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Los Príncipes del Vallenato se llevan de parranda a Gabo y Samper

5 jul 2017 - 00:01 CET

Javier Picos / Foto: Nacho Calonge

Gabriel García Márquez, el medio siglo de Cien años de soledad, el humor y la oratoria del periodista Daniel Samper Pizano, y la música de Los Príncipes del Vallenato transformaron una tarde plácida en una noche canalla y popular. Este universo colombiano invitó a todos a irse de parranda desde el parque de la Bolera a los garitos y antros de las calles de San Lorenzo de El Escorial.

Samper y Los Príncipes mezclaron palabra y notas en una original conferencia musical basada en la definición que el escritor Gabriel García Márquez, Gabo, hizo de su obra más universal: “Cien años de Soledad es un vallenato de 350 páginas”. Macondo, el pueblo de la novela, desprende una estela literaria que conecta con un género musical que surge de la unión de razas y ritmos del Caribe colombiano. Incluso personajes como Francisco el Hombre, “un anciano trotamundos de casi 200 años”  se asoma a las páginas de Cien años de Soledad “divulgando las canciones compuestas por él mismo”. Crónica, amor, instrumentos… todo abrazado en este arte del pueblo.

Según el relato de Samper Pizano, interrumpido por los acordes de Los Príncipes, Gabriel García Márquez y Rafael Escalona, el rey de los vallenatos, nacieron en 1927. Gabo escribió por primera vez del vallenato en 1948, y en 1949 seguramente conoció al compositor en alguna parranda en Barranquilla, al que se refirió en 1950. Por esas fechas, el escritor se citó con Escalona en un  café; llegó más tarde que él, pero cantando El hambre del Liceo, un vallenato de Escalona, apenas difundido en aquel momento y que trata sobre las “lamentables” condiciones alimenticias de los estudiantes internos en un liceo. “Salgo de Santa Marta, cojo el tren en la estación”… la letra exhalada por los instrumentos del grupo musical acompañaron la historia de Samper Pizano: “Aquí se dibuja el tren, la zona de los platanales y la trashumancia de Cien años de Soledad”.

Cantinas y ferias

Realmente, el vallenato, de acuerdo con el maestro de ceremonias, es una muestra del pueblo bajo, la música que se tocaba en las parrandas “a caballo de mulas”, la de las ferias, “la que sonaba en las casas de putas y cantinas, pero no representaba la música de los blancos; ellos bailaban el vals”. Desde hace más de 150 años, el vallenato ha marcado el latido de Colombia con las raíces europeas del acordeón, la impronta africana de la caja y la aportación indígena de la guacharaca. Su semilla popular ha germinado en un estilo que en los últimos años ha dado el salto a todo el mundo.

Los príncipes también interpretaron el merengue del General Dangond, también de Escalona, una crónica de un general que se dispone a librar su última batalla: la conquista de una mujer de Molina; este tema es “muy macondiano”. No faltó tampoco el reconocido tema de Chico Bolaños de “Santa Marta tiene tren, Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía…”.

Tras sonar los acordes de Mercedes, la canción favorita de la esposa de García Márquez, Mercedes también para más señas, Daniel Samper Pizano se detuvo en la figura del acordeonero del vallenato, el que lleva la voz de mando en la formación y el “menos recomendable” de los músicos por su historial crápula. A esta figura le dedicaron desde el escenario una rápida puya musical de acordeón.

Déjame gozar la vida

Alguna queja del público suscitó la interpretación de La celosa, de Sergio Moya Molina, que refleja, según el periodista colombiano, una sociedad matriarcal que convive con el machismo y el sentido del humor. El libertinaje del marido y sus sinceridad con su mujer queda patente en la letra: Negra, no me celes tanto; déjame gozar la vida o yo vuelvo a casa completito.

Como guinda a la actividad cultural de los Cursos de Verano, Los Príncipes y Daniel Samper Pizano aludieron y dieron vida escénica a tres piezas de reconocimiento a Gabriel García Márquez: El vallenato Nobel, donde Escalona narra la parranda musical en la “aburridísima” corte real sueca; la cumbia peruana Macondo, de Daniel Camino; y La canción de la diosa coronada, de Leandro Díaz, relacionada con un fragmento del epígrafe de El amor en tiempos de cólera, de García Márquez.

El mismo Felipe II, “tan serio y aburrido, se quedaría extrañado” escuchando este guirigay colombiano de Gabo, Escalona y Los Príncipes del Vallenato (William Alfonso Roca, Álex Flores, Álvaro Llorena, Edward Molina y Felipe Bahamón). La ironía final fue de Daniel Samper Pizano.

 

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