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Boadella considera que el enemigo común del independentismo ya no es Felipe II, sino el Gobierno de España

El dramaturgo catalán presenta en El Escorial su versión “realista” del Don Carlo de Verdi

23 JUL 2015 - 17:06 CET

El objetivo del director de los Teatros del Canal, Albert Boadella, en su nuevo montaje, la ópera Don Carlo de Verdi, es intentar acercarse a la realidad. Y esto es algo de lo que el catalán se siente orgulloso pues, según afirma con esa crítica siempre aguda hacia el independentismo, viene de una región donde solo ha habido ficción en el último siglo: “El enemigo común –de los independistas catalanes- ya no es Felipe II, sino el Gobierno de España, y este, como Felipe II, tampoco hace nada para desmontarlo”.

Boadella, recordó también su obra Ubú president, en la que aparecían unos niños -en apariencia los hijos del expresidente catalán Jordi Puyol- con maletas de dinero. “Simplemente me equivoqué de cantidades”, rió antes de empezar a hablar en el curso El Don Carlo de Verdi y la leyenda negra, dirigido por la académica de la Historia, Carmen Sanz.

Los príncipes azules solo existen en los cuentos y los tiranos nunca lo fueron tanto.  “Retorna a lo antiguo y serás moderno”, dijo una vez el compositor del Don Carlo, Guiseppe Verdi. Y mezclando un odiado rey, una bella consorte francesa y un príncipe díscolo con un toque de Inquisición, el italiano convirtió un drama familiar en un éxito. Siglo y medio después, Albert Boadella presenta, en el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial, un Don Carlo que pretende acabar con la leyenda negra de Felipe II.

“Cada vez que veía Don Carlo en el extranjero me sentía muy incómodo como español, porque es una apología de la leyenda negra española, cuyo argumento está totalmente falseado”, comentó Boadella.

El director de los Teatros del Canal se estrena en ópera con un reto: convertir al noble y gallardo don Carlo de Verdi en lo que en realidad era. Un demente. “Pensé que se podía tamizar esta leyenda. Don Carlo era un desequilibrado tremendo”, sostuvo Boadella. Y en torno al cambio de rol del protagonista, el resto de personajes también cambian en su adaptación. Así, Felipe II, al que Dios dio tantos reinos, pero negó un hijo capaz de gobernarlos, aparece como un soberano humanista, preocupado por las artes y las ciencias: “Al cambiar un personaje central, todo se reequilibra”.

Un experimento casi alquímico, como los que hacía el rey Prudente, que desborda el escenario con José Bros como don Carlo y un “Felipe II de Arkansas”, como llama Boadella al tenor canadiense John Relyea, en su papel de soberano del mundo. El dramaturgo consigue, mediante el texto y la interpretación de los actores, demostrar que la realidad también se puede representar.

“Que tenga lugar en El Escorial, donde no se ha hecho nunca, es un mito histórico”, sostiene el director cultural del proyecto Tutto Verdi de la ABAO de Bilbao, Juan Ángel Vela del Campo. Porque la leyenda negra no solo se cernía sobre la corte donde nunca se ponía el sol, sino también sobre un municipio en el que, por diversas circunstancias, nunca se había podido representar la obra de Verdi. Ahora, el objetivo de Boadella, quien también es director del Teatro Auditorio de San Lorenzo, es que esta ópera vuelva todos los veranos como un símbolo del Festival de Teatro del pueblo.

Si Boadella sabrá convertir al apuesto príncipe don Carlo de Verdi en lo que realidad era, un demente intrigante, se sabrá este fin de semana en las tablas. Mientras tanto, la leyenda negra continúa en El Escorial.

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