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Martínez Mojica, el revolucionario microbiólogo, rinde tributo a la investigación básica

19 jul 2017 - 18:49 CET

Javier Picos / Foto: Nacho Calonge

“Los microorganismos nos parecen insignificantes; sólo nos acordamos de ellos cuando producen enfermedades y no nos damos cuenta de que nos han proporcionado muchos beneficios”. De esta manera terminaba su conferencia extraordinaria uno de los investigadores españoles más reconocidos en todo el mundo: el microbiólogo Francisco Martínez Mojica. Este homenaje a las bacterias, cuyo sistema inmunológico ha sido la base para encontrase con la “inesperada sorpresa” de los sistemas CRISPR -un hallazgo revolucionario que abre las puertas al estudio, la prevención y la cura de enfermedades infecciosas y trastornos genéticos-, sirvió a Martínez Mojica para a su vez loar la investigación básica “que busca el conocimiento en sí mismo” y no sigue una línea de investigación determinada.

De esta forma, el microbiólogo ilicitano valoró, más que el “eureka” que luego derivó en la técnica CRISPR, la propia esencia de esa investigación básica “de muy alta calidad que no se reconoce hasta que no llega a esas aplicaciones”.

Ante el rector de la Universidad Complutense Carlos Andradas, que le recordó cómo empezó en las salinas de Santa Pola investigando con bacterias resistentes a ese ambiente hostil que le ha llevado en el presente a desarrollar técnicas para salvar vidas, Martínez Mojica planteó su conferencia de un modo divulgativo, plena de humor –“me alargo, pero es que esto resulta una maravilla”- pasión y guiños hacia los medios de comunicación: “Estoy de acuerdo con el titular de El futuro de la ficción genética ya está aquí. La rápida expansión de la técnica CRISPR vaticina un salto cualitativo en terapia génica” (El País, 19 de noviembre de 2016).

La bondad de CRISPR

Pero, realmente, ¿qué son los sistemas CRISPR? Martínez Mojica, profesor de la Universidad de Alicante, empezó la explicación dando un “repaso” a la biología. Las bacterias son procariotas y su información genética no está encerrada en un núcleo sino que “nada” en el citoplasma. El ADN  es como un texto en el que se suceden las letras A, C, G y T, “en dos réplicas de una misma frase con millones de esas letras”. Cuando se representa un fragmento del ADN de estas procariotas, nos encontramos con que en el 50% de este genoma hay palabras de 30 letras que se repiten de una forma “peculiar”. Estos patrones “regulares” de disposición de estas palabras están separados por “espaciadores”. Según los argumentos del microbiólogo, estas regiones de las repeticiones CRISPR, los espaciadores, las copias que generan ARN -“pequeñas frases que se mueven por la célula”- y los genes “cas”, que producen unas proteínas determinadas, conforman el Sistema CRISPR, de defensa inmunológica, que genera unas herramientas que, con el mismo nombre, llevan a una tecnología “que puede transferir algunos de los componentes de este sistema incluso a células humanas”.

Ante un auditorio entregado, Martínez Mojica subrayó que sus primeras investigaciones datan de 1993, con su tesis doctoral, cuando quería “aprender los mecanismos de regulación y adaptación a la alta salinidad de unos organismos procariotas amantes de la sal”. Tras una larga etapa “dando palos de ciego”, el científico de la Universidad de Alicante y su equipo descubrieron en 2005 el origen de estas regiones espaciadoras entre las repeticiones y vieron que las bacterias tienen “memoria” sobre el material genético de otra bacteria y de un virus invasor. Simplificando, el sistema de inmunidad adquirida se asemeja a la toma de una imagen, al reconocimiento de la misma y la destrucción del individuo que coincide con esa “fotografía” almacenada previamente.

Célula mosqueada

Este hallazgo abre las puertas a la prevención de enfermedades. Además, con los avances en la investigación de otros científicos en este campo, y gracias a estas herramientas CRISPR, se puede editar el genoma, reescribiendo o bloqueando información. Introduciendo una “guía” de la región que se quiera editar y unas “tijeras moleculares” donde se quiera cortar, “provocamos que la célula se mosquee y active un sistema de reparación que da lugar a cambios aleatorios”. Si se introduce la guía, la tijera y una región de ADN, “va a actuar otro sistema de reparación que permite llevar cambios más controlados”. Así, los CRISPR son unos mecanismos “eficaces, precisos y fáciles de programar”.

Martínez Mojica añadió que, en definitiva, “puedes llevar una proteína a cualquier lugar del genoma y una vez allí puedes editarlo, controlar la expresión genética e incluso visualizar diferentes regiones del genoma”.

Estos mecanismos abren un futuro prometedor en la prevención de la salud humana. Todo gracias a la investigación básica, a las bacterias y a la productiva curiosidad de un científico. 

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