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Microscopía electrónica, o cómo llegar a ver un garbanzo en la superficie de la Luna

El profesor González Calbet explicó las ventajas de las lentes electromagnéticas

6 jul 2016 - 20:14 CET

Ángel Aranda / Foto: Nacho Calonge

Desde analizar el material utilizado en la elaboración de un cuadro pintado hace varios siglos para determinar su autoría, hasta convertir el alcohol en gasolina con el consiguiente ahorro y mejora para el medio ambiente, además de otras muchas aplicaciones conducen a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Las ventajas que ofrece la microscopía electrónica de transmisión son innumerables en la investigación de campos como la energía, la salud, la farmacología o el medio ambiente, entre otros muchos, gracias a algo aparentemente tan simple y a la vez tan complicado como lograr ver cómo están colocados los átomos en los diversos materiales.

El profesor de la Facultad de Ciencias Químicas de la UCM, José María González Calbet, que dirige el curso Microscopía electrónica de transmisión: más allá de la frontera de la resolución atómica, explicó que mientras los microscopios ópticos utilizan luz y lentes de vidrio, los electrónicos se sirven de lentes electromagnéticas y la luz que utilizan es un haz de electrones. Según el investigador, cuando ese haz de electrones atraviesa una muestra, con una lente electrónica se puede ampliar y ver distancias mucho más pequeñas, por debajo de un ángstrom, unidad de longitud que equivale a la diezmillonésima parte de un milímetro. Para los menos familiarizados con la materia, el profesor recurrió a una analogía: “Es como si tuviéramos unas gafas tan potentes que nos permitieran ver un garbanzo en la superficie de la Luna”.  

Lo que se intenta con estos aparatos es lograr ver columnas de átomos aislados en una materia para alcanzar a entenderla. “Cuando esto lo llevamos a un material, por ejemplo a una batería de litio, podemos entender mejor su comportamiento y llegar a mejorarlo, por lo que en lugar de enchufar las baterías todos los días lo haremos una vez al mes con el ahorro que eso supone”, señaló el científico.

El uso de polímeros y plásticos, automoción, industria metalúrgica, caracterización de pinturas en museos, anatomías patológicas, industria aeroespacial, placas solares… Las aplicaciones de la microscopía electrónica son efectivas en casi todos los campos y los beneficios son notorios para las empresas y las administraciones, de las que se requiere por parte de la comunidad científica un mayor compromiso de inversión en este campo.  

Otro de los usos más comunes de estas técnicas es el de su aprovechamiento para los combustibles que utilizan los vehículos. Entender cómo están colocados los catalizadores de tres vías, que son los que utilizan los coches, permite mejorar en gran medida su comportamiento y por tanto obtener un mejor rendimiento a la hora de reducir el impacto ambiental del uso de los medios de transporte.

“En la Universidad Complutense hemos podido instalar el microscopio más potente del mundo en cuanto a resolución, con el que podemos ver distancias de hasta 0,5 angstroms, que es la distancia más pequeña que se puede ver”, subrayó el profesor. Además González Calbet, que también es director del Centro Nacional de Microscopía Electrónica (ICTS), aseguró que “nosotros hacemos ciencia para mejorar el conocimiento, para mejorar la calidad de vida. Hay que seguir apostando por ello, para que haya personas capaces de manejar estos microscopios, de interpretar los resultados que se obtienen con ellos”.  

 

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