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La irresistible presencia de un monstruo y su creadora

De Cuenca, Barceló y Mallorquí pasean con Frankenstein y Shelley

3 jul 2017 - 19:20 CET

Javier Picos

Un alumno cerró las ventanas de una de las aulas del María Cristina. Oscuridad y menos calor. Nada que destacar, pero dentro se celebraba la primera mesa redonda del curso Los espejos del monstruo: 200 años de Frankenstein, dirigido por el escritor y periodista Ricard Ruiz Garzón, y el ambiente era propicio para Frankenstein, pero podría provocar arritmias en los corazones de los alumnos y ponentes. Así que el mismo alumno no arriesgó y abrió las contraventanas para alivio de los presentes. Y entró de nuevo la luz.

Los escritores Luis Alberto de Cuenca, Elia Barceló y César Mallorquí también alumbraron el seminario con sus palabras y los libros que iban depositando sobre la mesa de operaciones – no hay que olvidar que la terminología del monstruo de Mary W. Shelley impregnaba todo-.

El filólogo y poeta Luis Alberto de Cuenca leyó en el pasado la obra en la colección de Crisol. Mientras enseñaba un minúsculo ejemplar de esta mítica serie de libros, una cuarta edición de 1964, comentó que a partir de los 11 años se puede leer Frankenstein, que “no es un gran novela, pero tiene un encanto irresistible para todo tipo de públicos”. A su juicio, la falta de calidad literaria de Frankenstein tiene que ver con que realmente no rompe con la tradición de la novela gótica del momento. No obstante, él “se lo pasó bomba” asomándose a las páginas de este libro “apreciable e interesante”, cuyo origen  se remonta a la noche del 15 de junio de 1816 en villa Diodati, en los alrededores de Ginebra, y con muy mal tiempo.

Además de hacer referencia a The annotated Frankenstein, de Leonard Wolf; a Relatos espectrales en Villa Diodati; y a algún episodio que otro de la Semana Internacional de Cine Fantástico y de Terror de Estepona, en la que compartió confidencias con Juan Manuel de Prada y Paul Naschy,  como las tres vías por las que conoció aún más a Frankenstein, Luis Alberto de Cuenca recordó que Frankenstein o el moderno Prometeo, del que se cumplen doscientos años de su escritura, se encuadra en una corriente que comienza con la Revolución Francesa en la que “los dioses ya no son tan importantes; estamos ya solos ante el caos, ante un destino azaroso, la ciencia es lo único que puede suplir la religión perdida”.

Por su parte, César Mallorquí, escritor y Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, se centró en la figura de María Shelley, que, “se dio cuenta del protagonismo que iba a tener la ciencia en el futuro”. En consonancia con esta idea, Luis Alberto de Cuenca señaló que Shelley recogió en un libro ese cambio que estaba ya en la calle. Enfrente de sus colegas, Elia Barceló defendió que, aunque la ciencia es un asunto central en Frankenstein, Shelley, una chica joven que está “liada” con un hombre casado, “se agarra a una novela enormemente emocional”.

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