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“La obra de Joaquín Rodrigo no se conoce ni se valora en España lo que se debería”

Entrevista a Cecilia Rodrigo Camhi

18 jul 2019 - 08:21 CET

Ángel Aranda / Fotos: Alfredo Matilla

En la expresión de su rostro se reflejan el amor y el orgullo que siente al hablar de sus padres, Joaquín Rodrigo y Victoria Camhi, más allá de sentimientos filio-parentales. Cecilia Rodrigo Camhi (Madrid, 1941), creció entre pianos y partituras pero terminó dedicándose profesionalmente a la danza clásica, se casó con un músico "porque no podía ser de otra manera” y dirigió una escuela de ballet en Bruselas hasta 1987. Desde entonces dedica su vida a la difusión de la vida y la obra de su padre, uno de los compositores más relevantes de la historia de la música española, a través de acciones como la de su participación en el curso de Madrid Las músicas de Joaquín Rodrigo, dirigido por el catedrático de Musicología de la UCM Javier Suárez Pajares.

P: Teniendo en cuenta que nació en una casa donde se respiraba música por los cuatro costados y que su padre era ya una eminencia en todo el mundo, ¿cómo se desarrolló su infancia?

R: Fue una infancia muy feliz. Desde muy niña fui consciente de que yo tenía que proteger a mi padre; enseguida me di cuenta de que mi padre no era, por su ceguera, como los de los otros niños y eso ha sido como una especie de impresión que me ha quedado toda la vida. Luego fue él quien me protegió a mí y sobre todo el que nos protegió a todos, pero esa sensación de que yo tenía que llevarle de la mano, al revés que los otros padres porque eran ellos quienes llevaban a sus hijos de la mano, me hizo ser consciente de que tenía a una persona excepcional en casa. Luego observé que mis padres no hacían otra cosa que trabajar y trabajar y eso también ha sido un buen aprendizaje para mi vida.

P: Entonces, ¿no le resultó muy duro crecer con unos padres que estaban a menudo en el escaparate público y eran reconocidos siempre allí donde fueran?

R: Viajaban mucho, sí, pero yo me quedaba en Madrid con mi abuela, la madre de mi padre, que por entonces vivía con nosotros. Muchos años después yo también viajaba con mi padre cuando mi madre no podía hacerlo tanto, y he sido testigo de muchas cosas importantes que me han enriquecido y me han formado. Lo que pasa es que ambos eran muy sencillos y muy humildes, por lo que el ambiente de casa era el de una familia normal. Yo he sido mucho más consciente de su trascendencia cuando he salido de casa y he podido comprobar el fervor, la admiración o el cariño de quienes les rodeaban, así como de que en el mundo de la música mi padre era uno de los grandes, pero dentro de nuestro entorno era un ambiente muy normal y muy modesto.

P: La obra de Joaquín Rodrigo es conocida en todo el mundo, principalmente gracias a “El Concierto de Aranjuez”, ¿es también su obra favorita?

R: Yo es que varío. Hay unos días que me gusta más una obra y hay otros que me paso el día escuchando otra, pero mi favorita no es especialmente “El Concierto de Aranjuez”. No tengo realmente una obra de mi padre preferida; lo que sí reconozco es la belleza de esas obras, la originalidad. Yo creo que Joaquín Rodrigo es autor de tanta belleza que no se le puede catalogar solo por una obra.

P: A propósito del Concierto de Aranjuez, ¿Cómo reaccionó su familia cuándo pudo escuchar la versión que hizo de esa obra otro grande de la música como fue Paco de Lucía?

R: Mi padre no dijo mucho, porque era un hombre muy prudente y no hubiera dicho nunca nada de nadie. Pero le gustó mucho, le aplaudió y le abrazó. Y sí que somos conscientes de que el intérprete afecta muchísimo a una obra y Paco de Lucía era un intérprete diferente a los demás. Era un grandísimo guitarrista de flamenco; él aportó su visión y enriqueció la obra, pero eso no quiere decir que la obra fuera escrita como la tocaba Paco de Lucía. Mi padre reconoció el valor de que Paco de Lucía no sabía solfeo, no sabía leer una partitura; entonces creo que se cruzaron dos genios porque mi padre escribía en Braille, algo extraordinario y único en el mundo.

