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Cisneros, un hombre de acción adelantado a su tiempo

13 jul 2017 - 14:34 CET

Javier Picos / Foto: Nacho Calonge

500 años después de su muerte, el legado del Cardenal Cisneros sigue vivo. Aparte de la creación de la Universidad Complutense o la Biblia Políglota o la conquista de Orán, Cisneros resulta capital en el devenir de la historia de España no por reducirse a plantearse cambios en diferentes campos de la cultura, la política o la religión, sino por llevarlos a cabo.  “Es un hombre de acción, no de reforma de gabinete, que no sólo dice que hay que arreglar cosas, sino que también las arregla con su poder y dinero. Él no dejó discursos, dejó hechos”, comenta José María de Francisco, profesor de Ciencias y Técnicas Historiográficas y de Arqueología de la Universidad Complutense, que dirige un curso sobre esta relevante figura.

Como “hombre medieval que quiere innovar y ayudar a la gente”, Cisneros idea pósitos contra la hambruna y un sistema de impuestos más justo, protege la devoción popular, quiere reformar al clero y crea la milicia urbana de la Gente de Ordenanza. Incluso en 1499 nombra a la primer mujer párroco y plasma los libros de bautismo como arzobispo de Toledo, sesenta años antes de que lo recogiera el Concilio de Trento.

“Él no se perdía en disquisiciones; era plenamente consciente de lo que había que hacer. Era un hombre de Estado, no un político”, opina De Francisco. Con sus ideas “claras y modernas al servicio del Estado”, el investigador complutense resaltó la capacidad de Cisneros para defender a Fernando el Católico frente a la “locura” de la nobleza y para denunciar la esclavitud de los primeros indígenas, que había más bien que evangelizar y educar. “Cisneros no era un cardenal Mendoza, que pertenece a una clase, sino un hombre solo que podía decirle al rey, al pueblo o a la nobleza cosas de verdad. No buscaba nada para sí mismo”, señala De Francisco.

Cisneros, en opinión del profesor complutense, pudo aplicar lo que pensaba y denunciar la corrupción de la época porque “no tenía ataduras económicas”. Con “su ejemplo de austeridad”, Cisneros invierte su dinero en hacer realidad lo que, en otros gobernantes y personalidades, queda en aguas de borrajas.

Miguel Ángel Ladero, miembro de la Real Academia de la Historia y ponente del curso Cisneros: fundador, reformador e innovador,  apeló a la honradez política y la visión de Estado de Cisneros “más allá de circunstancias inmediatas o de intereses de grupo concretos”. Ladero también resaltó de él "su religiosidad personal y su deseo de vivir un cristianismo más auténtico y profundo”.

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