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La alta presión española busca cantera de investigadores

22 JUL 2019 - 13:38 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

El grupo MALTA agrupa a más de setenta científicos de doce grupos de investigación dedicados al estudio de diversos fenómenos de alta presión desde una perspectiva multidisciplinar. La formación teórica y práctica en esta materia es su norte para consolidar su proyecto. El curso Materia a alta presión, dirigido por Valentín García Baonza y Antonio Castro, director y profesor del Instituto de Geociencias IGEO (CSIC-UCM), respectivamente, tiene un  objetivo claro: atraer a jóvenes estudiantes a los objetivos científicos de MALTA: agua y sistemas relacionados con la vida, sistemas moleculares (propiedades físicas y reactividad química) y estructura, estabilidad y reactividad de los minerales.

Las llamadas escuelas configuran la ruta de MALTA. La actual recoge el testigo de la celebrada hace dos años dentro también de los Cursos de Verano. Por estas nueve citas, incluyendo el congreso internacional de Madrid en 2015, han pasado cerca de trescientos investigadores y alumnos. “Somos una pequeña familia que tiene claro que la alta presión no es difícil, aunque sí entraña dificultades entender todas sus variables”, señaló García Baonza a los alumnos matriculados en el seminario complutense. También los animó a no criticar -“sin perder el espíritu crítico”- las investigaciones en alta presión “porque llevan muchos años y son muy artesanas”.

Según refleja MALTA en su declaración de intenciones, la investigación de alta presión es reconocida como una de las líneas prioritarias en todo el mundo. Imitar procesos y fenómenos similares a los que ocurren en el interior de la Tierra y en otros objetos planetarios es uno de los objetivos de los científicos en este ámbito. Para lograrlo, el equipo de MALTA estudia los materiales en condiciones extremas que involucran nitrógeno, oxígeno, carbono e hidrógeno (materiales NOCH).

En la inauguración del curso, el investigador del IGEO Antonio Castro, que advirtió del “lenguaje propio de los geólogos”, explicó sus trabajos sobre los batolitos de granito, que tienen una amplia presencia en la Sierra de Madrid. “El mejor laboratorio está en la superficie de la Tierra, en rocas que estuvieron a alta presión, pero este hecho tiene que ir emparejado a la experimentación en el laboratorio”, afirmó.

Además de las ponencias generales, el curso incorpora actividades prácticas “sobre los beneficios científicos y tecnológicos” de las altas presiones en la química, la física, la biología, la geología, la ciencia de materiales y la tecnología de alimentos, incluyendo demostraciones, exhibiciones y exposiciones abiertas a todos los participantes del verano complutense.

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