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El difícil estatus de ser indígena en México

10 JUL 2018 - 13:51 CET

Juan Carlos González / Foto: Nacho Calonge 

Araceli Burguete, antropóloga mexicana del CIESAS-Sureste, reconoció que hoy “no hay manera de saber quién es indígena” en su país. Esta situación es fruto del descontrol en el proceso de reconocimiento de grupos indígenas. “En las políticas de representación en el Congreso surgen simulaciones para los hablantes, para aquellos que se autoadscriban indígenas”, aclaró.

Unas simulaciones sin ningún tipo de vigilancia, que tienen como resultado “que cualquiera puede autoadscribirse como indígena sin límites” dando lugar a “miles de usurpaciones”. Entre las soluciones planteadas desde las instituciones, recientemente se ha creado una categoría de auto adscripción calificada para determinar si eres indígena “con una constancia”. Sin embargo, admitió Burguete, “esto ha dado lugar a la corrupción”. Un camino difícil para un país con 16,3 millones de hablantes de lenguas indígenas (el 15 % de la población).

En el curso Marxismo, nación y territorio, Burguete reconoció que, en la actualidad, “los indígenas tienen que demostrar que lo son en un tribunal, con ayuda de un sociólogo”. Para Burguete, México sigue teniendo una “fuerte identidad de mestizaje” al tiempo que pasa por una “desindianizacion” a lo largo de su historia.

Los grupos indígenas defendieron durante años sus particularidades y su derecho a la  autodeterminación. “La autonomía se utilizó para resolver la cuestión étnico nacional”, declaró Burguete. Fue en los años 70 cuando las luchas sociales consiguen una declaración muy importante que establece que todos los pueblos tienen derecho a la autodeterminación a través de la Declaración relativa a los principios de derecho internacional referentes a las relaciones de amistad y a la cooperación entre los estados de conformidad con la carta de las Naciones Unidas.

En su intervención, la antropóloga de Chiapas diferenció entre dos teorías de autonomía: la defendida por Guillermo Bonfil y la planteada por Héctor Ruiz Polanco. En la primera se defiende una revolución indígena y se introducen términos como la etnoeducación o el etnodesarrollo; mientras que la segunda, defiende una revolución clasista en la que los indígenas son introducidos en la sociedad como meros campesinos.

Finalmente, Burguete reconoció que hoy los grupos étnicos pasan a ser “pueblos indígenas como sujetos de derecho internacional”. Para la antropóloga, el concepto de pueblo indígena es el que “más conviene” utilizar puesto que está anclado en el Derecho Internacional.

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