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El cine de Almodóvar, un mundo lleno de colores

Expertos cinematográficos desgranan la obra del director manchego

23 JUL 2015 - 17:18 CET

Cuando se cumplen 35 años del estreno de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, la película que catapultó a Pedro Almodóvar hacia el universo que el propio director manchego logró crear en torno a su obra, el crítico y novelista Manuel Hidalgo guarda la pluma por unos días para dirigir el curso Pedro Almodóvar: cine del deseo, deseo del cine, que celebra al mismo tiempo el rodaje de Silencio, la vigésima cinta del cineasta español más internacional.

“Hemos querido estudiar la filmografía de Pedro Almodóvar de forma pormenorizada, abordando diversos campos para comprender el porqué de su extraordinaria importancia y en qué consiste su singularidad”, explica Manuel Hidalgo sobre los objetivos del curso. Y es que, para el crítico, el manchego es nuestro cineasta más universal, “por encima de Buñuel, porque el director aragonés, a pesar de su magnífica obra, no llegó a ser conocido por los grandes públicos”.

Hidalgo destaca particularidades de la filmografía de Almodóvar, como la fusión de la tradición con la modernidad. Esa tendencia al mestizaje, a la mezcla de conceptos se percibe en las películas del oscarizado director en aspectos como lo masculino y lo femenino, fusionados en muchos de sus personajes; el sexo y la muerte o el placer y el dolor. “El barroquismo es otro de los factores diferenciadores del cine almodovariano, con abundancia de elementos en los planos colocados de forma heterogénea, o la utilización de obras preexistentes en el cine o el teatro, como ocurre con la película Eva al desnudo,de Joseph L. Mankiewicz (1950) en Todo sobre mi madre, o la adaptación de la novela Carne Trémula, de  Ruth Rendell”, señala el escritor.

Señas de identidad

Por el aula de este curso han pasado especialistas en la cinematografía de Pedro Almodóvar como el cineasta Fernando Méndez-Leite, el investigador Román Gubern o los críticos y escritores Jordi Costa, Nuria Vidal, Carlos Reviriego, Jordi Balló o Vicente Molina Foix, entre otros. El cine de Almodóvar en los años 80; el universo femenino presente siempre en sus películas;  la movida madrileña; la pansexualidad de sus personajes; las fuentes tradicionales españolas y hollywoodienses o la influencia de la literatura en su forma de hacer cine, han sido algunos de los campos sometidos a análisis y debate en este recorrido cinematográfico.

En este sentido, Vicente Molina Foix centró su intervención en los temas de la muerte, el crimen y la violencia en las películas del director manchego, algo que permanece constante a lo largo de toda su carrera cinematográfica aunque de una forma muy peculiar. “Almodóvar presenta la muerte en sus películas con cierta deformación humorística, y eso es algo que algunos le han reprochado siempre porque representa una vulgarización cómica”, señala el crítico y escritor. Molina Foix apunta que esa violencia que aparece presente ya en sus primeras películas está ligada a lo que él denomina “colonias penales”, lugares donde la gente está encerrada a disgusto como comisarías, cárceles, hospitales, conventos o la propia institución familiar.

Asimismo, el crítico y escritor apunta la abundancia de “lo macabro” en la obra del autor manchego, como otro de los elementos distintivos de su particular modo de concebir el cine. “La muerte en las películas de Almodóvar siempre es macabra”, y señala a Matador (1986) como el primer film en el que este factor adquiere un papel eminentemente protagonista. “Se trata de una película en la que llama mucho la atención la mezcla de elementos exagerados pertenecientes a una iconografía española ligada al toreo, que es en sí mismo un elemento de muerte”, subraya Molina Foix. 

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