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Álvarez Junco demuestra la transgresión gráfica entre hombres y animales

11 JUL 2017 - 14:28 CET

Javier Picos / Foto: Nacho Calonge

“Los seres humanos somos gente muy formal, ordenamos la vida, pero necesitamos transgredir”. Esa máxima, aplicada a la relación que mantenemos con los animales desde el punto de vista de la representación gráfica, la ideó Manuel Álvarez Junco, director de los Cursos de Verano, en su intervención en un curso que versa sobre la “insólita” conexión  entre hombres y animales, dirigido por la veterinaria Paloma Forés.

Para Álvarez Junco, la historia gráfica demuestra que los seres humanos mantienen una doble relación con los animales; por un lado, “los idealizamos y deificamos”, y por otro “los banalizamos” para parodiar la conducta humana. Usando siempre los mitos como una herramienta para “entender lo inexplicable”, los hombres, en su opinión, “somos muy serios y de repente utilizamos el humor”, que no es más que “la distanciación de las desgracias”.

Aun advirtiendo que cualquier obra necesita un contexto que la glose, Álvarez Junco subrayó la “fascinación” general que el mundo animal ha suscitado, desde las pinturas rupestres hasta la animación de Pixar, sin olvidar los iconos que utilizan seres vivos como símbolo de su marca comercial, social, política o deportiva, “a los que también adoramos”.

Sueño, sexo, arte y humor

Álvarez Junco, profesor de Diseño Gráfico, Ilustración y Metodología del Diseño de la Universidad Complutense, manifestó que los hombres intentamos imponer la lógica al mundo pero no nos damos cuenta de “una cosa curiosa: la realidad es otra, también es caos”. Según él, hay cuatro espacios “estancos” en los que escapamos de la realidad: el sueño, el sexo, el arte y el humor.

En un estudio histórico a través de piezas artísticas concretas, el diseñador gráfico aludió a representaciones de animales y hombres con el pene erecto en el arte rupestre y a la humanización animal plasmada por los sumerios. Causó mucho interés entre los alumnos, aunque aquí no se aprecia la relación hombre-animal, la imagen de un cuenco del año 3.200 a.C, que se conserva en el Museo Nacional de Irán, que refleja una cabra en diferentes momentos de un salto. “Esta es la primera animación de la historia, todo estaba ya inventado; lo único que cambia es la técnica”, aseveró el director de los Cursos de Verano.

Las bromas y la sátira política y social, de acuerdo con Álvarez Junco, quedan patentes en el Antiguo Egipto con obras como el papiro León jugando al senet con antílope, en el que mientras estos dos animales están de ocio, otros se llevan las pertenencias del león, y el óstracon del gato ofreciendo un pato a la rata.

Mundos lúdicos

De Grecia, el diseñador gráfico rescató, entre otras piezas, el Kylix ático que muestra un sátiro y un fauno oliendo el culo del otro (siglo V a.C) o Hermes con pájaro posado en su propio pene (450 a.C). El carácter provocador y lúdico de la grafía entre animales y hombres también se refleja en la multitud de bestiarios e imágenes de la iconografía medieval y en los marginalia, anotaciones marginales en los manuscritos que “poco tiene que ver con el texto y que desvelan un mundo paralelo”. Este divertido mundo se materializa por ejemplo en los combates entre caballeros y caracoles, “un misterioso simbolismo” del que queda mucho por dilucidar.

De un manuscrito astrológico árabe del siglo XIII en el que se ve una figura mitad humana y mitad animal que “pelea consigo mismo”, y de diversas manifestaciones de cópula de la América precolombina entre jaguares y sapos, Álvarez Junco llegó, en su recorrido didáctico, a Asia, donde el humor está presente en obras del siglo XIX como Hotei (Saco de Ropa) viendo un combate de sumo entre ratones y La parodia de los gatos, animales “muy lúbricos” en el imaginario de Japón. También mostró El sueño de la mujer del pescador, el conocido grabado erótico de Hokusai, en el que el sexo húmedo entre un pulpo y una joven es tácito.

Lucas Cranach y su panfleto El Papa de Roma, donde el máximo pontífice aparece representado en multitud de partes de animales; William Hogarth, “un grafista que con el tiempo gana”; Goya y obras del estilo de Sabrá más el discípulo; Grandville y su “infinidad de dibujos maravillosos”; Doré y su famoso grabado de Caperucita Roja; y Maurice Sendak y su universo de osos y seres fantásticos, fueron otros de los referentes utilizados por Manuel Álvarez Junco para demostrar la relevancia gráfica entre el hombre y el animal.

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