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El tratamiento de la infección de la herida quirúrgica supone el 7 por ciento del gasto farmacéutico hospitalario

Santos Heredero, Antonio Torres y David Martínez concurren a una jornada sanitaria

2 JUL 2015 - 14:00 CET

Hace 150 años que murió el médico húngaro Ignác Fülöp Semmelweis. Su recomendación a los obstetras que atendían a las mujeres en el parto se resumió en un gesto: lavarse las manos antes de atenderlas, y la mortandad se redujo drásticamente. Probablemente Semmelweiss es el pionero en la prevención de las infecciones por las heridas quirúrgicas y el origen del interés del sector médico por este campo.

También un siglo y medio después de la muerte de Semmelweis se celebra el curso de verano Infección de la herida quirúrgica. Antonio Torres, su director y jefe de servicio de Cirugía del Hospital Clínico San Carlos, cree que este antiguo problema que parte de la revelación de Semmelweis y llega hasta la tendencia actual a realizar una cirugía menos invasiva con incisiones más pequeñas sigue siendo “muy importante”. Las soluciones tanto preventivas como terapéuticas, en su opinión, deben mitigar el gasto farmacéutico de los hospitales. En España en torno al 7 % de ese gasto total se destina al tratamiento de la infección de la herida quirúrgica. Las largas hospitalizaciones provocan que este gasto se dispare.

En este sentido, los médicos del curso, a través de unos prácticos talleres, muestran a los alumnos el manejo de las suturas más modernas, “diseñadas de una forma especial y rodeadas de una especie de material antiséptico, para evitar que la infección de la herida se produzca”. También están presentes los últimos avances en los tratamientos de las infecciones complejas como las terapias al vacío.

En cualquier caso, este reto médico, según Antonio Torres, debe abordarse desde varias disciplinas médicas. En la misma línea, Santos Heredero, presidente de la Sociedad Española de Heridas, foro de unión de todos los profesionales sanitarios que trabajan en el mundo de las heridas, instó a los centros hospitalarios a ratificar la tendencia europea a crear equipos conjuntos de médicos, cirujanos, dermatólogos, enfermeros y rehabilitadores, entre otros: “En España se trabaja muy bien en el mundo de las heridas pero todavía no tenemos asumido el concepto de trabajo en equipo. Los equipos multidisciplinares no están establecidos en todos los centros”.

En este campo sanitario, los avances presentes y futuros están relacionados con la ingeniería tisular para reparar efectos secundarios de heridas. Los problemas más comunes, a juicio de Herdero, son: la alta incidencia de úlceras por presión en pacientes “largamente encamados” y las úlceras de origen bascular, sobre todo de origen venoso.

La cátedra Áliad “Salud y Excelencia” patrocina este curso orientado, según David Martínez, secretario del seminario y director de la Cátedra, a la seguridad del paciente, y que tendrá sucesivas ediciones en los Cursos de Verano. 

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