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A la búsqueda sobria de las voces del pasado

El historiador Santos Juliá inaugura la 29ª edición de los Cursos de Verano

28 jun 2016 - 00:54 CET

Javier Picos / Fotos: Nacho Calonge

Todo el mundo puede mirar atrás. Realmente, “nadie puede aspirar a tener la exclusiva de acercarse al pasado”. La novela del siglo XIX, los poemas, el cine, las series de televisión, la Historia o la memoria, en el sentido de recordar lo que ocurrió como un “alimento del sentido de la vida en el presente”, pueden tratar ese ayer.

Los historiadores, “esa gente patológica que dedicamos nuestro oficio al pasado”, siguen reivindicando su papel a la hora de adentrarse en el pasado. “Esa pasión por conocer es lo que define a este profesional; esa pasión no está dedicada a la gloria o la condena de unos y otros”.

Las tesis, las ideas y las opiniones del historiador Santos Juliá conformaron una de las inauguraciones con mejor hilo conductor de todas las que jalonan los 29 años de Cursos de Verano de la Complutense. En el Real Centro Universitario María Cristina, Juliá, Premio Nacional de Historia de 2005, se consideró  partidario de un conocimiento del pasado “austero y sobrio que no se ponga al servicio de ninguna causa; es el camino que nos abre más las perspectivas del futuro para convivir en el presente”.

Considerando que el relato de la realidad pasada tiene ribetes personales, el historiador gallego se enmarca en una línea profesional que pretende contar cómo sucedieron las cosas; “lo que importa es que las voces del pasado controlen la narración, que haya una interpretación sostenida con hechos documentales”.

Ahí entra el papel de la memoria, entendida como una expresión colectiva que construye narraciones del pasado que se transmiten de generación en generación. Esta mirada, según Juliá, “destinada expresamente para reforzar la identidad del pasado”, ha llegado a hacer “sonar las alarmas” entre los historiadores. En una encendida defensa de su profesión, el autor de Nosotros los abajo firmantes. Una historia de España a través de manifiestos y protestas, 1896-2013 consideró que la historia es la indagación “y la indagación a veces te lleva al descubrimiento de que los tuyos también pueden ser asesinos o violadores de derechos humanos como a los que llamamos otros”.

En esa línea, Santos Julia reivindicó la figura de Herodoto, que sale de su casa, abandona el espacio familiar y el tiempo que le toca vivir y se va a un territorio que no es el suyo, donde investiga las huellas de lo que ocurrió entre griegos y persas. Este es el grupo de historiadores que se acerca al pasado de una manera “exigente” al que quiere pertenecer Santos Juliá. De igual manera, Hartley en su libro El mensajero se refirió al pasado como un país extranjero, extraño. Es ahí, donde se mueve como pez en el agua Juliá.

En su conferencia inaugural, el prestigioso historiador, haciendo acopio del Diccionario de Autoridades, del siglo XVIII, enfrentó la ya citada memoria histórica-colectiva-cultural a la memoria personal o autobiográfica, que se refiere “no tanto al hecho sino a la experiencia de ese hecho”, aunque esta última memoria pueda cambiar con el tiempo. A este segundo tipo de memoria pertenece el recuerdo de dónde estábamos ante un acontecimiento tan significativo como el asesinato de Kennedy.

Los Cursos de Verano también fueron objeto de las disquisiciones de Santos Juliá, una fórmula renovada que trajo la República española y que se tradujo en los motores de pueblo educado y élites intelectuales. Manuel Álvarez Junco, director de los seminarios complutenses, definió el acontecimiento cultural que coordina como un espacio “absolutamente lúdico y de reflexión con afán de transversalidad e internacionalización”.

Después de la intervención de Pedro Alonso, director de Santander Universidades España, que incidió en la presencia educativa del patrocinador general de los Cursos con más de 1.250 millones de euros invertidos en proyectos universitarios y académicos, Carlos Andradas, rector de la Complutense, recordó que la actualidad es uno de los pilares de la 29ª edición de los Cursos porque la universidad no puede ser ajena a los problemas de la sociedad actual. Además, el verano en San Lorenzo de El Escorial, provoca un interesante análisis del pasado, presente y futuro que “surge del roce con otras inteligencias”.

Tras las palabras que abrieron los Cursos de Verano, los asistentes se dieron cuenta de que España estaba fuera de la Eurocopa de fútbol y de que todavía es incierto un futuro gobierno en el día después de las elecciones generales. Pero la memoria inmediata parecía no importar tanto. 

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