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El hambre y la obesidad, las dos caras de la malnutrición

Graziano da Silva clausura un curso organizado por la FAO

1 JUL 2016 - 13:22 CET

Sara Quiroga / Fotos: Nacho Calonge

El “estigma” del hambre es uno de los grandes problemas del mundo. Los países desarrollados no son conscientes de la relevancia de este asunto. Así advirtió José Graziano da Silva, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en la jornada de clausura del curso Hambre cero: es posible, dirigido por Enrique Yeves, director de comunicación de FAO. “Si una persona tiene hambre no tiene las mínimas condiciones de alcanzar los niveles de educación ni de igualdad social”, reseñó.

Admitiendo que se puede erradicar el hambre en el mundo, Da Silva puso el acento sobre la malnutrición, “el hambre moderna del continente europeo”. Durante un encuentro con los medios, el director de FAO alertó del cambio radical en las dietas con la aparición de la comida rápida y el aumento del consumo en azucares, grasas y sodio. Asimismo, recordó los beneficios de cambiar los hábitos y llevar una vida menos sedentaria.

Además, Graziano da Silva señaló que “nuestra alimentación es un despilfarro continuo”, recordando que más de un tercio de los alimentos no se consume. Para poder cambiar esta tendencia, el director de la FAO confirmó la importancia de su Plataforma Técnica sobre la medición y reducción de las perdidas y el desperdicio de alimentos, en el que están consiguiendo involucrar a las empresas de alimentación del sector privado.

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