P: ¿Qué labor ejerció su madre, la pianista Victoria Camhi, en el desarrollo de la obra de Joaquín Rodrigo?

R: Yo creo que fue su más asidua colaboradora y él fue muy consciente de ello, siempre decía que si no hubiera sido por ella no habría podido trabajar y llegar hasta donde pudo hacerlo. Le ayudó mucho en todas aquellas obras que tienen texto o en las que tenían escena, como las de ballet o las de zarzuela. También en numerosas canciones en las que, o bien ella hacía la letra, la traducía a numerosos idiomas o la cantaba. Mi madre también le ayudó como correctora de sus partituras, porque al pasarlas del Braille, el copista cometía faltas; se sentaba al piano con él y repasaban nota por nota otra vez para corregir, o sea que el proceso era arduo.

P: Joaquín Rodrigo estuvo vinculado a la Universidad Complutense durante 40 años, ¿cómo recuerda aquella época?

R: Esa era para él una de las actividades más importantes que hacía, junto con la composición. Mi padre tenía un enorme amor a esa labor docente; era muy querido por sus alumnos y su paso por la universidad es histórico porque fue el primer profesor de música de esta universidad. Yo asistí a sus clases en alguna ocasión en el Paraninfo y era muy ameno, muy divertido.

P: ¿Cree que la labor de Joaquín Rodrigo está lo suficientemente reconocida en España o se ha valorado más fuera de su país?

R: Ya sabemos que en España no valoramos lo que tenemos, en ninguno de los aspectos. La obra de Joaquín Rodrigo no se conoce ni se valora en España lo que se debería.

P: ¿Tendría que estudiarse en los institutos de secundaria o en las propias universidades?

R: Yo empezaría por los conservatorios, que es donde se aprende la música. A veces me quedo atónita cuando en los conservatorios españoles no se conoce una nota de Joaquín Rodrigo; cuando los músicos españoles salen de España es cuando se abrazan a su música. Por supuesto se debería estudiar en los colegios y en las universidades porque me he encontrado a gente en la calle que sabe, que valora, pero sin que nadie les cuente nada. Pero es general, yo creo que es un mal endémico que ya es hora de que empecemos a cambiar. Porque la cultura vale, aunque yo creo que a veces se cree que la cultura cuesta, y la música española no queda a la zaga de la de otros países, donde se valora mucho la buena música española, no toda la música española.

P: Con unos progenitores como los suyos, parece inevitable que usted se decantara en su vida profesional por las actividades artísticas, ¿Por qué la danza clásica?

R: Mis padres me sentaron al piano cuando era una niña, pero me escabullí cuando pude. Sí es verdad que me vi muy influenciada por la danza porque a mi casa venían muchos bailarines y a mí aquellos artistas me atraían muchísimo por encima de intérpretes, pianistas o cantantes. Empecé a estudiar y poco a poco pude entrar en la Ballet School de Londres, que sigue siendo una de las mejores escuelas de ballet del mundo. Mis padres me decían que hiciera lo que me gustara pero que lo hiciera bien. Luego me casé con un músico, porque no podía ser de otra manera, Agustín León Ara, violinista de renombre internacional, y nos trasladamos a Bruselas donde me seguí formando.

P: Ahora preside la Fundación Victoria y Joaquín Rodrigo, ¿Cuáles son los principales objetivos de esta institución?

R: En 1989 mis padres y yo decidimos crear la editorial Ediciones Joaquín Rodrigo. La mayoría de las obras de mi padre estaban cedidas a otros editores, pero conseguimos que nos revertieran esas obras a nuestro catálogo. Yo aprendí de mis padres cómo querían que se editaran, se protegieran y se difundieran esas obras. Cuando fallecieron los dos, yo creé la Fundación que tiene como objetivo la protección y la difusión de la música y la vida de ambos. Siempre hemos tenido mucha actividad para llevar lo más lejos posible la vida y la obra de dos seres excepcionales, con un material didáctico e informativo que ponemos a disposición de todos. La difusión de la obra de un gran español como Joaquín Rodrigo no debería ser cosa mía, sino del país, de las universidades, de los conservatorios o de los intérpretes. Nosotros entregamos premios en numerosos concursos internacionales y damos becas y ayudas cuando podemos, porque creo que no solo hay que solicitar, sino que también hay que aportar.

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