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Bravo-Villasante… no confiesen su edad, sólo sus méritos

Homenaje a uno de los grandes nombres de la literatura infantil y juvenil

3 JUL 2018 - 21:08 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

Unas tuberías que se helaban en invierno fueron los únicos motivos que la disuadieron en vida. Estos laberintos de hierro de una casa de San Lorenzo de El Escorial se colaron en las anécdotas esparcidas en el homenaje que los Cursos tributaron a Carmen Bravo-Villasante, uno de los pilares de la literatura infantil y juvenil de nuestro país.

Cierto que nunca alquiló y compró esa gélida casa serrana, muy cerca de la otra casa, la de cultura, donde familiares y amigos glosaron su vida y obra, pero incluso en este episodio, relatado por su hija Carmen Ruiz Bravo-Villasante, la autora ganó la batalla al tiempo y al final sus presencia se sintió en el Real Sitio.

Mujer humanista, de letras, con humor, difusora de la obra de escritoras y de los grandes clásicos… la mejor manera de definir a Carmen Bravo-Villasante es, según su hija, con la ayuda del teatro, porque en su vida apareció el destino, el absurdo y personajes “insospechados” que le hicieron entender su “compleja y contradictoria” personalidad. Carmen Ruiz Bravo-Villasante, catedrática de Literatura y Pensamiento Árabe, también destacó la dedicación poliédrica de su madre al tocar los palos, no solamente de la literatura infantil y juvenil, sino también de las biografías y del teatro.

“Su comunicación, muy efectiva y duradera, con sus públicos, ha provocado que hoy en día haya muchas personas que duden sobre su edad; es como si se hubiera quedado en el firmamento de las estrellas”, dijo Ruiz Bravo-Villasante, que recordó cuántas vivencias y oportunidades le había legado y cuánto sigue alimentando su obra la cultura popular española.

Un “todo” en el panorama literario

Jaime García Padrino, catedrático de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad Complutense, recogió el testigo de loas afirmado rotundamente que Bravo-Villasante es “todo” en el panorama de la literatura infantil española de la segunda mitad del siglo XX y una “extraordinaria” difusora de la literatura infantil y juvenil. “Su labor, su capacidad de trabajo y su bagaje cultura, que logró transmitir a los demás, fueron descomunales”, añadió.

En el apartado de anécdotas personales, García Padrino rememoró cómo el por aquel entonces joven profesor hacía novillos en un congreso literario en Cocoyoc (México) aprovechando las sesiones soporíferas del mismo y siguiendo una seña de la escritora. En ese momento, “los dos disfrutábamos de aquella hacienda paradisiaca”.

La periodista Cristina Ruiz Fernández también quiso elogiar a su abuela, una mujer “optimista, positiva y vital con la que redescubro muchas cosas”. Eso sí, a Carmen Bravo-Villasante le hubiera “horrorizado” celebrar su centenario porque  jamás confesaba su edad. De hecho, según contó su nieta, llegó a tachar a mano su año de nacimiento de todos los ejemplares de una edición que por error había publicado ese dato. De todas formas, “mi abuela era tremendamente elegante, coqueta y maravillosa: merece la pena homenajearla”. Dicho y hecho. Contra el reloj y las tuberías.

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