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Cirujano de relojes históricos

Un curso ofrece talleres y clases teóricas sobre Carlos IV

24 JUL 2019 - 20:20 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

José Antonio Gismera respira, se enfunda unos guantes azules y empieza la disección de uno de los objetos que marcan la vida de los seres humanos. El reloj elaborado por Francisco Luis Godón, del siglo XVIII, enseña sus muescas, ruedas, péndulo, esferas, pasadores y sus dos cuerdas, la que hace caminar el mecanismo y la que hace sonar la campana. Un ejercicio de cirujano en una mesa del comedor de gala del Palacio de los Borbones del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Donde antaño la Familia Real jugaba “a los trucos” (billar), los alumnos del curso Carlos IV y las artes. El rey coleccionista, dirigido por Pilar Benito, jefe de Servicio de Conservación de Patrimonio Nacional, asisten a esta particular limpieza y comprobación de las piezas de uno de los relojes que forman parte de la colección de Patrimonio Nacional, que “cuenta en la actualidad con 721 ejemplares, fechados entre 1583 y los primeros años del siglo XX”.

Amelia Aranda, conservadora de relojes de Patrimonio Nacional, glosa la clase práctica del curso: “Estamos ante un reloj francés de tipo París de Francisco Luis Godón, antes conocido por su nombre francés, François-Louis Godon, que se dedicó sobre todo a la venta de objetos lujosos”. En el aula ya había destacado la pasión de los entonces príncipes Carlos –más tarde Carlos IV- y María Luisa de Parma por los relojes. De hecho, Carlos tenía un “bolsillo secreto” para gastar en la afición que más le gustaba. Su esposa “llegó a atesorar más relojes que su marido”. Aranda evidencia este coleccionismo en dos hechos: el regalo de prometida de Carlos a María Luisa, “uno de los primeros relojes esqueleto –deja entrever su mecanismo- del siglo XVIII confeccionado por el español Manuel Gutiérrez, que “no siendo relojero de cámara, tenía el privilegio de dar cuerda” a este aparato en la misma habitación de la princesa María Luisa de Parma. Según Aranda, el gusto por la relojería de ambos continúo durante su exilio, adquiriendo los “relojes de gabinete”, entre los que Patrimonio Nacional conserva los denominados “relojes de negros”, de los que se catalogan cuatro o cinco de la época del Directorio de Francia (1795-1799).

En la clase práctica, a la que se añade en el programa del curso un visita a las saletas de maderas finas de la Casa de Campo del Príncipe en El Escorial, José Antonio Gismera, combatiendo el calor con abanicos, explica cómo el tipo de “escape” es la pieza más delicada de un mecanismo en el que una mota de polvo puede dañar un diente, que luego tiene que ser restaurado en un “trabajo de torno”. También los muelles necesitan mimo, aunque “cuanto menos se toquen, mejor” porque son extremadamente frágiles, y “hay que tener cuidado con el aceite porque se puede solidificar”.

Pilar Benito, entre la descripción del desmontaje de Gismera, señala que en el Monasterio se ubica un taller de relojero, pero el principal se ubica en el Palacio Real de Madrid. Antes de descender por la escalera de Villanueva, fechada en 1797 para abrir una nueva parte en la fachada norte, la jefe de Servicio de Conservación de Patrimonio Nacional aprovecha para realizar una visita guiada por el Palacio de los Borbones del Monasterio haciendo especial hincapié en el resto de relojes y el conjunto de tapices de estas estancias.

A este curso de verano concurren los expertos e investigadores Teófanes Egido, Pedro Moleón, José Luis Sancho, Diana Urriagli, Jesús Urrea, Carmen García-Frías, Javier Jordán de Urries, Lesley Ellis Miller, Juan José Junquera, Amaya Herrero de Jaúregui, Nayra García-Patrón, María Mateos y Begoña Lolo, que están debatiendo sobre el reinado de Carlos IV y su implicación en todas las manifestaciones artísticas.

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