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Antonio López: “Toda lucha que se prolonga en el tiempo es emocionante”.

5 JUL 2018 - 23:12 CET

Irene Monmeneu/ Fotos: Nacho Calonge

Antonio López es la viva imagen de la pasión. Su profesión y su arte son y han sido siempre el motor de su vida. Según comentó en una conferencia extraordinaria en los Cursos de Verano de la UCM, con la pintura, “su vida se llena de sentido”. El pintor garantizó, satisfecho y todavía ilusionado, que disfruta pintando con “sus luces y sus sombras”.

Un entrañable y seguro de sí mismo Antonio López conmovió a un auditorio lleno. Entre risas, el artista señaló que a pintar, como a torear, “hay que querer meterse”. Aseguró que la pintura es una actividad de riesgo y que cuando alguien se dedica a ella lo hace en carne y alma. Por ello, garantizó que a él le gusta todo el proceso, que va desde la idea que nace en la cabeza hasta la última pincelada sobre el lienzo y el transporte a la galería, pues “toda lucha que se prolonga en el tiempo es emocionante”.

Además, López se mostró rotundo y afirmó que sólo pueden dedicarse a la pintura quienes tienen algo que contar, como él mismo. En este sentido, señaló la razón por la que nunca ha dejado de venerar el arte: porque se mantiene enamorado de sus temas. El galardonado pintor habló sobre la relación amorosa que existe con la pintura y sobre los altibajos y las “obsesiones” que derivan de esa relación: “Mientras exista el vínculo amoroso con el tema no pasa nada, lo pasas mal y ya está”.

Al ser cuestionado sobre “la soledad del taller”, el artista apuntó que su estudio es el mundo, no un taller particular, y eso alivia la soledad. Sin embargo, comentó, cuando ésta le sale a pintar a la calle en busca de compañía, al contrario que uno de los grandes maestros de la pintura al que mencionó repetidas veces a lo largo de la conferencia, Velázquez, que es el paradigma del pintor de taller. “Tener una sintonía con el mundo exterior es básico”, apostilló.

Libertad para el arte

Sobre el arte y los artistas actuales, el pintor cree que ahora se pinta “como se ha pintado siempre”, con la salvedad de que ya no se hace por encargo. Eso otorga al artista una libertad que es “fantástica”, insistió, si se tiene algo que contar. A causa de esta libertad, el arte del siglo XX es, para el pintor, de una riqueza como nunca ha sido.  Por otro lado, López comentó que en el arte moderno cada vez hay “menos manualidad y más concepto” y que además el artista “depende de la fotografía”, por lo que sería impensable crear un arte similar al griego, al egipcio, o a El juicio final, de Miguel Ángel.

“No te puedes poner en camino si no sabes dónde quieres llegar”, es uno de los grandes lemas de Antonio López. Coincidió con su entrevistador en que la pintura “cada vez es más laboratorio”, guiado por la intuición, pero con una cantidad de incertidumbres; sin embargo, es necesario conocer qué guía los experimentos del artista para que el fruto del trabajo sea satisfactorio. El pintor puso de ejemplo su retrato de La familia real, el único retrato de una familia que ha hecho en su vida, para el que tanteó opciones, posturas, distancias y contrastes.

Luces y sombras

Despertando sonrisas entre su público, el pintor de Tomelloso comentó que a él no le gusta dar guerra pero termina inevitablemente dándola. Aunque manifestó que tiene la sensación de que todo lo que ha hecho ha gustado porque se ha entendido, reconoce que ha tenido que convivir con una parte del mundo que “le niega”. Así, habló también sobre sus peores tiempos en la Academia de Bellas Artes, de la que terminó marchando porque creía “que estaba estorbando”.

En la ronda final de preguntas, Antonio López halagó una capacidad “española” de la que se ha servido para cosechar el éxito del que goza. Así, aseguró que parte de la notoriedad del artista español viene porque puede situarse al nivel exacto al que hay que estar para ver los seres vivos tal cual son. En este sentido, para Antonio López, el español tiene la capacidad para entender la realidad y no “deformarla”.

El artista manchego, de 82 años, tras una curiosa lucha con el volumen y el sonido de sus micrófonos, se puso en pie para recibir el aplauso final de su auditorio, impresionado, quizá de nuevo, por su humanidad y espontaneidad.

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