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Patxi Andión:"El curso de cantautores resaltó la función de la Universidad como custodia de la memoria"

Patxi Andión:"El curso de cantautores resaltó la función de la Universidad como custodia de la memoria"

Publicado el 30/11/2016 a las 10:29 horas

30 años de recuerdos: Patxi Andión

 

Con el curso de Los cantautores en la Historia de España en La Universidad Complutense de Madrid, en El Escorial en  2009, se hizo más realidad que nunca la función de la Universidad como custodia del conocimiento y la memoria.

La Universidad conoce cuánto necesita del sentimiento social para renovarse y ser mejor, que quiere decir, servir mejor, por eso, a veces, como en este caso, se toma muy en serio su función social y pelea con fuerza para no quedarse en el limbo de la ciencia pura o el saber no aplicado. No le es fácil este cometido por la lógica tendencia a admitir la opinión solo del sabio, debe para ello aceptar el error y el desconocimiento como partes constitutivas del proceso educativo y, sobre todo, buscar en el conocimiento intuitivo, en la creación cultural y el quehacer artístico la necesaria e imprescindible carga de heterodoxia para que su saber respire.

Como escribí en el manifiesto del curso: La memoria de los acontecimientos históricos ha sido gerenciada desde tiempos inmemoriales por la memoria oficial, la encargada por los poderosos para contar la gesta de aquello que ha conseguido auparse a lo trascendente desde el punto de quien detenta el poder. Por eso, la historia que nos queda de la historia no es sino la memoria de las guerras, las rebeliones, las conquistas, los grandes desastres o las gestas inconcebibles de reyes y nobles.

La memoria popular, aquella que guarda el aliento de las personas, se fue quedando en el evanescente espacio del recuerdo, sin soporte material que la hiciera perdurar

Es a partir de los primeros años sesenta cuando las generaciones de la posguerra comienzan a hacerse visibles en la inconformidad social. En todos los órdenes de la cultura sucede la misma rebelión contra la opresión política, social y cultural que vive el país y de nuevo, entre el inconformismo, con la protesta en la voz, aparecen los músicos dándole voz a la gente. Los que hoy somos considerados cantautores históricos, comenzamos a levantar la voz.

Hombres con pasado familiar republicano, encarcelado y represaliado y otros despertando a la conciencia social en medio de familias del régimen. Todos, gente con conciencia que hicimos nuestros los versos de Gabriel Celaya a los que puso música Paco Ibáñez: “Porque vivimos a golpes, porque a penas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno”. Gentes que creímos en la fuerza de la canción como herramienta social, en el poder de la poesía social para levantar quietudes minerales. Gentes que tuvimos que aprender las cosas junto a una guitarra que aprendía con nosotros, sin demasiada exigencia cualitativa y profesional, pero que estuvimos dispuestos a jugarnos nuestra vida y nuestra obra sin ninguna duda. Protestando.

¿Y dónde se empezó  a levantar la voz? En algunos mítines sindicales, pequeños círculos culturales y otros espacios, pero sobre todo en la universidad. Ahí, en sus aulas magnas se desarrollaron páginas hoy épicas de la canción de autor, allí fuimos acosados, detenidos, encarcelados y algunos torturados, pero podríamos decir sin temor a exagerar que ahí empezó todo.

El fenómeno de la eclosión de los cantautores fue general en todo el país, pero, sin duda, en Madrid, sede del gobierno de la dictadura, fue en la Universidad Complutense de Madrid por donde pasamos todos los que teníamos algo que decir, aunque algunos de aquí fuimos directos a Carabanchel.

La Universidad Complutense de Madrid, propuso a la comunidad universitaria española e internacional la iniciativa de volver a traer a la universidad a los cantautores, en el marco de los cursos de verano en El Escorial, rescatar de la conciencia popular las canciones y las ideas y darles el rango académico que merecen. La propuesta fue congruente y el aliento que el espíritu docente e investigador pueda aportar al movimiento, no solo pudo ser un reconocimiento, sino una iniciativa analítica y pedagógica que espera sus frutos.

Patxi Andión. El rastro, Madrid, 28 de octubre de 2016

 

 

 

 

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