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José Álvarez Junco asocia la religión con el origen del concepto de nación

Publicado el 17/07/2017 a las 19:49 horas

Texto: Ángel Aranda / Foto Nacho Calonge

Para el historiador José Álvarez Junco, el cisma que provocó Lutero en la iglesia con la expansión de su doctrina, tuvo mucho que ver en los mapas de Europa que se dibujaron a partir del siglo XVI y que en buena medida supusieron las bases en la creación de las naciones modernas que conocemos hoy. Así, para el catedrático emérito de Ciencias Políticas de la UCM, tras la división del Cristianismo entre protestantes al norte del continente y católicos ubicados más al sur, se van configurando nuevas identidades culturales en torno a las propuestas religiosas que con el tiempo acabarán desembocando en comunidades unidas por lenguas y culturas comunes.

Álvarez Junco, que participó en el curso 500 años de la Reforma: Lutero y la modernidad en Europa, dirigido por el profesor de la Universidad Complutense José Luis Villacañas, se basó en las teorías del especialista en nacionalismos Benedict Anderson, recogidas en su obra “Comunidades imaginadas”, para explicar que las primeras comunidades se constituyeron en torno al culto a un dios o a unos dioses comunes, por lo que el factor primigenio de unidad en este sentido fue la religión, como ocurrió mucho tiempo después tras el cisma luterano.

Otro de los factores que a juicio del escritor contribuyó a los orígenes de las naciones confluyendo con la religión, fue la invención de la imprenta, que durante los siglos XVI y XVII tuvo un papel esencial en la difusión de las ideas. A partir de entonces, explicó Álvarez Junco, empezaron a venderse biblias en alemán y en el resto de lenguas dominantes en Europa, y a partir de ahí “todos estos grupos que siguen el Cristianismo en distintas versiones tienen un sentimiento de pueblo elegido”, apuntó.

Además el escritor incidió en que a la edición de la biblia se fue sumando la publicación de otros libros, creándose al mismo tiempo “literaturas nacionales” con escritores y héroes adscritos a territorios determinados, como Shakespeare en Inglaterra, Cervantes o Lope de Vega en España, entre otros muchos, con lo que “la literatura se nacionaliza”, explicó el profesor.

Por otra parte, según Álvarez Junco, tras la paz de Westfalia, que puso fin a la Guerra de los 30 años a mediados del siglo XVII, la idea de nación fue recorriendo un camino ascendente en el que fue cobrando importancia la figura de los monarcas frente a la religión, ya que son los propios reyes en algunos casos quienes ostentan la cabeza de la Iglesia, sobre todo en el caso de aquellos territorios fieles a la doctrina protestante que iniciara el propio Martín Lutero.

Ya en el siglo XVIII, a juicio del catedrático, el proceso y la idea de nación alcanzó un punto álgido con las tesis del filósofo francés Jean-Jacques Rousseau, quien, recordó Álvarez Junco, sostenía que “no somos individuos frente al poder, sino comunidades frente al poder y lo que impera es la voluntad general”. Además, el historiador señaló el Romanticismo como el final del proceso, porque en este movimiento se recogía que “los pueblos tienen un alma, una manera de ver el alma y una forma de expresarla”, un pensamiento que termina derivando en “el concepto de nación”, explicó Álvarez Junco. 


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