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Amenazas, rupturas, peligros, temores, sobresaltos, pero grandes esperanzas

Victoria Prego analiza los primeros meses de la Transición

1 JUL 2015 - 19:24 CET

Desde la agonía de Franco en 1975 a las primeras elecciones generales en 1977 solo transcurren veinte meses, un periodo que “alumbró” España. La periodistaVictoria Prego, en la primera conferencia extraordinaria de los Cursos de Verano, quiso glosar la primera etapa de la Transición, “un camino cuajado de sobresaltos, amenazas, rupturas, peligros, grandes esperanzas y grandes temores que se desarrolló bajo el manto de la determinación colectiva de todos los españoles”. A pesar de los riesgos y de las provocaciones, el “motor de un régimen en libertades y en paz terminó por imponerse”.

Antes de que los españoles refrendaran la Constitución de 1978, estos veinte meses estuvieron jalonados por dos escenas que, en opinión de Prego, son el paradigma del cambio: una, la de Franco “en una alfombra sangrando y tapado con una toalla amarilla”, y otra que plasma el éxito de la Transición, con La Pasionaria y Fraga juntos en las Cortes.

Prego desveló algunos detalles de la “terrible” agonía de Franco. Con la “inmensa” responsabilidad profesional de los médicos como espada de Damocles, la primera intervención quirúrgica al dictador se lleva a cabo en “condiciones medievales, como si fuera una película de terror”. Como Franco, con una “brutal” hemorragia, no quiere acudir al hospital se habilita un desván en el Palacio de El Pardo como quirófano. Desde su cama, por una escalera angosta, no pueden bajarlo con una camilla y lo envuelven en una alfombra. “Noche cerrada, mes de noviembre, nueve de la noche, un pasillo de respeto y un saludo a una alfombra con un bulto sangrante dentro: el cuadro es de Solana, de la España negra”, apuntó Prego.

“Con el abdomen abierto”

Seguidamente, uno de los doctores tapa a Franco con una toalla amarilla sucia. El doctor Hidalgo se pone a operar. Como no hay luz suficiente, habilitan lámparas de flexo para la operación, pero se funden los plomos y todo se queda a oscuras con Franco “con el abdomen abierto”. Después de una intervención quirúrgica de tres horas, y tras arreglar el electricista de palacio el entuerto, Franco se recupera milagrosamente y lo llevan de nuevo a su habitación. Ahí los médicos ya se niegan a pasar por otro trance así. “Esto es un aguafuerte simbólico de una España moderna pero arcaica a la vez en la que el jefe de Estado de la undécima potencia mundial es operado en un cuartucho cochambroso”, resumió la periodista.

Siguiendo el relato de Victoria Prego, tras la muerte de Franco llega el “enorme” miedo a que pase algo, pero en esos días hay silencio”. Comienzan las batallas y Juan Carlos de Borbón, que, según la prestigiosa periodista, tenía todos los poderes heredados de Franco, al principio estuvo solo y “atado de pies y manos”. Prego enumeró dos pruebas que demuestran la intención de Don Juan Carlos de llevar a España a una democracia plena: una, cuando los entonces príncipes de España visitan Alemania y el presidente de este país, Heinemann, le pregunta qué planes tiene para el futuro y el venidero jefe del Estado le dice que “quiere ser el rey de una república”; y otra, posterior, cuando Don Juan Carlos le encarga al sobrino de Franco que se entreviste con Carrillo. “Se dice que el Rey estaba muy cómodo en este tiempo de Transición… y un cuerno”, alegó Prego.

“Una hazaña de los españoles”

Con la oposición democrática dispuesta a negociar y pactar con los reformistas del régimen, hubo una determinación de “una guerra nunca más”. Victoria Prego volvió a reivindicar en este punto ese periodo histórico: “Unos cuantos dicen ahora que la Transición fue una porquería, pero resultó  una hazaña de los españoles por la que nos tenemos que sentir orgullosos”.

Entre tensiones políticas y sociales, emerge la figura de Adolfo Suárez, que “para sorpresa de los periodistas” es nombrado presidente de “un gobierno de PNN, profesores no numerarios”, tachado así por los críticos por la ausencia de nombres de peso en su gabinete. “Adolfo Suárez es el presidente peor recibido de la historia de España. Le auguraba todo el mundo una historia política brevísima”, apuntilló.

Para Prego, las claves que explican estos veinte meses de la historia de España son la negociación, el acercamiento y el pacto. En este periodo, hay una fecha que marca un antes y un después: el referéndum sobre el Proyecto de Ley para la Reforma Política (15 de diciembre de 1976). Tras el abrumador “sí”, España entra en una fase “de acontecimientos terribles” con secuestros y asesinatos del GRAPO y la matanza de Atocha: “Se extiende el horror y el miedo, buscando que la gente salga a la calle y se enfrente”. No obstante –recalcó Victoria Prego- al final existe la decisión general de no ceder a ninguna provocación.

La legalización del Partido Comunista y sus vericuetos, entre los que destaca la conversación de siete horas entre dos grandes “fumadores”: Carrillo y Suárez, fue otro de los aspectos sobre los que giró la conferencia de Prego, que, con media hora de retraso, pidió disculpas al auditorio con una sonrisa y un sólido argumento: “Tenía una cita con el médico pero el resultado ha sido excelente”.

 

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