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El flamenco más ácido para remover conciencias

17 JUL 2018 - 11:59 CET

Juan Carlos González / Foto: Nacho Calonge

Se llama Francisco Contreras y ha venido a revolucionar lo que más le gusta. Es de Elche, aunque tiene raíces muy granadinas. De ahí su arte. O no. Porque el flamenco es de todos y de nadie. “Es un arte bastardo, degenerado, situado en cualquier espacio”, dijo.

Un auditorio entre lo purista y lo atrevido y un protagonista: el Niño de Elche, que reivindicó, en un encuentro artístico moderado por Miguel Álvarez-Fernández, la necesidad de crear interrogantes en torno al flamenco. “A día de hoy todavía no sabemos qué es el flamenco y en eso estamos”, afirmó.

En febrero publicó su último disco, Antología del cante flamenco heterodoxo, con 27 temas que mezclan flamenco, electrónica, rock o poesía transgresora. Contreras lo tiene claro: “La música es plantear espacios de pensamiento crítico”. Con su propuesta, el alicantino quiere dejar a un lado las “esquizofrenias” de quien creen que dicho arte es estanco: “Mi último trabajo es un ejercicio crítico de todos esos conceptos que han acompañado al flamenco en los siglos XIX y XX”.

Él es un teórico. Lo demuestra loando a figuras como Vicente Escudero, Antonio Mairena o José Val del Omar. “No conocer su obra es la gran vergüenza de España”, dijo. Val del Omar, creador granadino, fotógrafo, director de cine e inventor del siglo XIX, fue un ejemplo de avanzado artista sonoro. “Por suerte el flamenco ha sido una expresión líquida y moderna que de baja a alta cultura ha evolucionado”, agregó Contreras.

El Niño de Elche cree en el pasado pero también en el presente. Un arte más contemporáneo de lo que la gente piensa: “Es como España: capaz de lo mejor y lo peor”. En esa línea, Contreras agregó, ante el asombro del público, que “el flamenco por suerte es machista porque eso es un buen termómetro que es una expresión totalmente contemporánea que se da dentro de un contexto”.

En ese camino hasta hoy, el alicantino lamentó que “el flamenco no se entiende sin la revolución de las máquinas” que, según él, “infectan ese arte”. Es por eso que, al tiempo que ese payo heterodoxo se atreve a acudir al festival electrónico Sónar de Barcelona, hace suya la teoría flamenca de Pedro G. Romero: “Donde el público ve espontaneidad, hay un lenguaje estricto y reglado”. Sonidos, diálogo, reflexión, ironía, y sobre todo una filosofía made in Elche: “Romper imaginarios es lo más sano que podemos tener”.

(EL NIÑO DE ELCHE. CORTESÍA UCM TV. Enlace)

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