Estado refirió algunas de las grandes actuaciones europeas con contribución española, entre las que destacó la política europea hacia América Latina, los fondos de cohesión, la idea de ciudadanía europea y el espacio de libertad, seguridad y justicia conocido como “Agenda de Tampere”.

Sin embargo, tal y como recogen las conclusiones de la pasada semana del Consejo Europeo, la también ex vicepresidenta del Banco Mundial esbozó los riesgos y desafíos que habrán de abordarse desde tres perspectivas diferentes pero interrelacionadas: la global, la europea y la española.

Voluntad de integración

Por su parte, el también exministro de Asuntos Exteriores Josep Piqué, que acompañó a Palacio en el curso España y Europa: retos compartidos en tiempos de incertidumbre, dirigido por el director de la fundación FAES Javier Zarzalejos, afirmó que el gran reto de Europa es averiguar si realmente es capaz de profundizar en un proyecto político para el que el requisito clave es la voluntad de integración.

Además, Piqué mencionó otros desafíos del organismo supranacional como la superación de la crisis de identidad en la que se encuentra sumida, “la digestión” de la crisis económica de la última década y de la última ampliación a los países del Este y la solución del problema de la insolidaridad.

El exministro garantizó que los objetivos a corto plazo que debería marcarse la Unión Europea son cuatro: la gestión de los flujos migratorios, la gobernanza del euro, el desarrollo de la propia defensa y seguridad y el enarbolar la bandera de los valores occidentales como la libertad y la democracia representativa en un momento de repliegue anglosajón. Ana Palacio nombró también cuatro elementos “conductores” para la gestión del nuevo escenario: la automatización, el desarrollo tecnológico y la inteligencia artificial; la globalización y la movilidad de personas, capitales e ideas; el envejecimiento de personas y sociedades; y el traslado del poder a Oriente y la emergencia de China.

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