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El fin de la hepatitis C, cada vez más cerca

18 JUL 2017 - 12:13 CET

Irene Monmeneu/ Foto: Nacho Calonge

La Organización Mundial de la Salud (OMS) fija 2030 como el año en que será erradicada la hepatitis C en un 80% de la población mundial. No obstante, para Gregory Dore, especialista en hepatitis C del Kirby Institute, esta meta es alcanzable pero no para todos los países. Si bien en algunos como España o Australia hay estrategias de prevención “muy buenas” que son un “factor clave previo a la supresión del virus”, el profesor manifestó que “lamentablemente hay muchas zonas del mundo donde esto no sucede así”.

El término “hepatitis” hace referencia a la inflamación del hígado, que usualmente es el encargado de descomponer los productos de desecho. Si se inflama, no es capaz de eliminar estos desechos, lo que provoca que se acumulen en la sangre y los tejidos. La hepatitis C, en concreto, es una infección hepática grave causada por el virus de la hepatitis C (VHC) y por lo general es crónica. En esta área es experto el profesor Gregory Dore, que participó en el curso Políticas de salud pública en poblaciones de alto riesgo para la eliminación de la hepatitis C, dirigido por el médico José Luis Calleja.

El VHC es un virus “interesante”, según  Dore, con el que se puede convivir durante muchos años, y es “difícil de analizar” cuando los síntomas son imperceptibles. El investigador apuntó que en muchas ocasiones, los indicios de hepatitis C aparecen cuando la persona lleva mucho tiempo infectada; y otras veces, se tienen síntomas leves parecidos a los de la gripe desde la segunda semana posterior a la contracción del virus.

Respecto a uno de los aspectos que más preocupa sobre la enfermedad, la transmisión de la misma, Dore señaló que existe la idea equivocada de que sólo personas que consumen drogas por vía intravenosa pueden contraer el virus de la hepatitis C, al compartir agujas con sujetos infectados por el virus. Si bien es cierto que las estadísticas muestran que son los drogadictos quienes más padecen esta enfermedad, el profesor sostuvo que hay otras muchas formas de contagiarse, porque el factor decisivo es el contacto con sangre infectada. No obstante, Dore explicó que la transmisión del VHC no es posible a través del contacto “superficial”; es decir, mediante besos, abrazos, estornudos o apretones de manos.

Tratamiento como prevención

De momento, no existe ni vacuna ni tratamiento para la hepatitis C, según el profesor, pero en los últimos años “se están invirtiendo muchos esfuerzos en este duro campo de análisis”. La propuesta de Dore es el “tratamiento como prevención”: si se consigue erradicar el virus en determinados grupos de población más propensos a transmitir la enfermedad, será posible disminuir el recorrido del VHC.

En esta línea, Dore habló sobre la estrategia que se está llevando a cabo en Australia, donde se están implantando tratamientos experimentales en las prisiones para eliminar la posibilidad de que los presidiarios, al salir, propaguen el virus. En este sentido, Dore afirmó que la obtención de una vacuna definitiva para la cura de la hepatitis C es posible, y es importante “visualizar la solución” para trabajar con ahínco. 

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