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El análisis informático, “el cuello de botella” de la medicina personalizada

24 JUL 2018 - 14:19 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

El big data, la cantidad ingente de datos y sus relaciones entre ellos, es una herramienta útil que está revolucionando campos como el de la medicina, aunque sus resultados más espectaculares están por llegar. En una lucha por hacer cada vez más personalizados los tratamientos de salud, las instituciones públicas y privadas ya apuestan por manejar gigantescas bases de datos para combatir enfermedades o fabricar nuevos fármacos.

El problema surge de la interpretación de esos miles de datos. Alfonso Valencia, director del Instituto Nacional de Bioinformática e investigador del Barcelona Supercomputing Center (BSC), consideró que el problema de la medicina personalizada, su “cuello de botella”, es el análisis bioinformático. El profesional se encuentra, en su opinión, ante una “encrucijada” de tecnologías nuevas, análisis de datos y procesos para hacer útil esos parámetros que le obligan a “abarcar mucho”. Un bagaje biológico, la capacidad para desarrollar esos avances, un conocimiento en genómica y una gran capacidad de comunicación y trabajo en equipo serían, según él, las condiciones sine qua non para ejercer una labor en el campo de la medicina personalizada.

Valencia, que apuntó a la genómica como la tecnología humana que avanza “más rápidamente”, incluso más que la astronomía y la computación, indicó que elaborar en la actualidad un genoma completo cuesta unos mil dólares.

Dos casos en genómica

Además, el investigador del BSC puso dos ejemplos de genómica especializada que derivan en un ahorro a la sanidad y una cuantificable mejora en el bienestar social. En 2015, el sistema público sanitario inglés financió un proyecto en el que se han analizado 70.000 casos de pacientes a los que se han administrado posteriormente un medicamento. “La información se ha mandado a las clínicas, que han tomado decisiones. Esto es revolucionario, más efectivo, más barato y más rápido porque ya el paciente no va de médico en médico”, matizó.

El otro caso es el de Eric Dishman, superviviente de cáncer y director del plan de investigación All of us, que constituyó un programa nacional que “le costó una fortuna” al incluir a un millón de pacientes norteamericanos para avanzar en la medicina de precisión.

Por otra parte, Valencia también comentó que el Plan TL, Plan de Impulso de las Tecnologías del Lenguaje, que el BSC ha impulsado intenta minimizar la falta de normas generales en el ámbito lingüístico. Los diferentes idiomas, las abreviaturas de los médicos o las frases cortas muchas veces impiden que la minería o el cruce de datos del big data sea efectivo.

Por último, el experto en genómica y cáncer, en su intervención en el curso Plataformas tecnológicas y “big data” aplicados a la medicina de precisión, dirigido por los investigadores Concha Gil y Fernando J. Corrales, elogió la capacidad del MareNostrum 4, el superordenador del BSC, el tercero más potente de Europa y el decimotercero del mundo, destinado en un 80 % del tiempo a proyectos europeos, un 16 % a planes españoles y un 4 % a investigación propia del Barcelona Supercomputing Center.

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