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Crónica de un AMOK en ocho unidades policiales

5 jul 2017 - 23:42 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

La Policía Nacional organiza su simulacro anual en el Parque de la Bolera de San Lorenzo de El Escorial, dentro del curso Seguridad y desarrollo económico, coordinado por la Fundación Policía Española. El ejercicio les sirve a estas Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado a coordinarse de una forma adecuada cuando se produce un atentado terrorista. En esta ocasión, recrean la respuesta ante una situación catalogada como AMOK, “un incidente con personas armadas que matan indiscriminadamente”.

Elisa Rebolo, portavoz de Policía Nacional, explica, antes del simulacro, que estas acciones de entrenamiento cumplen el objetivo, aparte de aunar el esfuerzo de diferentes unidades de la Policía, de acercar el Cuerpo a la ciudadanía. De hecho, después de la recreación, muchos sanlorentinos, móvil en ristre, se hacen autofotos con los policías.

En esta acción, la explanada del Parque de la Bolera simula ser un aeropuerto donde tres terroristas asesinan a ciudadanos y toman rehenes bajo el grito de “Vamos a matar a todos”. Tras la confirmación de un incidente AMOK por parte de un helicóptero que sobrevuela el Real Sitio, seis miembros de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) –compuesta por 72 grupos operativos en toda España distribuidos en 45 plantillas de 2190 policías en total- se despliegan con un avance rápido, consiguiendo reducir al primer terrorista. Después de su detención, un comando GEO, la unidad de élite de la Policía Nacional, se encarga de liberar a los rehenes y reducir a los otros dos terroristas. Falla la detonación de la puerta del cobertizo donde los esconden, así que la derriban a la antigua usanza.

Bombas trampa

Una vez que los secuestradores están neutralizados, un perro de la Unidad Canina corre hacia una mochila y después de olerla, se sienta a su lado. Esta señal confirma la existencia de un explosivo. Es el turno del TEDAX-NRBQ (Técnico Especialista en Desactivación de Artefactos Explosivos). Primero, un robot con un movimiento “preciso” de propulsión detona la carga; después, un policía de esta unidad con un traje especial de entre 40 y 80 kilos de peso, comprueba con una pértiga que no hay una nueva bomba trampa. Con un gesto amplio del brazo, avisa para que entren en escena los miembros de la Unidad de Subsuelo, que registran una alcantarilla adyacente valiéndose de una especie de cinturón de seguridad y un torno para evitar caídas.

La Policía Científica, unidad creada en 1911, concurre al simulacro. Establece un perímetro en torno a los “cadáveres” y los restos de la mochila-bomba, y toma huellas y muestras del cuerpo y del entorno. A diferencia de otros países, la identificación de fallecidos en España es rápida por el eficaz banco de datos de DNI. Las fases de este proceso son: levantamiento, ante mortem (información a los familiares de la persona asesinada), post mortem e integración, donde la información obtenida en los pasos anteriores se cruzan.

La Unidad Central de Fronteras cierra la recreación. Ejercicio concluido. Un matrimonio fija su mirada en uno de los “fallecidos” del simulacro, que se incorpora lentamente. “Pobrecito”, dice él. “Bueno, ojalá esto nunca sea real”, dice ella.

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